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CABILDO-25-DE-MAYO

25 de mayo, ayer y hoy

A través de un pantallazo analítico sobre los caminos que condujeron a que el 25 se recuerde e invoque como una fecha con verdadero tinte símbolo, nuestro columnista despeja las dudas a la pregunta: ¿Qué festejamos en mayo?

Por Mauricio Villafañe*

Mucho se viene hablando en estos últimos años del 25 de mayo de 1810 y su conmemoración, con epicentro en el famosísimo festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Pero el pueblo quiere saber de qué se trata: ¿qué es eso del Bicentenario? ¿Qué festejamos o conmemoramos el 25 de mayo? Feriado desde siempre, revitalizado por un aniversario redondo, el 25 de Mayo tiene una honda significación en nuestra historia: en él se pueden rastrear los orígenes de nuestro proceso de independencia, formalmente declarada en el lejanísimo julio tucumano de 1816. Ni más ni menos.

Digámoslo de una vez: el 25 de mayo de 1810 se conformó lo que se conoce como “Primer Gobierno Patrio”, la Junta de Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata dado el derrocamiento del rey y la caída de la Junta de Sevilla en España por la invasión de Napoleón. ¿Qué significa todo esto? El primer paso (después de la resistencia porteña a las invasiones del Imperio Británico unos años antes) hacia nuestra autodeterminación, hacia nuestra independencia. O sea, la posibilidad concreta de decidir, por nosotros mismos, cuál es nuestro destino como pueblo y nuestro proyecto de país. No hace falta ser muy piola para darse cuenta que esta posibilidad está aún en construcción, lo cual nos desafía, para lograrla, en tanto somos parte del pueblo argentino.

Es el 25 de Mayo una fecha y, como tal, un símbolo. Los símbolos cristalizan significados más profundos y amplios. Y el significado que modestamente me gustaría resaltar en este lugar y en estos días, a la luz del próximo 25, es el de la soberanía. Hacía casi (o ya) 202 años se empezaba a cerrar el capítulo colonial de nuestra historia nacional y regional, dando paso a fragmentaciones y reacomodamientos espaciales que desde los albores del siglo XIX hacen a nuestras naciones.

Estos principios del siglo XXI son el tiempo de revalorizaciones de lo nacional y de integración latinoamericana. Y en estos tiempos de bicentenarios de fechas patrias ellas vienen a simbolizar no sólo un mero recuerdo del pasado remoto ni la ardua tarea de memorización de los integrantes de la Primera Junta como si el hecho de saberlos al estilo de “cómo formaba Huracán en 1987” nos diera alguna clave sobre nuestro proceso de independencia.

Nuestro 25 de Mayo, como símbolo patrio, viene a interpelarnos, entre otras cosas, sobre el entreguista pasado reciente nacional (última dictadura cívico-militar y años 90) y sobre la realidad de un presente que se compromete con efectivas aspiraciones democráticas, nacionales y populares y con reivindicaciones soberanas largamente anheladas.

He aquí otro primer paso, como lo fue el de 1810: la consideración del presente como la inexorable antesala para el trazado de un futuro de liberación, como se empezaba a imaginar hace ya más de 200 años.

*Estudiante del Profesorado en Historia de la Universidad Nacional de La Plata.

(de la edición Nº 7, mayo 2012)

Por Nico B Mansilla

Toda la vida las mismas calles

Ciertos aspectos de la vida, al parecer, cambian poco o no cambian nada. Sin embargo, hay otras cuestiones más mundanas que se resisten al cambio. Por ejemplo, los nombres de las calles de Lobos. Por Mauricio Villafañe*

Por Nico B Mansilla

Calle Buenos Aires, la más céntrica, por NBM.

El tiempo pasa, la historia va escribiendo nuevos capítulos. La vida es, necesariamente, cambio. Pero hay ciertos aspectos de ella que, al parecer, cambian poco o no cambian nada. La larga duración y la continuidad con pretensiones de eternidad pueden derivar en estancamiento y conservadurismo. Eso es ilustrado por la concepción de que “todo tiempo, por pasado, fue mejor” (“¡Mañana es mejor!” nos enseña el Flaco Spinetta). Sin embargo, hay otras cuestiones más mundanas que se resisten al cambio. Por ejemplo, los nombres de las calles de Lobos. La vida pasa y seguimos caminando las mismas calles.

“La historia escrita por vencedores no pudo hacer callar a los tambores”

Nuestro país, en sus líneas maestras, fue trazado, en todos los órdenes, por el proyecto liberal que se impone a principios de la década del 50 del siglo XIX, más precisamente después de la batalla de Caseros. Tras ella, se sientan las bases organizacionales fundamentales del moderno Estado argentino mediante la Constitución Nacional. Buenos Aires, negada a compartir los ingresos del puerto, resiste su articulación con todo el territorio nacional: se separa de la Confederación hasta que Mitre (el del billete de 2 mangos, el militar, presidente, historiador y pionero empresario periodístico, fundador del diario La Nación) se impone en Pavón.

Se pone inicio a la “organización nacional”, según la perspectiva liberal porteña. Este pretendido manto de uniformidad (“organización nacional”) frente a un proceso tan lleno de vaivenes como de infames crímenes (el de los líderes populares del Interior, el de nuestros hermanos originarios, el del pueblo paraguayo en la Guerra del Paraguay) es la estrategia seguida por el aparato cultural que los vencedores de Caseros y Pavón imponen.
Una de las formas de acción de tal aparato es la historia.

Ésta, escrita y difundida por los vencedores, viene a legitimar el proyecto liberal porteño a expensas del resto del país, haciendo pasar sus triunfos como los del conjunto de la Nación. Se acomete la tergiversación y el ocultamiento de la lucha y resistencia de la Argentina profunda ante la opresión “civilizadora” de esa pequeña porción de Europa que los liberales nos hicieron creer que era la porteña Buenos Aires.

Se configura, como corolario, un país con una “cabeza” grande y rica (alimentada por los recursos de las diversas regiones) y un “cuerpo” desnutrido, expoliado, pobre. Un país que mira para afuera, agroexportador, con un trazado de vías que se concentra en la región pampeana- porteña, desintegrando al resto. Todo perfectamente orquestado por el imperialismo británico al cual nos sometió Mitre y sus herederos políticos e ideológicos.

