14-Por NBM

Cotidianeidad trascendental

Por Menocchio

Usted sabe, me llamo Sergio Moreira, tengo treinta y seis años y hace tres años que estoy acá, en Lobos. Que loco, ¿no?, yo ni si quiera sabía ni que existía Lobos. Yo vivía en Merlo pero nací en Córdoba, Villa María, en el departamento General San Martin. Cuando tenía quince me fui a vivir a Merlo con mis viejos. Ahora tengo siete hijos, pero antes de venirme a Lobos tenía seis (Benjamín nació acá en Lobos). Yo no tenía trabajo ¿viste? estaba complicado el tema y bueno, salí a buscar trabajo. Fui a Padua que está cerca de ahí, de Merlo. Cuando llegué vi en una cartelera que había trabajo en una carnicería, en Mariano Acosta. Mariano Acosta es al lado de Pontevedra, Marco Paz ¿viste?, por esa zona. Moreno, Merlo, todo por ese lado.

Bueno, yo soy carnicero ¿viste?, entonces me fui hasta allá. Ese día andaba con un poco de plata encima así que agarré, me tomé el 136 y me fui hasta Mariano Acosta. Me tome el 136 porque si no tenía que ir en el tren hasta Merlo y hacer transbordo a Mariano Acosta y toda la bola, así que dije “ma’ si me voy en colectivo”.

Cuestión que había andado toda la mañana y entre pito y flauta se me hizo como las diez y media de la mañana. Fui a dar la prueba a la carnicería, me hicieron hacer unos cortes ¿viste?

Desposté un poco una media y bueno, nada, me dijeron “cualquier cosa te llamamos”. Y eso que te dicen que después te llaman ¡olvídate! A vece’ tenés suerte igual. Cuestión que se me hicieron como la una, y estaba cagado de hambre, de sed, de sueño, de todo ¿viste? Me habían sobrado unas monedas y pensaba: «¿Qué hago, me compro un chori o un paquete de cigarro?» ¡Ma´ si! Me terminé comprando un paquete de cigarro para que me calme un poco porque estaba cagado de hambre y de sed ¿viste? Me prendí un pucho, hice un par de cuadras, pregunté dónde estaba la estación, me dijeron ‘hace así, asá y enfilá por la avenida’.

Y así fue. Agarré la avenida, llegué a la estación con un sueño que me moría. Pregunté de qué lado paraba el tren y un tipo me dijo “de tal lado”. Un pelotudo el tipo. Bah, igual el boludo fui yo que agarré y me subí al primer tren que pasó. Había estado buscando trabajo todo el día, estaba medio perdido, cagado de hambre, nervioso, no sabía qué iban a comer los chicos, y comoés’, y me quedé dormido ¿viste? Perdido y cagado de hambre como estaba, me quedé re dormido ¿Y a dónde vine a parar? Estaba re dormidazo ¿viste?, y el guarda me sacude y me dice:

—Eh, eh muchacho.
—Sí — le digo — ¿qué pasa? —con una carita de recién levantado terrible.
—Llegamos —me dice. Yo miraba y era todo campo, campo y campo y pensaba ‘dónde mierda estoy la concha de la lora’ y agarro y le pregunto. —¿Esto es Merlo?
—¡No! —me dice— esto es Lobos.
—¿Cómo Lobos? —yo no conocía lo que era Lobos.
—Sí.
—¿Y ahora? —le pregunto. Porque no entendía nada ¿viste?
—Y nada, esperá hasta menos veinte que salimos de vuelta —me dice.

Era como las cinco de la tarde y yo estaba en Lobos que no sabía lo que era, para colmo no había conseguido trabajo y ya había perdido el día ¿viste? Entonces me pegunta el tipo, el guarda.

—¿Qué andas buscando? —y le conté la verdad ¿viste? Que no tenía trabajo, que tenía familia y que sé yo.
—¿Por qué no probás suerte acá? —me dice—. Acá hay carnicería, hace falta mano de obra. Mira ésta es la calle 9 de Julio, fíjate y probá. Tenés trenes a las seis menos veinte, otro a los ocho y media y a las diez de la noche. Y bueno, agarré y salí a caminar ¡Total! perdido por perdido. Y así fue nomás. A una cuadra nomás de la estación encontré una carnicería, en la 9 de Julio. Entro ¿viste? Saludo, pregunto, todo.

—Mirá,  yo estoy completo —me dice el carnicero— pero sé de una que necesitan, se llama “El ciclo”.

Y me fui hasta ahí. Me tomaron la prueba y nada, me dijeron ‘mañana empezás, te doy una changuita por tres días’.

Bueno, cuestión que estuve tres meses durmiendo en la estación de Lobos para ahorrar plata. Dormía sobre un cartón y nadie sabía nada ¿viste? Por esos días se comunicó conmigo la Negra y me dijo ‘vos tenés trabajo allá pero yo tengo acá a los chicos y a la nena enferma ¿qué vamos a hacer?’. Entonces agarre y le dije al patrón.

—¿Qué hago me quedo o me voy? —y me dice— ‘Bueno, vení y alquilamos.

Entonces usé la plata que había ahorrado durmiendo en el piso de la estación y además me ayudó toda la gente de acá. Hoy por hoy hace cuatro años que estoy trabajando para el mismo patrón, para el mismo hombre. No sé si me tendrá lástima el culiao este, pero yo estoy muy agradecido ¿viste? Yo nunca me imaginé una cosa así. Hasta el día de hoy me siguen ayudando.

Es impresionante, porque yo llegué acá sin nada. Llegué con una mochila. No, dos mochila, un termo con leche para Anahí que era chiquita. Y hoy por hoy tengo mi familia, conseguí trabajo, estoy alquilando una casa. Ustedes dirán ‘una historia loca de tren’, pero no, no es así. Para mí fue que alguien dijo ‘dormite que vas a llegar y vas a conseguir algo’.*

*Versión libre de la anécdota contada por Sergio Moreira.

Foto de portada por Nico B Mansilla

(de la edición Nº 31, mayo 2014)