Vieja Barrios

A la vieja dale gracias

Una charla con el asistente de sonido y amigo de toda la vida de Spinetta. Aníbal Barrios, la Vieja, cuenta detalles de aquel Flaco de entrecasa. Texto: Félix Mansilla/Producción: Nico B Mansilla La Vieja Barrios fue un amigo de toda la vida de Spinetta. Asistente de confianza, trabajó por más de treinta años junto al Flaco. El día del Músico, 23 de enero, en el Mono Tremendo charlamos con él para que el recuerdo de Luis siga con la llama que encienden su luz, su música y ese legado artístico inconmensurable. La Vieja tiene el mismo acento de barrio —aporteñado— que tenía su amigo Luis.

Siempre fue mencionado por el Flaco como una parte fundamental de su trabajo y como un co-equiper necesario, eficaz. Barrios no sólo preparaba el asado para después de las sesiones en la casa/estudio La Diosa Salvaje o era el encargado del mate. También fue un amigo de todos los días.

Al principio de la nota, pintó eso de que eran inseparables. “Estábamos juntos todo el día, parecíamos pareja (risas). Yo vivo a la vuelta de dónde él vivía. Entonces, el Flaco me llamaba: ‘¿Che, no tenés una cebolla? Ahora voy a buscarla’. ‘No, yo te llevo, boludo. Ahí voy para allá’. Lo nuestro era así, de compartir momentos”.

Las vivencias con ése Spinetta, entonces, son infinitas: tantas que la memoria de la Vieja no filtra todas —“son muchos años”, avisa— pero algunas de las más recordadas quedaron congeladas en un bello momento de radio, escuchando al testigo de cada una de las incursiones musicales de Spinetta y en su cotidianeidad en el Bajo Belgrano.

¿Qué recuerdos te trae saber que hoy es el día del Músico por el cumpleaños de Luis?
Recuerdos tengo un montón, fueron muchos años junto a él. Haber estado compartiendo tantas anécdotas es lo máximo que uno en su trabajo le puede pasar. Todos los que estuvimos con el Flaco, los músicos, los técnicos, iluminadores, disfrutábamos de su música. Yo lo escuchaba desde los 12 años y bueno, yo decía con los amigos de mi barrio: “Cómo me encantaría conocerlo, laburar con él”. Así fue.

¿Son muchos los momentos compartidos, no?
Tengo 59, pasaron muchos años y no recuerdo todo con precisión, pero antiguamente en los carnavales se cruzaban todo tipo de músicos de rock, folklore, melódico y te vas rozando con el ambiente. En los últimos quince años, se perdió un poco eso de ir a ver una banda a un club que en su momento era normal, no ibas al Ópera, al Rex, al Coliseo. En esa época era en los clubes de barrio.

¿Cómo lo conociste?
Yo lo conocí a través de un amigo mío. A los dos: a Luis Alberto y a Juan Alberto Badía que se iban a encontrar en un lugar. Un amigo me invita ahí para ir a comer. Estábamos viendo unas cosas de un audio antes de entrar y me dice mi amigo “ahí viene Juan Alberto Badía”. Lo saluda, me presenta y le dice que se quede con nosotros en la mesa. Ahí, Badía cuenta que se iba a encontrar con el Flaco. En esos momentos, yo estaba trabajando con César Banana Pueyrredón. Al tiempo, el Flaco me dice: “Tenés que venir a trabajar conmigo”. Aterricé ahí, el Flaco me decía “dale, dale, dale” y tomé la decisión y ahí me quedé hasta último momento.

Así comenzó una gran amistad…
Otros fans de otros artistas no sé qué se imaginan. Yo a través de la música me hice amigo de dos parejas de mendocinos que hasta el día de hoy nos visitamos. Ellos me preguntaban por Luis, porque son fanáticos y yo les explicaba que cada uno elije su profesión, cualquiera sea, pero no tiene un público que lo va a aplaudir, porque van hacia otros rumbos. En cambio, en la música hay gente que paga para ir a ver. Hace unos años, una de las parejas vino a Buenos Aires, pararon acá en casa. Estábamos caminando, los llevé a conocer algunos lugares de la ciudad y pasamos por lo del Flaco. Mi amigo mendocino quedó petrificado, no lo podía creer lo que para mí era normal. No era que yo lo veía sólo cuando iba a dar un show o antes de grabar. Como vivíamos a la vuelta, era cruzarnos en la panadería o yendo al almacén. A mí se me dio eso de ser su amigo siempre. Él era un ser muy divino, era un cabrón como soy cabrón yo, pero fue como que con el tiempo se fue afirmando esa amistad.

¿Podés contar la anécdota en Mtv cuando no te dejaban pasar a la grabación de Estrelicia?
Fue sólo ese momento, viste como son los yankees, porque después fui dos o tres veces y no me dijeron nada. Lo que me pasó fue porque cada momento te pasa según quién esté de turno. Eso lo contó Rodolfo (García, ex Almendra), fue así. Sé que causa gracia la anécdota, pero uno sabía en ese momento que el tipo (el Flaco) se pegaba la vuelta, le importaba todo un bledo. Se cagaba en ese momento, no le importaba el dinero, no le importaba estar en Mtv. Su bocho estaba puesto en que ‘si no aceptan a los que vienen conmigo, pego la vuelta’. Se lo dijo al manager que iba con nosotros y a la mujer que estaba con nosotros que era la productora del show. Él me respetaba, primero como laburante y segundo por la amistad. Por eso, considero que hasta su partida, cumplí con mi deber y a medida que pasaban los años fuimos formando una gran amistad. Todo me hace pensar que todo lo que di lo hice bien junto a todos mis compañeros de sonido, iluminación, monitoreo. Yo era el que tenía que estar con toda la preparación y a la hora de la prueba de sonido no volaba una mosca. A la hora del show, menos.

¿Qué recordás del show de Las Bandas Eternas en Vélez?
Tengo todo en la mente porque cuando el Flaco me dijo lo voy a hacer, nos pusimos a prepararlo. Fue durante cuatro meses: preparar las salas para que ensaye él con su banda, más todos los músicos invitados. Bueno, había que estar ahí. A veces yo me iba más temprano y él llamaba a casa, decía “¿cómo que se fue? ¿ya se fue?”. Siempre había algo para hacer, había que estar en todo. Iban llegando por turno todos los invitados. Había por supuesto otros asistentes, pero no conocían a todos los músicos que iban a venir, porque por ahí no tenían una afinidad como la tenía yo. Si el Flaco todavía no había llegado los tenía que recibir yo y nos cagábamos de risa, les presentaba a cada uno de los ayudantes. Yo hasta el día de Vélez, estuve cuatro meses preparando todo. Encima el Flaco estuvo casi seis horas arriba del escenario. Eso no lo hizo nadie en el mundo. Es todo poder recordarlo en el día del músico, el día de su cumpleaños.

(de la edición Nº 40, marzo 2015)