11-Por JR 2

Carta a los amores que se irán

Por Thomás Gui

No te enojes. Hacé de cuenta que te quiero y ya está. No podemos combatir lo imposible: el amor es unilateral, por lo menos en una medida mínima. Siempre hay un desbalance sentimental que postra a uno ante el otro. Tal vez de mañana, despeinada y descansada, me entiendas. Ya sé que te canté la balada pesimista una y otra vez, pero no puedo endulzarme en un mundo diabético. Perdón. Si no se puede superar el Edipo, vivamos sin hipo.

No te enojes. Es que cuando me pongo nervioso hago chistes. No es culpa de nadie y a la vez culpa de todo el mundo, excepto nuestra y nuestra a la vez. Vos querés un ejemplo. Yo no puedo vivir entre comillas. Puedo acercarme sin pruebas, hacer el ridículo y perder razón. También puedo buscar ganar razón a costa de un ridículo mayor. Como quieras. Te repito, es culpa nuestra y no lo es. A la vez. Pero seguro es culpa mía. Subrayalo. Soy víctima de una tautología feroz, con mis gustos y elecciones acorde a mis pensamientos. Cuando erro es cuando descanso.

No te enojes. Es que cuando me pongo nervioso me enredo. Me quedo en los preparativos. Me olvido de atarme los cordones antes de salir a la cancha. Me tropiezo a propósito con la única piedra que hay en el camino para poder contar con la lástima que se siente por el derrotado. Desde el suelo es imposible caer.

Tal vez sea verdad que no es culpa nuestra. Una vez me hablaste del cosmos, las estrellas, los signos, la luna y no sé cuántas cosas más. Que yo soy de aire, de fuego o de acero, no lo sé con certeza, pero no vengo bien aspectado desde el parto. Tampoco me importa. Pero a vos sí y tenés muy en claro que lo nuestro está predestinado a fallar. O a triunfar. No te enojes. Dejame que maldiga mi presente porque eso del pasado como excusa no me sale tan bien como a vos.

No te enojes. Permitime que llene todo de comas para poder parar a descansar a cada rato. Si vamos en picada hacia el desastre, que sea de la mano, disfrutando. Las viejas recetas del amor edulcorado no me salen por alquimista novato. Eso de la suerte de principiante es un verso. Eso que harían en mi barrio es pura fanfarria estéril. Por una puta vez, no te enojes.

Dejemos el pensar a los que quieren que las cosas sean complicadas al pedo. No se puede esbozar teorías en medio de este medioevo sentimental. Una realidad o muchas, sus tantos puntos de vista que definen la verdad ante ojos que no quieren ver. Ni hablemos del corazón. Ese boludo sólo sirve para escribir eslóganes. Hacé como quieras que yo hago lo que puedo. Sacame el codo de las costillas que estoy incómodo.

Te enojaste.

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Foto de portada por Jimena Rodríguez

(de la edición Nº 45, septiembre 2015)

09-Por Liniers

De género, de palabras, de miradas

Por Alejo y una amiga metafísica

Ya no participo mucho de la actualidad de nada, ya no opino sobre política ni economía ni miserias de nada. Pero de pronto me veo en un túnel en el que dicen que existe “violencia de género” y me preguntan, y digo… ¿De qué género hablamos? Porque yo conozco uno que es una especie, la humana.

Y para mí existen sólo espejos de gente que materializa la violencia personal, oculta, y hasta inadvertida de sí misma. Me miro, soy violento, levemente violento, inocentemente violento y en consecuencia, recibo violencia, exagerada y cruel.

No me respeto, no me respetan. Permitir que se repita la terrible película significa que soy violento conmigo mismo. Pero vayamos a lo más simple: aceptar que existe la violencia con el género femenino solamente, por la tradicional inferioridad física de la mujer, es no advertir la capacidad de violencia que tienen, también, las palabras y las miradas.

Sí: la violenta palabra descalificadora, la mirada de desaprobación, la corrección permanente del otro, el subirse al pedestal de su propia verdad y no aceptar otra. Y sé que es así porque tuve y tengo que trabajar muchísimo en mi propia violencia de palabra, en “reconocerme” violento/a de palabra hasta en nimiedades, de ironía hasta gestual, de mirada y de acto.

