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En ese asunto de volar

Con más de tres años en varias pistas de skatepark aquí y allá, Matías Angeleri cuenta los detalles de esa íntima relación con la tabla de skate.

Matías dixit: “El skate es mi vida”.

Hace poco más de cuatro años, Matías (16) se subió por vez primera a un skate. Un amigo se lo recomendó y desde ese día no se bajó más. Parte de su camino cuenta con tres campeonatos en su categoría. Con la mirada seria, el tono bajo pero contundente, arroja sobre el comienzo de la charla: “Es lo que me gusta hacer y no lo voy a dejar de hacer en mi vida. Hasta que no me den más los huesos”. En la pista del skatepark, media docena de skaters vuelan, no hacen ruido, se raspan, paran y siguen. El calor agobia la caída de la tarde, el Salgado no hirvió su verdín, pero los chicos siguen volando. Matías habla y mira la pista. Señala algunas pruebas, responde breve y transpira de ganas, de proyectos. Después de una lesión con cuatro meses de recuperación, espera volver “a pleno”. Dice “más adelante”, y eso solo sabe, lo palpa: son sueños. Antes de la pista que le da color y juventud al parque Municipal, practicaban skate casi una veintena en las escaleras y barandas en el Banco Provincia o en la estación de trenes. Ahora, la noche los puede encontrar volando, girando todos juntos. El 5 de enero quedaron inauguradas las luces, un gol de media cancha para los que deseaban hacerlo y el trabajo no se lo permitía.
Matías, narra sus inicios: “Cuando recién empezaba a andar, competí en un campeonato de principiantes en el Backside Skatepark del Bajo Flores. No me acuerdo en qué posición quedé, creo que uno de los últimos, pero porque recién empezaba a probar cómo era”. Sobre otros terrenos y lugares, amplía las oraciones, sube un poco el tono: “Fui a Mar del Plata un montón de veces y a Buenos Aires viajo siempre. El skatepark que hay en Mar del Plata —el Shifty skatepark, ubicado en Roca y la avenida Peralta Ramos, pegado al mar— es genial”.

Foto del día la inauguración de las luces del Skatepark Lobos. (NBM)

El sol no empieza a ponerse tenue. En la pista, Juan Cruz Gómez, anda a las vueltas con su bici en uno de los piletones que da al arroyo y al camino donde pasan caminantes en cortos. Matías, no puede en dos ruedas. “He probado de saltar con la bici, pero no hay caso. Cuando estoy de gusto, quiebro tabla y no tengo plata para comprar otra, ando un rato en alguna bici de mis amigos. Igual es muy distinto”, asegura y explica una de las diferencias: “Si caés, lo hacés con toda la bici, en cambio, con el skate lo podés largar y todo bien”. A sabiendas de un crecimiento dentro del universo skate, Matías dice que “el sueño que tengo es ir a patinar a Estados Unidos, que es algo que voy a hacer”. Tiene una clara definición de sus gustos. Entiende el lado de lo que implica destacarse en un deporte con extremos en cada salto. “Es un escape, porque cuando una persona está llena de problemas puede descolgarse. Uno lo toma, yo por lo menos, como un motivo de vida, es algo de la vida”. Después, redondea: “El sueño del pibe es vivir con el skate. Es decir, vivir del skate”.

¿Cómo venís después de la lesión en la rodilla?
Hace poco tuve una caída, fue desplazamiento de rótula. El médico me recomendó reposo por cuatro meses. Ahora estoy bastante mejor y puedo andar, tranquilo.

¿Cuándo empezaste a practicar skate?
Más o menos desde los doce años. Desde ese momento no lo dejé más. No hacía otros deportes. Fútbol, pero casi nada. Actualmente, en mi categoría somos seis. Al principio éramos más, pero dejaron todos.

¿Conocés otras pistas?
Sí. Fui a Mar del Plata un montón de veces, a Buenos Aires viajo siempre. El skate park que hay en Mar del Plata es genial. Cuando recién empezaba a andar, competí en un campeonato de principiantes en el Backside del Bajo Flores. No me acuerdo en qué posición quedé, creo que uno de los últimos, pero porque recién empezaba a probar cómo era.