Y todo esto ¿qué tendrá que ver con los nombres de las calles de Lobos? Es una buena pregunta. Se dijo, más arriba, que la historia la escriben los que ganan. Pero también eso quiere decir que hay otra historia (“…la verdadera historia/ quien quiera oír que oiga…”). Bien, los vencedores impusieron su línea histórica y, en la enorme tarea de legitimación que llevaron y llevan adelante, nos impusieron los nombres de las calles, las plazas y los monumentos. Se pusieron ellos mismos y sus amigos. Lo que no pensaron es que nos íbamos a dar cuenta.

En Lobos, las calles tienen nombres propios. Muchos de ellos refieren a diferentes y destacadas figuras lobenses, de todo orden y tiempo. Hay, asimismo, importantes arterias que refieren a fechas históricas indiscutibles como el 25 de Mayo o 9 de Julio. En la llamada “periferia” (respecto al centro) las calles sólo son llamadas por su numeración.

También hay nombres de localidades, fundamentalmente de la provincia de Buenos Aires, y conceptos como Libertad, Independencia o Constitución. Se dan nombres de provincias (Salta, La Rioja, Entre Ríos) en Villa Cattoni, Empalme Lobos. Se advierten nombres de intelectuales (José Ingenieros, Ricardo Levene), científicos (Bernardo Houssay) y próceres históricos de la talla de José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno.

Tardíamente se logró nombrar a un tramo de la calle Buenos Aires Juan Domingo Perón, lobense y tres veces presidente constitucional de la República Argentina. Están, reivindicados, nuestros soldados de Malvinas… Tras esta descripción, algunas reflexiones urgentes.

La calle Moreno, en referencia al secretario de la Primera Junta y líder patriota, halla continuidad en la calle Rivadavia, un agente del imperialismo inglés e instigador del crimen de Manuel Dorrego.

En nuestra traza urbana está la calle Bartolomé Mitre, responsable de la matanza que significó Guerra del Paraguay, una infame alianza con el imperio brasileño para sofocar al desarrollo paraguayo que no se subordinaba a los dictados del imperio británico.
Domingo Faustino Sarmiento, ya abordado en esta columna hace unos meses, padre de la zoncera “civilización o barbarie”, un personaje que vertía su odio antipopular por efecto de la fascinación por lo estadounidense que tenía.

Rauch, en homenaje a Federico, un militar carnicero alemán, asesino de nuestros hermanos, los indios.
Virrey Vértiz, una calle con el nombre de un virrey, personero del régimen colonial de explotación al cual fue sometida nuestra región por siglos.
Ahora bien, ¿qué hacen estos nombres en nuestras calles? ¿Qué hacen junto a calles como Suipacha, Martín Miguel de Güemes, Almafuerte, Homero César del Buono, Lisandro de la Torre, Dorrego, Ayacucho y Chacabuco entre otras?

Por último, algunos nombres en forma de sugerencias y deseos, abriendo la participación a todos y a todas los y las que viajan mes a mes. Son preguntas abiertas, que buscan sumar.

¿No nos están faltando mujeres como Juana Azurduy, Eva Perón o Juanita Troiano? ¿Qué pasa que no están los nombres de Juan Manuel Fangio o Diego Maradona? Me gustaría caminar por la Padre Carlos Múgica, por la Arturo Jaureteche, por la Rodolfo Walsh, por la Juan Manuel de Rosas, por la Raúl Alfonsín, por la Arturo Illia, por la Néstor Kirchner o por la Che Guevara tal vez. Demócratas, patriotas, ídolos y militantes populares. ¿Para cuándo una avenida llamada Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Y una calle, cortita al menos, con el nombre de Soberanía Nacional o Fragata Libertad? O por qué no por una llamada Patria Grande… ¿No faltan artistas como Leonardo Favio o Mercedes Sosa? ¿Dónde quedaría la calle Comedor Padre Lorenzo Mazza o la Bomberos Voluntarios?

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

Foto de portada: Nico B Mansilla

La larga lucha por la soberanía

La larga lucha por la soberania

Repaso histórico por la causa Malvinas desde su descubrimiento, a las conquistas, la guerra y la reivindicación en la actualidad. Pasaron 31 años de la invasión por parte del Ejército argentino para recuperar el terreno perdido. Por Mauricio Villafañe*

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Empecemos por donde corresponde: por el principio. El archipiélago inicialmente bautizado como islas de San Antonio fue descubierto en 1520 por Magallanes. Fue luego ocupado discontinuamente por españoles y franceses. El imperio español en América y su pionera ocupación de Malvinas, junto a la continuidad que ésta tiene en la etapa independiente que se abre a partir de 1810, avalan nuestro legítimo reclamo soberano sobre las islas. Ahora, hay que dar cuenta que en 1820, las Provincias Unidas del Río de La Plata toman posesión de Malvinas, estableciéndose un enclave pesquero y ganadero. La situación se va a institucionalizar a partir de 1829, con la creación de la Comandancia Política y Militar de Soledad (en referencia al puerto malvinense de ese nombre) al mando de Luis Vernet. El decidido accionar nacional se enfrentaba con la depredación de buques balleneros norteamericanos.

La disputa entre el ejercicio legitimo de los derechos soberanos y la intromisión extranjera que expoliaba los recursos de la región va a llegar a un punto de no retorno con el apresamiento, por orden de Vernet, de dos balleneros actuando fuera de todas las disposiciones. El incipiente imperialismo norteamericano responderá de una forma que ya el siglo XX se encargará de volverla frecuente: la fragata Lexington desembarcó en Malvinas, atacando instalaciones militares y tomando prisioneros. Lo simbólico, aparte de estas acciones concretas, tiene su importancia en este hecho no menor de acuerdo a lo que se vendrá: los yanquis arriarán la bandera celeste y blanca, declarando a las islas “libres de todo gobierno”. El conflicto diplomático desatado por la protesta formal a Washington de parte del gobierno de Buenos Aires será la antesala para que EE.UU “coordine” con los británicos (¿una especie de premonición de la OTAN y del accionar conjunto en la guerra de 1982?) la invasión y usurpación de las islas.