Eso pudo haber provocado agresión física en cadena. ¿Puede alguien determinar qué es peor? Y, tal vez, ambas formas son “peores” y podrían provocar daños si el agredido no se mira a tiempo y se elige.

Hay, también, una tácita aceptación de que el “hombre” (¡pobre!) debe pelear físicamente para demostrar que es tal. Terrible peso de mandato incorporado en la sociedad, que deberíamos ir evitando.

Esa cosa de decir: “Me chocó el auto, me insultó y no le pegué porque era una mujer”, encierra terrible intención y la espantosa certeza de que si el otro era un hombre sí le habría pegado. O escuchamos: “Le pegó a mi hermana, fui y lo reventé a golpes”. No se entiende la incoherencia.

¿Entre “hombres” está bien golpear, agredir, pero a la mujer no se le debe pegar? Yo, a la luz de los hechos que se divulgan, tal vez, habría convocado a otro tipo de marcha, con otro lema, otro objetivo, en el que se involucraran palabras positivas, algo así como “Marcha por el buen trato entre los seres humanos” (sí se podría extender a los animales y al universo todo).

La Madre Teresa de Calcuta ya lo dijo: “Invítenme a participar de una marcha a favor de la Paz, no en contra de la Guerra”. Ya sé que, si hilamos fino, en conceptos de silogismos y metafísica, marchar “por la paz” implicaría aceptar que existe la “no–paz”, pero bueno, mínimamente como enunciara Masaru Emoto, empecemos por no incluir discursos violentos en el propio discurso que pretende aleccionar.

¡Y ya estoy re leyendo la cantidad de palabras negativas que acabo de usar! Me falta aprender. Lo intento. Lo logro. Ahí va: ¿Deseamos paz? No la convoquemos por género. Convoquemos la Paz, simple. Aceptar el cambio no se trata de dejar de defender lo otro, se trata de entender que hay varias posibilidades de que sea diferente, y si te enseña a crecer, vale. Cambiemos nosotros primero.

Imagen de portada por Liniers

(de la edición Nº 45, octubre 2015)

Sin vergüenzas 1

Sin vergüenzas (sin filtro)

Por Félix Mansilla

La experiencia inesperada: una hora cuarenta para mearse de risa. Seis tipos que en el año 2000 se quedaron sin laburo, van armando seis historias de verdaderos outsiders desamparados, arrastrados por la desesperación.

Con un traslado actoral eficiente para representar esa forma tan argentina de hacer frente a todo, los seis amigos comienzan a bocetar retazos de un plan para salir a flote en medio de la crisis. La atmósfera de drama se entrelaza con humor sin filtro.

Cada uno de los actores dirigidos por Dante Mazzeo, se maneja desde diferentes planos artísticos en clave de humor satírico con aires de comedia. Así, Lucho (Oscar Briganti) se pone el equipo al hombro para tratar de convencer al resto de que no todo está del todo mal. Con un acento de provincia típico y bien trabajado (un acierto actoral afiladísimo), comienza a cranear posibles salidas: reciclar papeles de diarios, inventar parches para dejar de fumar, entre más opciones poco realizables sin un peso para invertir.

Todo tiene su peso, entonces, sus vidas se tiñen de un drama que conduce a la luz. Son hombres que se sienten fracasados; son ex esposos engañados, abandonados, pisando los márgenes. Mencho (Diego Gainza), un gordo bonachón sin trabajo aquejado por los reproches de Graciela, su esposa; Figazza (Pichi Casaux) un chofer de taxi resignado y renegado; Manguera (Juan Terán) hijo subsumido de un pastor evangélico; Alejo (Federico Petraglia), joven administrativo despedido antes de salir del closet y Lole (Juan Pablo Baretto), atravesado por un paro cardíaco que es quien termina por dar el OK a la idea: “prestar” sus cuerpos con un show de streaptease en un garage del Conurbano bonaerense.

Las cosas resultan complicadas. Entre los seis no juntan la pasta necesaria para alquilar un local donde poder desarrollar el mentado espectáculo: no tienen sillas, no consiguen un telón. Le faltan luces. Hacen difusión, tienen un paso fugaz por el calabozo, reciben piñas, todo es un ida y vuelta. Aparecen en los canales de televisión, en la radio del barrio; se embarulla el ambiente en la previa.

