cabalgatas

Cabalgatas

Por Nicolás Bernal
Después de ver el sol brillar, la mesada ha dejado de transpirar, hay una nueva oferta en el local de los sueños del enano. Mi demanda es bucal y no importa lo detestable de las palabras mal dichas con rencor.

Mi pensamiento es una nube que se cruza en un rayo, capacidad represora en la saliva del placer. Cada cual con su alien en su forraje de cuerina, hay mucho látex y humanidad expectante. Los marfiles apuntan a los agujeros débiles, maltratados por el pelo estupefacto. Que tirana es la capital, amarillista la prensa de la fachada.

Voy a dormir para ver los caníbales gritar, aerosoles volando sobre el mundo, pintando lo gris. Es uno de esos días en que me siento brillante. No hay más sangre en la corona del señor, los pinos verdes acomodan los nidos florecidos de aves salvajes.

En salmuera quedan los órganos que me tiraste por la reivindicación, devolver el corazón así florece el amor en las sombras de la tempestad. Es difícil acoplarse a las almas con veneno del doctor. Y las persianas mercenarias y rotas no preguntan la hora de abrirse, cualquier segundo, cualquier desperdicio quedará sepultado por el corte de pelo de alguien muy pop.

El techo tapando el espesor del cielo, vomité consciente el nuevo salpicón que trajo colores del asco perdido de la sociedad extraviada. Una calesita no para de girar y la caída es el mareo universal como un efecto mariposa.

Perdimos lo que podíamos ganar pero el juego con fuego no deja de sangrar. Habrá que llorar para despertar atención. Cabalgatas de fuego, de aire y mar. No es necesaria la ambigüedad del disfraz si con tantas caretas dando vueltas no descubren quien soy.

Viajá más en: brevestiemposraros.blogspot.com.ar

(de la edición Nº 48, enero/febrero/marzo 2016)