Llegamos a enero de 1833, cuando la corbeta inglesa Clío desembarca en Malvinas, llevando a la rendición del gobierno isleño. El reclamo argentino no tuvo respuestas desde entonces, sabiendo Gran Bretaña que sentarse a negociar o a discutir la soberanía sobre las islas llevaría a reconocer la usurpación. En la actualidad puede verse claramente la insostenible situación colonial que el Reino Unido lleva adelante sobre parte de nuestro territorio, de espaldas a las resoluciones de Naciones Unidas, en particular una de 1965, como también en contra de la historia y la geografía.

El conflicto comenzó el 2 de abril de ese año, cuando la junta militar argentina, encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, envió 14 mil efectivos para "recuperar" las islas; la guerra duró 74 días y dejó más de mil muertos. El gobierno de Néstor Kirchner dijo que Gran Bretaña se niega a cumplir el mandato de la Organización de las Naciones Unidas sobre descolonización, que obligaría a ingleses a dejar ese territorio, ocupado desde 1833

Desembarco de tropas británicas en la bahía de San Carlos, junio de 1982.

Lucha y resistencia

La usurpación, el despojo y la afrenta británica sobre nuestra soberanía se explica muy bien si se logra comprender la importancia geoestratégica que las islas tienen para el poderío británico ya que le permiten tener una base militar (y una fuente de explotación pesquera y energética muy importante) en el Atlántico Sur que controla no ya sólo a nuestro país sino a toda la región; una “mal ejemplo” para las demás por su insubordinación a los dictados del llamado “Primer Mundo”. Asimismo le permite al imperio británico tener una base de abastecimiento y control de la circulación interoceánica ya que las islas se hallan ubicadas en una posición inmejorable respecto al estrecho de Magallanes, que conecta al Atlántico con el Pacífico.

El viaje va llegando a su fin pero vale rescatar dos hechos, tal vez simbólicos o anecdóticos, sobre la lucha y resistencia nacional ante la colonización de Malvinas por los ingleses. El primero refiere a la acción llevada adelante por el gaucho entrerriano Antonio Rivero, encabezando un levantamiento de la peonada que, en 1833, logró recuperar nuestras islas por cinco meses. Este patriota, que recientemente se lo ha empezado a reconocer desde el revisionismo histórico, murió luchando contra ingleses y franceses en el Combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, resistiendo la invasión imperialista y fundando lo que actualmente se conmemora como el día de la Soberanía Nacional.

El segundo hecho es más cercano en el tiempo: en 1966 un comando de la Juventud Peronista copó un avión de Aerolíneas, lo desvió hasta Malvinas y, al aterrizar, izó simbólicamente una bandera argentina en lo que pasó a la historia como el “Operativo Cóndor”.
Hoy por hoy y desde hace algunos años se viene reclamando incansablemente la resolución pacifica y diplomática del conflicto derivado de la usurpación de nuestras Malvinas, sin olvido, renuncia ni perdón y sí con la conciencia de soberanía y justicia que nos asiste.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

La sutil potencia del rock en tiempos golpistas

El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística-cultural. Esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock creció y se desarrolló tras sus primeros pasos a mediados de los años ’60.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Por Mauricio Villafañe*

La histórica lucha de las organizaciones populares junto a la voluntad política de un proyecto de gobierno que viene cambiando la historia hace 10 años han vuelto al mes de marzo un hito de la memoria a través de la conmemoración del hecho más significativo de nuestra historia reciente: el golpe de Estado dado por una junta militar irresponsable y genocida en alianza con importantes y poderosos sectores civiles. El innegable peso del tema sumado a la necesidad de no olvidarlo y de habilitar nuevos caminos para su tratamiento hacen al motivo de este viaje. El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística- cultural que no para de nacer y re- nacer. Son, dictadura y rock, términos antitéticos según Sergio Pujol . Sin embargo, esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock crece y se desarrolla tras sus primeros pasos a mediados de los años 60. Pareciera como si lo siniestro de la dictadura convierte al rock en una sutil potencia… Ahora, de acuerdo con Pujol, el rock “no fue sistemáticamente perseguido por le gobierno que irrumpió en el 76” (pág. 10).

De esto se puede deducir que la potente sutileza rockera de mediados de los años 70 se vuelve, involuntariamente o no tanto, una estrategia de supervivencia ante un escenario represivo y criminal inédito. ¿Es posible que esta provisoria explicación sustente el relativamente menor hostigamiento que sufrió nuestro rock respecto a otras expresiones como la literatura? Los artistas y el mundo del rock zafaron, escapando, con letras y músicas, a la mentalidad y al accionar reaccionario, simplón y oscurantista de los conservadores censores y represores del régimen cívico- militar.

El rock puede entenderse como parte de un entramado cultural más amplio que se podría caracterizar como contracultural. Esa suerte de estado del alma, a su vez, se puede enmarcar en una dinámica cultural liberadora y expresiva que venía de todo un cambio de época que se empieza a vislumbrar en los años 60: los hippies del amor libre y un estado de movilización a escala global que tiene como puntos altos a la descolonización de África, la oposición a la guerra yanqui contra Vietnam, la desestalinizacion en el mundo soviético, el Mayo francés, la vigencia y ejemplo de la Revolución cubana, el triunfo de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, el Concilio Vaticano II y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, la opción por la lucha armada por parte de las organizaciones populares latinoamericanas para enfrentar a la violencia golpista desde arriba.

Respecto a lo que pasaba acá, la coronación, en nuestro país, de la lucha de la mayoría del pueblo argentino por hacer retornar, tras 18 años de bombas, fusilamientos, traiciones y proscripciones, al peronismo al poder. Es toda esta realidad y este tiempo de liberación, esperanzas y sueños cumplidos el que se corta definitiva y abruptamente la fría mañana del 24 de marzo de 1976 aunque ya desde 1975, triple A mediante, el terror aparecía en el horizonte que terminará concretando de forma acabada el golpe del 76.

No hubo a partir de este momento quemas públicas de discos o rockeros desaparecidos. Hubo en el rock un grado de represión relativamente menor aunque esto no exime a que tanto los músicos como los pibes y pibas del rock tengan que soportar los abusos de fuerza de las razzias policiales ni la persecución o el estigma de “putos-comunistas-raros” así como también el rechazo y/o la indiferencia general. Pero el rock, a través de sus geniales e inmortales artistas, bandas, obras y publicaciones del palo supo (como pudo), atravesar la oscuridad dictatorial que pregonaba el conservadurismo más cerrado y un falso y estrecho nacionalismo. Todo esto volvía al rock y a sus circunstancias (pelo largo, sonidos “raros”, volumen alto, jeans gastados, letras contestarias, personajes “sospechosos”, algunos consumos…) un “elemento de disolución del alma occidental y cristiana” que supuestamente existía y que supuestamente venían a salvar los milicos dictadores del 76, asesinos repudiados y condenados por la justicia constitucional y por el conjunto del pueblo argentino, hoy.

