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Circo Espacial o el arte en movimiento

Desde hace más cinco años, la compañía Espacial viene sumando conceptos que sobrevuelan diversas formas de abarcar los espacios. Así, en cada presentación se puede observar la perseverancia, los trabajos en equipo y algunos dejos de locura, amistad y el camino hacia el cosmos. Bienvenidos a un viaje sobre las experiencias de cinco mujeres que no están locas, pero que cuando salen a escena pueden hacer sentir que aquello que parte de los deseos se convierten en reales al hacer sentir.

Pactar esta entrevista llevó tiempo, varios llamados, idas y vueltas, pero no porque las chicas de Circo Espacial sean estrellas, sino porque las actividades semanales están todas programadas —con mucha anticipación— básicamente en ensayos, clases, funciones, viajes y reuniones varias.

Mariana Lacoste, vía telefónica nos explicó: “Es que con las chicas estamos a full, todos los días ocupados. Seguro nos queda un hueco el día… (piensa) eh, el jueves a las seis”. Así fue.

A la salida de un lote de alumnas en las escaleras de la entrada de la Casa de la Cultura, Giovanna Apella, Juana y Sara (7) Banchoff Tzancoff y Federica Citaroni cuentan sus experiencias.

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Les preguntamos cuánto hace que vienen haciendo espectáculos con el Circo. Giovanna no duda. Son más de cinco años en los que la agenda mensual siempre contuvo algún punto en dónde focalizar el esfuerzo y mostrar aquello que muchas veces se parece a la buena nueva, porque no todos se enteraron, pero seguro se lo comentaron.

En su web —www.circoespacial.com.ar— la Compañía sostiene que “los artistas nos muestran a través de la música, la danza, el teatro y las acrobacias, otras formas de disfrutar del arte en movimiento”. Suman, además, que en su plan desplegado “logramos divertir y emocionar a personas de todas las edades, con espectáculos audaces para toda la familia, grandes y chicos, demostrando de cuántas maneras puede volar el ser humano”.

Circo Espacial reúne creaciones propias, integrando disciplinas variadas como son la acrobacia aérea y de piso, el swing, malabares, danza, teatro y payasos.

El argumento que construye esa idea de no parar jamás es la recepción de su amplio público. En cada función los más chicos se acomodan en primera fila, los padres aplauden y las hermanas toman fotos.

Así pasó una tarde de invierno en Plaza Tucumán, cuando armaron la estructura para hacer tela, montaron el biombo y en menos de veinte minutos invitados y curiosos que al pasar se quedaron, el Circo Espacial se brindó para más de trescientas personas, sí, trescientas personas que no pararon de aplaudir a estas chicas que siempre tienen algo nuevo con qué sorprender.

El mismo grado de entusiasmo se vivió en el camping del Club de Pesca Lobos a principios de este año. En pocos minutos unos cincuenta niños observaron el espectáculo, donde además se sumó María José Ávalos, el personaje que se sorprende por los desafíos de las locuras de los números de Circo Espacial, comentando con la escoba en un codo, los pelos alocados y el rostro con incertidumbre.

En ese camino, las obras montadas de forma itinerante las llevó a varios puntos de la provincia donde junto a otras compañías espaciales desplegaron una forma distinta de sentir un show que podría ser caratulado como “poco convencional”.

Además, Circo Espacial cuenta con un centenar de alumnos de distintas edades, que descansan sólo algunas semanas en el receso de verano. Luego, durante el comienzo de cada año el Circo se pone en marcha para desarrollar las prácticas que luego, a fin de año, muestran en el escenario de la Casa de la Cultura.

¿Cómo definirían el presente de Circo Espacial?

Giovanna Apella: Circo Espacial, en estos momentos, está como en potencia, en muchas cuestiones. Estamos tratando de intentar con otras cosas, más nuevas, que antes fueron proyectos a largo plazo y ya llegó la hora.

¿Cuánto hace que están en el Circo las hermanas Banchoff?

