Clonazepam

Clonazepam

Por Thomás Gui

Desde un pucho mal apagado sube una fina línea de humo que hace un par de remolinos y se pierde hacia el techo. El techo está demasiado cerca de la cabeza.—Tu problema es que sos un cínico sin posibilidad de recuperación —dice ella.
—El problema es que hay una posibilidad de recuperación y eso me trastorna bastante —responde él—. Tal vez no sepas el significado de cínico y hayas esperado todo este tiempo para decírselo a alguien en pos de herirlo. Ni mella. Será problema tuyo que yo no le sonría a los bebés.
—No te querés a vos mismo y eso hace que odies a los demás.
—La autoestima está demasiado sobrevalorada, como los bebés y sonreírle a los bebés. También los cachorros, los días de sol en una plaza y decir que sí.
—No se puede hablar con vos.
—Creo ser uno de los pocos con los que se puede hablar de algo. Si hablar es sonreír y asentir, entonces nunca he dicho una palabra en mi vida.

Ella se para. Está descalza, con una remera larga que le llega hasta la mitad del culo, sin nada debajo de la remera. Los pezones se marcan al frente. Prende un pucho y le da un par de pitadas largas. Hace que fumar sea un acto delicioso.

—No nos pongamos tensos, corazón. Después de todo, sólo somos vos y yo y la lluvia ahí afuera —dice él, en un tono suave.
—¿No podés querer? ¿Tanto te cuesta? —ella grita, el humo sale desordenado de su boca.
—Quiero todo lo que quiero pero no quiero ni un centímetro más allá de aquello. No puedo empatizar con alguien ni asimilar algo que no es mío y que no debería serlo, sobre todo si es algo que corre por las venas y estalla en el cerebro.
—Nadie quiere a alguien con tanta carga negativa.
—Nadie quiere a nadie. Todo es egoísmo. Me decís que hay que querer, pero el querer está condicionado por recibir mucho dando poco y porque siempre salga todo bien. Cuando las cosas se ponen difíciles corren a sus cuevas, que la realidad no los toque, que no vean derramar una lágrima. Lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo.
—Una lástima que pienses así. Te perdés algo grandioso, te perdés poder amar.
—El concepto “amor” es como el concepto “buena salud”. La buena salud sólo consiste en que no mueras más rápido de lo que deberías. Nunca te va a pasar que el médico te diga “tiene, usted unos pulmones de acero, puede fumar cinco atados por día y va a vivir hasta los 120 años sin problemas”, te conformás sólo con un “no es cáncer”. Con el amor pasa lo mismo. Cuando la mierda se espesa todo se viene abajo y comienzan los discursos constituidos por frases hechas.
—No puedo escucharte un segundo más —dice ella, mientras se para y comienza a vestirse—. No creo que nos volvamos a ver.
—Una lástima. Me encanta verte fumar.

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(de la edición Nº 39, ene/feb. 2015)