En esta dinámica cultural persecutoria tiene el rock que sobrevivir para llegar a 1982 con un cambio de escena: la guerra de Malvinas. La persecución cesa y el rock se vuelve, para el establishment, una referencia de argentinidad. Pasa a ser un objeto de difusión masiva por todas las radios como parte de la estrategia de legitimación de una guerra pésimamente decidida y ejecutada (a pesar de ser su objetivo legítimo y justo, la recuperación de nuestras Malvinas).

Esta maniobra de manipulación es muestra de algo ya dicho: la torpeza de los represores frente al rock como fenómeno artístico y cultural evitó, relativamente, que éste fuera considerado un “elemento subversivo” primordial. La misma torpeza es la que los lleva a hacerlo un objeto de culto casi en el contexto de la guerra.

El rock argentino en tiempos golpistas se vuelve, por su postura rebelde, contestaria y liberadora, un baluarte contra todo un imaginario que impregnaba a buena parte de la sociedad argentina. Y todo ese desafío tenía un costo: la persecución, la estigmatización, la incomprensión o la indiferencia en el mejor de los casos. Sobre la guerra, León dice, reza, que no le sea indiferente, que es un monstruo grande y pisa fuerte. Charly nos pide que prendamos la luz, por si los brujos (como López Rega, autor intelectual de la triple A) piensan en volver a cagarnos el camino. Y Pappo, sin vueltas, suelta que es menester que sea rock. Larga vida al rock, entonces, y juicio y castigo a los represores de ayer y a los corruptos que mataron a los pibes y pibas en Cromañón.

*Lobense, estudiante de Profesorado de Historia de la UNLP.
**Pujol, Sergio. Rock y dictadura. Crónica de una generación (1976- 1983). Buenos Aires, Booket, 2007

(de la edición Nº 17, marzo 2013)

1-Acerca de nuestra H

Acerca de nuestra historia reciente

El 24 de marzo es una fecha que condensa cientos de significados, una fecha que tiene una enorme potencia para los tiempos de hoy, que nos toca vivir y protagonizar. Aquí la antesala, el desarrollo y final de uno de los episodios más triste de nuestro país.

2-Madres

Por Mauricio Villafañe*

En una acción inédita, las Fuerzas Armadas en conjunto llevan adelante un golpe de Estado, torturador y desaparecedor, que se autoproclamará “Proceso de Reorganización Nacional”. Pero no estaban solos los milicos: dictaban letra, por abajo y por atrás, los grandes medios de comunicación, la cúpula de la Iglesia Católica, la gran burguesía agraria e industrial a través de sus corporaciones, sectores políticos varios e importantes sectores sociales que en su imaginario y ante situaciones de “caos” veían bien o necesaria la intervención militar.

El “caos” se refiere a los dos años previos al golpe: la muerte del General Perón marca el quiebre definitivo entre un momento de esperanzas y transformaciones caracterizado por la lucha popular contra la dictadura que había nacido en 1966 y una oscura etapa signada por el accionar criminal de bandas parapoliciales y grupos derechistas contra la militancia o disidencia, sea peronista o no.

La incapacidad manifiesta de Isabel Martínez sumada a la influencia de José López Rega, el autor intelectual de la Triple A, junto a la aceleración de la puja tanto distributiva en lo económico como política en la disputa por el poder van generando el terreno propicio para el accionar militar: el Operativo Independencia, en Tucumán, es una suerte de antesala de lo que se vendrá ya que el Ejército, autorizado por un gobierno constitucional, pone en marcha todo un plan sistemático de represión y aniquilamiento frente al foco guerrillero que venía desarrollando la Compañía del Monte del ERP en la provincia.

Así desde mediados y fines de 1975 el golpe era poco mas que un secreto a voces: se discutía por lo bajo (y no tanto) al tiempo que se buscaba la mejor posibilidad y condición de darlo. La lucha, oposición y resistencia del campo popular y revolucionario, ante tal escenario, se sigue dando, exacerbando la violencia de la derecha y el golpismo. Pero ¿Quedaba otra opción para los miles de militantes que combatieron por años la violencia golpista y la proscripción de los sectores dominantes? ¿La estrategia de lucha armada no quedaba desfasada ya después de mayo de 1973 con la vuelta de la democracia? Son un par de preguntas que pueden hallar muchas respuestas provisorias o absolutas o por ahí no, pero quedan acá planteadas.

A fines de marzo, entonces, la Junta Militar conformada por el general Videla, el almirante Massera y el brigadier Agosti (en representación de las 3 armas de las Fuerzas: Ejército, Marina y Fuerza Aérea), usurpan el poder, derrocando a un gobierno del cual ellos, institucionalmente, eran parte. El economista José Martínez de Hoz, descendiente del fundador de la Sociedad Rural que financió el genocidio de nuestros pueblos originarios mediante la llamada “Campaña al Desierto”, será el paradigma de la participación civil, no ya cómplice sino activa, de la política de la dictadura. Estará años frente al Ministerio de Economía destruyendo el aparato productivo nacional, vía ajuste y apertura al mercado internacional, como bien lo dictaba el recetario neoliberal.

Se extiende toda una red de campos de concentración por el país que sirven para evitar la condena internacional frente al accionar criminal de los dictadores y aplicar así la pena de muerte masivamente, previa tortura. La picana eléctrica, ideada por el comisario Lugones en los infames años ‘30, recorría los cuerpos desnudos de los/as detenidos/as- desaparecidos/as. Se “cobraba” así por ser “zurdo, bolche, monto, judío, puto”: la “máquina” se aplicaba hasta la muerte o a veces los milicos no creían necesario llegar hasta ahí: cuerpos de miles, aún con vida, fueron lanzados en los “vuelos de la muerte” al Río de la Plata.