La puesta, al fin, es toda una conexión destacada en la escena lobense que dejó a más de 3 mil espectadores llenos carcajadas. Pasaron sendos guiños repletos de interacciones aceitadas, con diálogos realistas, descarnados. Con un abanico de escenas trascendentes —en más de una hora y media de espectáculo— el logro humorístico del elenco de Sin vergüenzas se percibe en la forma simple de resolver cuestiones que, sin el toque ocurrente, transportarían a un drama existencial espeso.

En escena, cada amigo ve la luz a lo lejos y trata de salir del túnel de los recuerdos de un pasado laboral en negro. A eso, se les suma la desesperación de saber que no hay para comprar, ni para vivir. En ese trajín de complejidades económicas, el ímpetu aguerrido de Lucho y el aguante de sus amigos, finalizan en un cierre óptimo, con una coreografía abarcada (y acompañada) desde la alegría de eso que alguna vez llega(rá). Tras nueve funciones con un Teatro Parroquial colmado cada vez, el deseo hoy se renueva en lo/as que aún no la vieron. Se esperan novedades.

Créditos

Dirección: Dante Mazzeo. Colaboraciones especiales (voces): Roxana Gnazzo, Verónica Rubano, Silen Cambareri, Haydeé Marquez, Carlos Fernández. Grabaciones y diseño de sonido: Diego Grecco. Coreografía: Verónica Hernández. Sonido y luces: Facundo Salvo y Bernardo Casagrande. Vestuario: Elsa Terán. Ambientación: El Teatrito. Asistentes de Dirección: Silen Cambareri, Roxana Gnazzo. Fotografía: Elina Suárez. Diseño gráfico: Sebastián Gallo.

03-Por MD 1

Editorial Nº 45: Agua

A más de un mes de las inundaciones que azotaron media provincia, incluyendo a Lobos y alrededores, los interrogantes sobre culpabilidades y el saldo desafortunado conllevan a repensar sobre qué modo de acción es el que subsiste a través del cual los ciudadanos de a pie debemos emprender cuando el agua llega a las puertas.

En medio de todo ese trajín, los resultados duelen, molestan, resignan aunque no todo parezca que está perdido cuando la naturaleza llena sus causes y los brazos se extienden.

Con ese marco de fondo, ya no se habla de responsabilidades sino de solidaridad, donde desde cada lugar, mucho/as se desprendieron de sus complejidades para dar una mano, ayudar, dar. Entonces allí, el tema gira en torno a otras posibilidades de ser: un dejo de lado a todo lo que tiene que ver con la política (partidaria) para desarrollar redes de contención olvidada.

En ese lodo, las cosas parecen tomar diferentes colores porque aparece otra evaluación, la de extender puentes de ayuda para los que padecieron la desgracia. Es dable destacar, por eso, todas las manos que se tendieron en pos de encontrar una salida del paso atravesado por el agua.

Queda, entonces, la esperanza de que entre todo/as las cosas pueden funcionar, más cuando no medían las composiciones de pensamiento, sino que abunda la solidaridad.

Septiembre

La propuesta de este viaje Nº 45, extiende un recorrido por varios autore/as locales que desde muchas formas intentan conformar una manera de expresar lo que cada uno/a tiene para contar.

Encontramos allí cuentos, relatos, poesías, fotos, modos de hacer que la vida desande esos caminos que nos conducen a otros caminos: los de la imaginación, la representación y la de darse a conocer a través de la literatura.

Así, este recorrido se dispone a ahondar sobre esas vías de escape; las de viajar fuera de aquello presumido como lo real para dar lugar a la lectura. La idea, seguir viajando.

Foto de portada por Martín Dates

(de la edición Nº 45, septiembre 2015)

12-Por Martín Dates

Su única estrella

Por Fernando Negro

El sol llegó a su rostro, logró incorporarse de la cama. Eran las siete de la mañana del último día de su vida. Cepillados los dientes, descolgó del ropero un pantalón de vestir que usó dos meses atrás, cuando escuchó el ruido supo que el café estaba hecho. Sigue leyendo