Juana B.: Yo, hace más o menos cinco años y Sarita, cuatro. Cuando tenía ocho o nueve años, la edad que ahora tiene Sarita, había comenzado con las clases de circo, fui una de las primeras alumnas. Lo hice un tiempo y me encantó. Siempre iba a ver todos los espectáculos de circo que venían a Lobos. Después de un tiempo, retomé las clases y cuando empezó la movida de trapecio y acrobacia, que son los que más me gustan, ahí sí, arrancamos por todo. En mi primera varieté fue un número con flauta traversa. El otro año hicimos con Sara la del sillón, luego el del inflador que lo armamos el año pasado.

¿Qué cambios notan con el paso de los años en Circo Espacial?

Giovanna: Al principio los números eran más independientes, no tan orgánicos como ahora. Esto es parte del crecimiento también, de que estén todas las actividades regidas por un hilo conductor. Estamos incorporando nuevas disciplinas, además. Eso habla del crecimiento a lo largo de las temporadas, donde sentimos que estamos siempre apuntando bien arriba.

Juana B.: Cambia mucho el hacer y preparar eso que tenemos para mostrar en un número individual. También cambia mucho a la hora de pararse en el escenario sola que cuando está todo en conjunto. Cuando llevás mucho tiempo actuando con una persona, la conocés bien. Eso siempre es mejor que concentrar de modo individual.

Sara, ¿cuándo decidiste sumarte al Circo Espacial?

Sara B.: Porque un día, Juanita quería hacer algo y yo no sé cómo lo hice y me gustó hacerlo, y por Juanita empecé a hacer circo.

Recibieron una mención especial en Saladillo: ¿Lo esperaban?

Giovanna: Esta vez fuimos a participar del certamen, es decir, asistimos a una competencia, aunque ninguno lo tomó de esa manera. Surgió a fines del año pasado “La encrucijada del ombú”, show que desarrollamos actualmente.

Juana B.: Creo que si uno se divierte mientras está haciendo el espectáculo, la gente lo ve y lo siente. Eso nos pasa cuando salimos a escena con “La encrucijada…

Giovanna: Ahora estamos con una puerta gigante abierta, pero básicamente lo del Circo es disfrutar: cuando practicamos, cuando preparamos el vestuario. Lo mismo en verano con todo el calor, nos juntamos a las nueve de la mañana para no parar, siempre. Salimos a escena para divertirnos y pasarla bien. Después de la mención, el jurado nos remarcó la forma en que representamos lo que hacemos. La obra aun no está cocinada del todo, digamos, por eso deseamos mostrarla para que tome una forma completa que demuestre eso que planificamos.

El título “La encrucijada del ombú” dice muchas cosas, ¿cómo lo pueden explicar?

Juana B.: Es una mezcla de humor, teatro y circo con distintos pasajes. Es la historia de cinco mujeres en busca de un trabajo, a la deriva. Todas con distintas personalidades, muy diferentes. Los personajes tienen un acercamiento al desarrollo del clown. Surgió como una libre interpretación. La situación del diablo, un cruce con los personajes. En cada anclaje van surgiendo cosas propuestas. “La encrucijada… son ideas paisanas, fue saliendo así. Siempre estamos planeando números para hacer.

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¿Qué planes contemplan para 2014?

Federica C.: La idea para el año es hacer una nueva varieté donde se pueda plasmar todo de manera más unida. Lo que hacemos en cada varieté incluye otras disciplinas como la música y la danza contemporánea. Está bueno encontrar en un grupo personas con las que compartís muchos intereses, de trabajar, no parar y seguir.

Giovanna: Al ser todas mujeres tenemos diversas perspectivas. Es al revés de como se piensa, sobre que los grupos de mujeres son bravos. Nosotras tratamos de llevar a cabo las ideas de todas.

Federica C.: No somos conflictivas, sino que tratamos de consensuar todo. Por ahí, un día una está mal o con un mal día lo que no hace que eso se refleje en cada encuentro. Nos apoyamos mutuamente en todo.

Foto de portada e interior por Guaqala

(de la edición Nº 30, abril 2014)