Importantes sectores de la cultura y la intelectualidad fueron perseguidos, exiliados, tachados de “sospechosos”, asesinados, desaparecidos. La “reorganización” que se impuso por la fuerza en marzo de 1976 buscó abarcar todo. A tal fin se intervinieron las Universidades y todo el sistema educativo, decidiendo sobre contenidos de materias e incluso sobre carreras. Se cerraron comedores, fábricas. Se impuso el individualismo, el “sálvese quien pueda”, el “algo habrán hecho…”; se demonizó y clausuró la participación política y la militancia, se rompieron lazos sociales, familias, grupos de pertenencia.

3-Malvinas

El miedo y la magnitud represiva posibilitó el funcionamiento de un plan terrorista desde el aparato del Estado como el que se aplicó en nuestro país. El miedo pervivió largos años, de lucha aislada, de resistencia al mínimo de las posibilidades, de leyes nefastas, de indultos e impunidad. Pero ese miedo de mierda que teníamos, ese horror que nos paralizaba, esa incerteza que no llevaba a nada más que a la resignación, fueron pasando. De la lucha de Madres, marchando y marchando cientos de jueves en la Plaza de Mayo, y de Abuelas, recuperando nietos robados, de los pibes de Hijos, escarchando milicos sueltos, aprendimos.

Empezó a cambiar la historia: un flaco desgarbado y medio bizco, de apellido raro, tomó una medida, simbólica pero vital: ordenó bajar los cuadros de Videla y Galtieri del Colegio Militar. Y se anularon las leyes de la impunidad y se impulsaron e impulsan causas y juicios contra militares y civiles responsables de la imprescriptible violación a los derechos humanos durante la última dictadura cívico- militar. Se puso en marcha, hace pocos días, un juicio histórico para esclarecer lo que fue el Plan Cóndor, una “coordinación” regional entre las dictaduras latinoamericanas de los ‘70 y ‘80 para la captura de sospechosos.

Lo que se viene es la democratización del Poder Judicial como una de las patas del Estado de derecho, sacando de él a los jueces cómplices y/o parte de la dictadura genocida del ‘76.

No nos reconciliamos, no perdonamos ni olvidamos; exigimos verdad, justicia y memoria por nuestros/as compañeros/as para así poder aspirar a una sociedad democrática y comprometida con lo que pasó y con lo que pasa, siempre con la perspectiva de un futuro más digno y justo.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP. 

(de la edición Nº 17, marzo 2013)

VOTO F2

Cosa de mujeres

La lucha por la igualdad. En noviembre de 1951 las mujeres argentinas accedían, por primera vez, al derecho a elegir a sus representantes a nivel nacional. Por Mauricio Villafañe*

La lucha por la efectiva igualdad de derechos es un proceso histórico dilatado en el tiempo y marcado por vaivenes que consisten en avances y retrocesos; democracia y golpismo se debaten en el escenario de nuestra historia nacional a lo largo de sus 200 años. En esta ocasión, un capítulo especial de esta lucha: la obtención, por parte de las mujeres, del derecho al voto a partir de la ley 13.010, que establece en su primer artículo: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. El 11 de noviembre de 1951 las mujeres argentinas accedían, por primera vez, al derecho a elegir a sus representantes a nivel nacional. Una pista para saber dónde estábamos entonces: el mismísimo Congreso no contaba con baños de damas. ¡Vaya avance en lo que respecta a la ampliación de derechos en un país que ya tenía, desde 1912, su Ley de voto secreto, obligatorio y “universal” (masculino)! Es el peronismo en el gobierno, desde su popular y revolucionaria irrupción en el escenario público y en la historia el 17 de octubre de 1945,  quien viene a poner en discusión todo un estado de cosas heredado de la llamada “Primer Década Infame”. En este devenir y a través de la figura protagónica de Evita, la mujer adquiere una visibilidad inédita instalando, de forma efectiva y concreta, la lucha por la igualdad y el reconocimiento institucional de su nueva situación.

Es en esa lucha realizada por el peronismo que se conquista la ley que consagra los derechos políticos de las mujeres. Evita la entenderá como una “victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional”**. Ella será, en 1951, una de las más de 3.800.000 mujeres que votarán; lo hará, por primera y última vez, por la reelección de Perón y aportando a la elección de las primeras 23 diputadas y 6 senadoras de la historia. Lo extraño viene a suceder luego: las llamadas “dirigentes feministas”, entre ellas la socialista Alicia Moreau de Justo, opositoras al peronismo y resentidas por la incomprensión de esta época de transformaciones profundas, renegarán por lo que consideraban el “arrebato de la demagogia peronista” a una “bandera histórica de lucha”.  La doctora Justo, que tanto bregó por el voto femenino, no votó en 1951. La mezquindad y el absurdo político en su máxima expresión.

Es necesario agregar, como se destacó el rol histórico decisivo que le cabió al peronismo y a Evita, que este avance no se hizo en el aire o de la nada (ni por las conveniencias electorales que denunciaba la doctora Justo) sino con el precedente de figuras que hicieron a este proceso de lucha desde los comienzos del siglo XX. En el año 1900 se funda el Consejo de Mujeres por Cecilia Grierson, militante por los derechos de las mujeres y primera mujer en graduarse como médica en nuestro país. Eso sucedió en 1889, lo cual muestra la cerrada mentalidad conservadora que relegaba a las mujeres, “incapaces” según el Código Civil y bajo la tutela de padres primero y esposos luego. Su rol era el de ser madre, esposa, “ama de casa”, sin relevancia pública y, por lo tanto, ajena a la participación política. Otra figura fue Julieta Lanteri, que tras un juicio logró ser la primera mujer sudamericana en votar en las elecciones municipales de 1911. Fue candidata a diputada nacional por la Unión Feminista Nacional.

En este viaje que la historia es, no hay apuro por llegar. Mes a mes se proponen diferentes recorridos. En esta contribución exclusiva, las mujeres son protagonistas. Pero no desde la empalagosa perspectiva arjoniana sino desde su concreta realidad: madres, esposas, hijas, hermanas, tías, abuelas, novias, compañeras, amigas, viajeras. Y también ciudadanas portadoras de derechos y trabajadoras que reclaman trato digno e igual salario a igual trabajo respecto al hombre. La historia de esa lucha y la profundización de una sociedad democrática que madura tras casi 30 años de vida constitucional ininterrumpida (pese a nubarrones destituyentes), que continúa ampliando derechos son buenos motivos para reflexionar y para seguir viajando. Es ardua, llena de obstáculos y de pesadas herencias culturales la lucha contra la discriminación y la violencia contra las mujeres en todas sus formas, pero bien vale la pena darla desde lo cotidiano y desde la apuesta a una construcción colectiva. *Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP. **Diario Democracia, Buenos Aires, septiembre de 1947.