¿Es fuerte la autopresión durante las competencias?
Sí, te cansa más. Acá (en el skatepark lobense) podés parar y ver cómo venís. Durante la competencia te corre el tiempo que tenés para desarrollar la prueba. Si te cebás te podés quedar sin aire, se complica la prueba o no te sale. Igual la cebadura ayuda, mucho. Los miedos en cada una de las pruebas, algunos, no te los sacás más aunque intentes. Ayudan a progresar. Hoy sigo teniendo miedo a algunas cosas, pero sé que de a poquito, sin presión, puedo superar todo lo que sé hasta ahora. La idea es ir ir ir, en un momento decir ya fue, lo que resulta que uno se vaya animando más. Por ejemplo, en esta pista hay partes de las que todavía me cuesta animarme en un cien por ciento.

¿Cuántas veces por semana venís a practicar?
Durante el año, los fines de semana porque en la escuela hago doble turno. Es un escape, porque cuando una persona está llena de problemas puede descolgarse. Yo me los saco con esto al toque. Uno lo toma, yo por lo menos, como un motivo de vida, es algo de la vida. Una pasión. Es caerte, volver a intentar. Caer, volver, pero tampoco matarte. Con el tiempo aprendés a caer. Hay golpes que una persona cualquiera va y se hace pedazos. Acá, te tirás de la escalera y si sabés caer no te hacés nada. Ahora trato de venir tres veces por semana.

Muchas caídas hacen que uno aprenda…
Es experiencia. Muchas caídas. En el aire, durante cada prueba, me pasa siempre. Cuando voy a abortar una prueba, relajo todo el cuerpo y caigo. Me relajo y no me duele nada. Está todo en la cabeza, es probar, intentar de nuevo. También aprendo mirando muchos videos de skate en internet, aprendo mucho, con páginas de skaters de Estados Unidos, son unos capos. El sueño que tengo es ir a patinar a allá, que es algo que voy a hacer. Allá es como el fútbol acá.

¿Cómo ves la movida del skate en Lobos?
Creció un montón y por el lado de la cantidad de deportistas bajó a su vez. Cuando recién empecé éramos como veinte que salíamos a patear todos juntos. Ahora somos no más de seis o siete, pero es parte del filtro, como en otros deportes.

¿Se puede decir que los skaters son como una especie de grupo unido, con el mismo objetivo?
Sí, nos cuidamos y protegemos entre nosotros. En otros lugares, entre skaters y bikers no hay onda ni nada, pero acá realmente no, eso no pasa.

Quizá sean menos, pero hay chicas que también desarrollan la actividad…
Hay, no son muchas, pero hay. Si no son de acá, son de otros lados, pero vienen. Ayer vino una chica que estuvo raspando la baranda, no lo había intentado todavía. Le expliqué cómo era y practicó. Eso está bueno que pase.

¿Cómo definirías la sensación de hacer skate?
Vida. Es lo que me gusta hacer y no lo voy a dejar de hacer en mi vida. Hasta que no me den más los huesos.

Cuando empezaste, a los doce, ¿Qué decían en tu familia?, ¿te lo cuestionaron?
Al principio no les gustaba la junta y todo eso. Era andar re poco, hasta que a mi vieja le dije: ‘te vas a tener que cansar de decírmelo, porque al skate no lo voy a dejar nunca’. Ahora ya no me dice más nada, pero al principio fue un quilombo en casa. Era lo que dicen todas las madres cuidadoras. Es como lo ve alguien de afuera, porque la sensación de caer en un truco, una prueba, es indescriptible. Siempre dicen que es mala influencia, creo que va en cada uno, en lo que elije para su vida. A mi mamá le dije que cuando sea más grande mi idea es viajar solo a competencias por el país y, si es posible, fuera del país también.

¿Escuchás música cuando andás en el skate?
Sí, te cebás mucho. Cada uno tiene su estilo de música. Yo soy más del rap o el hip-hop. Me gusta mucho Wiz Khalifa, un rapero estadounidense. Eso me re ceba.

¿Qué es lo más difícil de andar en skate?
Al principio, cuando comenzás no te sale nada, pero es cuestión de andar años y años y años. Lo primero, que es saltar, lleva como mínimo seis meses. Es un poco todos los días, porque si no, no hay forma de alcanzar el nivel. Es lo esencial, después, todo depende de las combinaciones. Una prueba se combina con otra y así todo se va encadenando.