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A puro remate

Obra y vida deportiva de Martín Furesi, el mejor voleibolista lobense que se codeó entre los grandes e hizo historia en Neuquén.

Por Tomás Gianandrea*
Recibir, armar y atacar. Una y otra vez hasta vencer. Como en la vida, así es el voley. Un deporte que se empieza a jugar desde abajo, desde los pies, pasando por la cabeza y terminando en las extremedidades superiores del cuerpo, en las manos, esa arma de doble filo para acariciar la pelota y que sea gloria o nada.

Un juego de situación, de concentración máxima que en cada jugada, en cada ataque-defensa pide una resolución rápida, distinta y efectiva. Y quien mejor lo entendió en Lobos fue Martín Furesi, que trascendió no solo en el medio local sino también brilló a nivel nacional.

Los mejores momentos de la vida están llenos de sorpresas, son producto en su mayoría de lo inesperado, de lo impensado y así fue la carrera del “Fure” en el Mundo del voley. A los 13 años comenzó a practicar en el CEF 105 de Lobos sin imaginar lo que el destino le tenía preparado una vez que terminara el secundario. Poco a poco se fue apasionando con el voley hasta tomarlo como un medio de vida.

El primer gran salto lo dio a los 19 cuándo disputó su primera Liga Nacional para la Universidad de Buenas Aires UBA, equipo donde empezó a jugar en Capital Federal cuando se fue a estudiar la carrera universitaria de Contador Público (no terminó), pero la sorpresa fue aún mayor porque en su primera experiencia también disputó la final aunque sin gloria ya que la UBA caería 4-1 en la serie frente al conjunto de Rojas Scholem, en la temporada 2001-02.

Con la derrota como experiencia pero con mucho camino por recorrer, y tras un breve paso por el equipo Ciudad de Buenas Aires, el “Fure” se la jugó en serio, apostó y decidió cambiar de aire en grande para vivir su mayor alegría dentro del voley. Se mudó al Sur del país para jugar en el equipo neuquino de Gigantes del Sur en la Liga A2 y así en la temporada 2004-05 lograr el ascenso a la A1 tras vencer 3-1 en la serie final a Boca Juniors. “Gracias al voley conocí muchos lugares y personas excelentes”, recordó Martín, quien también jugó en Estrella de Maldonado.

“El voley en mi vida significa una pasión indescriptible. Es un cable a tierra”, señala el Fure, quien desde hace 3 años trabaja en una Pymes propia dedicada a la distribución de lácteos. Ahora, lejos de las grandes Ligas, tomando al voley como un hobby pero con seriedad, disfruta del juego regional en la competencia Livosur donde se consagró campeón con el equipo de Cañuelas FC.

“El último año me metí otra vez en la competencia que sentía que me estaba haciendo falta, es decir, volviendo a entrenar en la semana y jugando los fines de semana. Además, haciendo un complemento de gimnasio para evitar lesiones ya que a mi edad empiezan a estar a la orden del día”, alegó.

La virtud de trascender en un deporte poco difundido en Lobos, con la convicción de apostar siempre a más, con los pies sobre la tierra y las manos bien arriba, así hizo su camino Martín Furesi, un apasionado por el voley que mostró la bandera de Lobos en cada rincón del país.

*Periodista Deportivo egresado de Deportea.