(de la edición Aniversario 1, noviembre 2012)

 

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¡La guerra nunca podrá con los poetas!

En la madrugada del 19 de agosto de 1936 fue fusilado el dramaturgo, poeta y militante republicano Federico García Lorca, de 38 años de edad, en el marco de la Guerra Civil Española (1936-1939). Por Mauricio Villafañe*

Crecimos escuchando a León eso de “que la guerra no me sea indiferente”. Y vaya si así puede considerarse a esta guerra: fue una guerra entre compatriotas. No pudo ser indiferente en nuestro país ya que tuvo una gran repercusión dada nuestra cercanía histórica y cultural con España, disparando intensos debates y posicionamientos.

No pasó de largo para el convulsionado escenario mundial a partir de que la Unión Soviética aportó voluntarios para luchar por el orden republicano contra el cual se había levantado la reacción encabezada por el futuro dictador Francisco Franco mientras que la Alemania nazi bombardeó Guernica en “apoyo” a los sublevados.

A nosotros, hoy, tampoco nos debería dar lo mismo ya que los crímenes perpetrados son de lesa humanidad (e imprescriptibles, por lo cual exigen memoria, verdad y justicia) al tiempo que la herida abierta por la guerra sangra todavía: el gobernante Partido Popular (PP), en la dura actualidad del ajuste, es el heredero político e ideológico del orden franquista.

España, “periferia” del “Primer Mundo”, encara el siglo XX con contrapeso: la presencia de ciertos factores tradicionales de poder (Iglesia Católica y Monarquía; la comunión entre la cruz y la espada que tan bien se lleva con la derecha), más cercanos al Medioevo que a los tiempos y las tareas que se imponían. Así, en 1923, se da un golpe de Estado para “salvar” a España y ponerla en “orden”.

A principios de la década del ‘30 crecen las condiciones para un cambio de época y para proclamar la República. La constelación que la alentaba era muy variada: republicanos, autonomistas catalanes, parte del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y dirigentes sindicales. El primer paso fue la convocatoria a elecciones municipales que le terminarán dando la mayoría a los republicanos, llevando a la caída del rey Alfonso XIII.

La naciente República dictará una nueva Constitución de avanzada, en 1931, que garantizaba derechos y libertades individuales, establecía políticas sociales, la función social de la propiedad y el derecho a la autonomía. El Estado español eliminó el presupuesto estatal para el clero y auspició una incipiente reforma agraria y laboral en el marco de una creciente movilización social. Pero los grandes cambios de época siempre generaron conspiraciones reaccionarias que entendían que la República era un “ataque” a la tradición y que la autonomía “destruía” la unidad de España.

La tensión va a recrudecer por la lucha de quienes no querían volver atrás y la consecuente represión. Tal dramática situación debía saldarse en una salida superadora: la unión de las fuerzas republicanas de izquierda en el Frente Popular y su triunfo en las elecciones de febrero de 1936.
El clima de agitación y de lucha por prontas reformas sociales marca la gestión del Frente Popular al tiempo que la derecha se decide a ir por todo: el derrocamiento de la República. La une el espanto, el criterio ideológico reaccionario y tiene, entre sus filas, a un “as en la manga”: los traidores del Ejército, que con Franco como líder, se alzan en julio de 1936 contra el orden republicano.

La guerra civil estaba ya en marcha. Las divisiones en el bando republicano respecto a cómo hacer la guerra y cuál era su objetivo (derrotar el alzamiento y salvar a la República ó hacer la guerra y la revolución, superando el tiempo reformista) frente a la unidad de la reacción, fueron determinantes para que en 1939 caiga la última resistencia republicana en Barcelona. La larga dictadura de Franco vino a clausurar una etapa inédita de transformaciones y esperanzas populares.

Fue esta guerra incitada por la reacción la que asesinó a Federico García Lorca; su homosexualidad influyó, un hecho “intolerable” para la moralina reaccionaria de todos los tiempos. Pero, sobre todo, se lo fusiló por ser un referente político y cultural. Siendo director de La Barraca, grupo teatral itinerante fundado por la República, difundía el teatro clásico entre el pueblo. Sus asesinos no se interesaban (ni se interesan) por esto: les resultaba más fácil apretar el gatillo.

(de la edición Nº 10, agosto 2012)

*Lobense, estudiante de Profesorado de Historia de la UNLP.

Tío Sam

EE.UU: el Nuevo orden mundial y el nuevo cielo latinoamericano

A partir de un análisis crítico sobre el rol del país del norte hacia el mundo y nuestra América, Ayer nomás ahonda sobre la historia que hoy miramos un poco de reojo. Go home!!! Por Mauricio Villafañe*

Ya lo dijeron magistralmente los Redondos en plena caída del mundo de la llamada Guerra Fría: son muchos los marines que cuidan por nosotros las puertas del nuevo cielo-orden mundial, regido por las corporaciones financieras y armamentísticas. Son muchos los soldados estadounidenses alrededor del mundo determinándolo. Y vos, cuidado por ellos: cuidado por bases militares, por aviones no tripulados, por servicios de inteligencia y por las hamburguesas del payaso ¿Cuidado? ó ¡Cuidado!

El 4 de julio los Estados Unidos de (Norte) América festejan su independencia del imperio Británico; sus iniciales 13 colonias (las barras de su bandera) determinaron que su destino no estaba regido por la metrópoli europea. El motivo del viaje de este mes atiende a algunos apuntes “no autorizados” sobre la historia de estos estados (las actuales 51 estrellas de su bandera) que alcanzaron, a comienzos del siglo pasado, una posición dominante a escala global que compromete, en este siglo que arranca, el futuro de la humanidad.

Hay un lema que define a los EEUU desde (casi) su nacimiento: es el del “Destino Manifiesto”. Su grandeza era vista como algo inevitable, evidente, necesaria. No podría eludir su propio destino ya que estaba escrito desde el inicio. Este lema cimienta su desarrollo y se encarna en una agresiva política de expansión territorial (su propia “Conquista del Desierto”) sobre el “salvaje” Oeste. Le permite, como cualquier mapa muestra, tener una presencia geográfica- estratégica de costa a costa.

Esta expansión y conquista se va a ver complementada con la guerra- invasión de Texas que enfrenta a EEUU con México, perdiendo éste buena parte de su territorio norte (nótense los nombres de los estados sureños de EEUU, incluso uno se llama Nueva México). Ambas campañas van a fundar su poderío ya desde el siglo XIX. No en vano Simón Bolívar, héroe de la independencia de la América del Sur, ya en 1829 sostenía: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”.

El rol hegemónico que se atribuye EEUU respecto a nuestra región tiene una sanción ideológica en la “Doctrina Monroe” (1823): por ella se convertían en gendarmes de América ante los intentos intervencionistas de las potencias coloniales europeas. Se resume en otro lema: “América para los americanos”. Así se advierte que desde siempre (o casi) se han arrogado el nombre de americanos; véase al superhéroe, marine de los mandarines, Capitán América, y se postulan como legítimos “interventores” en los asuntos que consideran que le conciernen: la marcha y desarrollo de sus intereses (negocios) económicos, geoestratégicos, culturales y políticos.

Resumiendo: ¿Quiénes son los EEUU? Son los responsables de una histórica situación de opresión y dominación frente a los pueblos de la América central, del Caribe y del Sur, que, ante ella, se rebelaron y rebelan. Son unos de los vencedores del nazismo en la Segunda Guerra Mundial pero también son los que bombardearon atómicamente a Japón para lograr su rendición. Son los que le hicieron la guerra a Vietnam. Son los que formaron intelectual y profesionalmente a nuestras Fuerzas Armadas para que dispararan y torturaran a sus propios compatriotas, doctrina de “seguridad nacional” mediante.

Son los que impusieron e imponen dictadores y genocidas y, consecuentes, tienen un campo de concentración en el territorio libre de Cuba. Son los carceleros de cinco luchadores antiterroristas cubanos. Son los financistas de la extorsión que el FMI le hace a las posibilidades de desarrollo real de América Latina y los dueños del capital que contamina nuestra tierra, agua y aire, saqueando nuestros recursos naturales. Son los asesinos de miles y miles de luchadores sociales y políticos.

Son los asesinos de Ernesto Che Guevara, revolucionario argentino y patriota latinoamericano, y los de Augusto César Sandino, líder antiimperialista nicaragüense. Son los que buscan voltear a Hugo Chávez, a Evo Morales, a Rafael Correa (entre otros y otras). Son los que bancan un enclave colonial británico en nuestro territorio.

A ellos los hemos mandado al carajo y les hemos respondido con un nuevo tiempo en nuestra región, que condiciona su histórica presencia a nuestra integración y a nuestras relaciones antes que nada. Como pueblos soberanos determinamos nuestras propias posibilidades de desarrollo y nuestros propios proyectos de país.

Es realidad y deseo: no queremos que cuiden las puertas de nuestro cielo sus gendarmes y gerentes. Su nuevo orden mundial, caído el muro de Berlín y la URSS, es repudiado por los pueblos dignos que quieren ser libres de su tutela. Nuestro cielo es nuestro.

(de la edición Nº 9, julio 2012)

*Lobense, estudiante del Profesorado en Historia de la UNLP.

Foto Carnaval

Carnaval toda la vida

Al historiar, mes a mes en el viaje, se presentan diferentes temas, escenarios, actores (y actrices) como así también perspectivas que son provisorias antes que cerradas o absolutas. Febrero, el más corto de los meses del año, no se achica: siguen las vacaciones, la pileta, el mar, la sierra y el río. Febrero es carnaval.

Por Mauricio Villafañe*
Y esta fiesta popular, recientemente reivindicada y revalorizada con la recuperación de sus feriados por el gobierno nacional, es un buen viaje. Nos volvemos parte de esta recuperación, de este acto de justicia histórica en nombre de la alegría popular, con la firme promesa de no olvidar que estos feriados habían sido derogados por la última dictadura cívico- militar, lo cual muestra la “sensibilidad” de los represores a la hora del reconocimiento a los derechos del pueblo. Entonces, ya que han sido recuperados, a dejar la timidez de lado y a festejar que es Carnaval. En esta ocasión viajamos hasta la Europa de fines de la Edad Media y principios de la Moderna (considerando la clásica periodización “universal”, europea en realidad…).

La “fuente de inspiración” será la lectura del libro de Mijail Batjin titulado “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento” que trata sobre la obra de Rabelais, escritor fundamental del siglo XVI que da cuenta de la sabiduría de la cultura popular europea de la época. Por esto se lo puede considerar un “maldito”, un olvidado por los academicistas al no ajustarse a los cánones establecidos (oficiales) de la literatura. Tanto su obra como el análisis de ella que hace Batjin hablan de la cultura popular, concepto amplio, ambiguo y problemático si los hay.

Pero de lo que podemos estar seguros/as es que el Carnaval es parte de esa amplitud que el concepto tiene. Esta fiesta popular es la manifestación viva de la creación y de la sabiduría popular, con su propia lógica y racionalidad. Una racionalidad que emerge del pueblo mismo, no impuesta, que se halla alejada de las concepciones y formas de los sectores autodenominados de “alta cultura” que buscaron y buscan limitar lo que se entiende por cultura a sus propias expresiones, denegando entonces ese status a toda otra forma como pueden ser las tradiciones populares, tildadas de irracionales, inmorales, propensas al despilfarro, etc…

Por esto, es necesario insistir en un aspecto ya marcado: fue, en nuestro país y hace poco más de 30 años, la última dictadura quien derogó los feriados de Carnaval y fueron los poderes establecidos (grupos de opinión/presión de los sectores dominantes, la Iglesia, ciertos sectores de la dirigencia política) quien han intentando hacer del Carnaval una muestra de lo que la “negrada” puede llegar a hacer atentando contra la “moral y las buenas costumbres”…

Ya desde la Edad Media y Moderna el derecho del pueblo a la alegría que es el Carnaval era visto y vivido como un canal y una forma de oponerse y rebelarse ante la “cultura” oficial como ante la estricta moralina conservadora y feudal de la época. Las expresiones culturales populares eran amplias y variadas, yendo desde fiestas públicas carnavalescas y ritos como producciones literarias paródicas y relatos orales.

También de ellas forma parte lo que hoy podemos llamar dichos o refranes, formas y tipos de un vocabulario familiar, cotidiano, compuesto por expresiones de insulto y lemas populares.
El Carnaval propiamente dicho iba acompañado de actos y ritos como procesiones públicas por calles y plazas, fiestas y ferias con exhibición de “fenómenos” (enanos, gigantes, mujeres barbudas…).

Toda esta expresividad ofrece una visión del mundo diferente, no oficial y externa al poder; un mundo paralelo, un “segundo-mundo”. Es en este momento histórico cuando este mundo, paródico, carnavalero, popular, se vuelve antagónico al mundo oficial ya que se da y desarrolla en oposición a los poderes establecidos. Pertenece a ese amplio mundo toda una particular visión del mundo y de la cultura; en él el Carnaval se erige como la expresión paródica del poder religioso y/o estatal al ser parte de la vida misma, al ser parte de lo cotidiano del vivir y el hacer popular.

Es una expresión vital, atravesada por el juego y las máscaras que nos igualan y nos ocultan para, paradójicamente o no, expresarnos. Es el mundo de la risa y la liberación de las miserias y dramas de la cotidianeidad, es la huida provisoria, alegría mediante, de los moldes de la vida ordinaria. El Carnaval es el derecho del pueblo a la alegría.

Que no se lleven nunca más el Carnaval ya que en él renace y se renueva el mundo sobre más justos principios, ya sea a fuerza de bufones y mascaritas sueltas, de fiestas públicas y creativas carrozas o de murgas y pomos de espuma.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

Manuel Dorrego

El gobernador fusilado

Corrían años tumultuosos desde 1810 con el telón de fondo de la independencia de América del Sur, liderada por las campañas de San Martín y Bolívar que trajo la disputa entre los diferentes proyectos de país.

Manuel Dorrego.

Por Mauricio Villafañe*
Manuel Dorrego (1787- 1828), líder del Partido Federal y gobernador de la provincia de Buenos Aires, fue fusilado sin juicio previo el 13 de diciembre de 1828. La orden fue dada por el general Juan Lavalle en el marco de una conspiración de la facción unitaria-rivadaviana contra el gobernador. ¿Quiénes fueron estos hombres que hicieron parte de la historia grande de nuestro país? Fueron hombres que encarnaron las pasiones y las miserias como también las disputas sobre el sentido y el proyecto de organización nacional que nuestro país se dará tras años de enfrentamientos ¿Por qué se llegó a semejante desenlace, a tan vil fusilamiento? Se llegó por la instigación y la traición a las instituciones; el fusilamiento de Dorrego inaugura la práctica del crimen político orquestado por los sectores de poder contra las aspiraciones populares y sus legítimos representantes. Es el comienzo de la violencia política y la conspiración como estrategia para debilitar a la organización popular. De todo esto bien sabe el siglo XX al ser escenario privilegiado de golpes de Estado y de sus resultantes dictaduras.

Corrían años tumultuosos desde 1810 dada la inexorable fuerza de los acontecimientos, con el telón de fondo de la independencia de América del Sur, liderada por las campañas de San Martín y Bolívar. Los avances y retrocesos en esta tarea marcan el tono de la época, surgiendo la disputa entre los diferentes proyectos de país. Los años 20 del siglo XIX serán claves para entender tal disputa: la disolución del poder central (el Directorio) en 1820, abre una etapa de fragmentación que tiene a las provincias del llamado “Interior” renegando de la opresión y las arbitrariedades porteñas (centralismo político y expoliación de los recursos de las economías regionales).

La Argentina “profunda” se rebela contra un estado de cosas comandado desde la ciudad-puerto: en las provincias emergen los “caudillos”, expresiones que condensan liderazgos populares. El status quo porteño (oligarquía agraria y comercial) tenía, por su parte, como figura estelar a Bernardino Rivadavia, hombre referente del Imperio Británico en estas latitudes. Su ascenso político va a significar un duro golpe para el federalismo y va a condicionar la independencia suramericana recientemente obtenida en la batalla de Ayacucho, en 1824. Este mismo año se reúne, por iniciativa de Buenos Aires, el Congreso Constituyente y en 1826 se dicta una Constitución de inspiración unitaria (porteña, centralista). De esta manera se legitimaba la posición del grupo rivadaviano en el poder, atando los destinos de estas tierras al imperialismo británico.

Patriota revolucionario
Sin embargo, los pueblos de las provincias liderados por sus caudillos rechazan y se oponen a los “hombres de casaca negra” (en referencia a los rivadavianos), haciendo a su caída y al ascenso de Dorrego en 1827. Era, por entonces, jefe indiscutido del federalismo y un convencido patriota revolucionario, de una extraordinaria sensibilidad popular, conocido como el “Padre de los pobres”. El resentimiento unitario no tardará en hacerse notar: lo hará instigando a Lavalle a derrocar al gobernador legalmente constituido. Uno de los que “animó” a Lavalle a tomar la decisión del fusilamiento fue el doctor Salvador María del Carril, futuro vicepresidente de Urquiza. La burda argumentación unitaria hacía referencia a la “anarquía” en la que caería la República por el caudillaje provinciano apañado por Dorrego. Un anticipo de la zoncera sarmientina “civilización o barbarie” (ver Ayer nomás de septiembre. Sarmiento revisado: La verdad detrás del “Padre del aula”).

La disputa era política y cultural, exponiendo claramente dos proyectos de país en pugna. El proyecto que se impone lo hace al costo de la sangre derramada de Dorrego. Se sabe que Lavalle se arrepintió y denunció a los instigadores del crimen. Esto no lo exime de su tremenda responsabilidad histórica, manchando para siempre las armas de un soldado de la Patria Grande con la sangre de un compatriota. Fue, sin lugar a dudas, el máximo responsable del fusilamiento de Dorrego, junto a Rivadavia y su grupo.
Esta modesta columna no pretende, como ejercicio histórico, ser el tribunal de nadie. La historia no es un juzgado pero sí un arma, tanto de justificación como de reivindicación o reparación. Este viaje no es neutral (ni podría serlo): va a la memoria del coronel Dorrego, valiente héroe en la lucha por la independencia, patriota de la primera hora, honesto funcionario público, líder popular y mártir del federalismo**.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.