Molina Campos

Cuando chacareras comienzo a cantar

Nos escapamos (siempre vale la pena hacerlo) del relato histórico y nos ponemos a hacer palmas pero no a pedido de algún bronceado cantautor caribeño sino al ritmo de los artistas de nuestra tierra.

Molina Campos

Por Mauricio Villafañe*

Hablaremos de la chacarera, una de nuestras melodías más lindas. Santiagueña como la siesta, no es un objeto de museo ni un recurso para una fiesta de disfraces sino parte fundamental de la expres

ividad y la cultura popular argentina y latinoamericana, que se siente, se canta y se baila hoy, acá y allá. Ah, y no es necesario hacerlo vestido como Juan Carlos Saravia, eh. Valen las zapatillas y el jean, vale la ropa de todos los días (un mensaje tanto para los que desprecian o no comprenden las raíces y costumbres nativas como para románticos esencialistas).

Eso si, una primera salvedad: no podré hablar o poco tendré que decir sobre cuestiones técnicas sobre cómo componer una chacarera ni describir los pasos para bailarla.

Sí decir que hoy, con el retiro de los grandes grupos tradicionales, los mayores exponentes del sentimiento y ritmo de la chacarera son Los Manseros Santiagueños. Estos grandes del folklore llevan más de 50 años sobre los escenarios, con presentaciones multitudinarias como pocas, alentadas por valores como la alegría, la amistad, la nostalgia y el amor al pago.

La esencia santiagueña de Los Manseros se revela en sus letras que son ya verdaderos himnos provinciales e íconos de la música popular.
Para no pecar de inmediatismo, pongamos un poco de contexto.

El resurgimiento del folklore en los ‘60 le dio un nuevo impulso a la chacarera que, de la mano de las primeras ediciones de los hoy tradicionales festivales, logró llegar a expandirse fuertemente en las ciudades gracias a los compatriotas venido del “Interior”, la enorme llegada y auge de la radio y de la aún muy incipiente tevé.

Es acá cuando surgen los grupos y solistas de la talla de Los Chalchaleros y los ya mencionados Manseros, Atahualpa, Jorge Cafrune, Mercedes, los Hermanos Ábalos. La lista es tan grande como arbitraria pero no podemos ni queremos obviar el apellido Carabajal a la hora de hablar de chacarerear.

Esta enorme y talentosa familia de músicos es sinónimo de este ritmo a partir de la figura de Carlos Carabajal, el “Padre de la chacarera”.

Por otra parte, el hoy. La escena actual esta fuertemente impregnada por una tendencia melódica que se basa en el viraje comercial de buena parte de los artistas de este género hacia un estilo que se “inspira” en Los Nocheros y Abel Pintos pero sin serlo.

Sí voy a destacar la obra de Raly Barrionuevo, joven músico y compositor santiagueño, un artista militante y comprometido con las causas de su tiempo. Desde otro palo, Divididos siempre chacarereó (“La flor azul”, en su último disco Amapola del 66 de 2010) y es el exponente rockero de la riqueza de los entrecruzamientos y el reconocimiento entre estilos y Bersuit, en “La argentinidad al palo” (2004), usa una base de chacarera para que el tema vaya para adelante. Otra vez, un par de arbitrarios ejemplos que cualquier viajero o viajera podrá engrosar a su gusto.

La chacarera es un sentir más que un ritmo o un baile. Viene de nuestro noroeste, una región de fuerte presencia quechua, herencia de la expansión del imperio inca hasta estas latitudes.

Se toca básicamente con guitarra, bombo y violín; las palmas y las rondas de las parejas siguen el ritmo al calor de zapateos y zarandeos y de los clásicos “¡Primera!”, “¡Segunda!” y “¡Adentro!”. Diremos también que su nombre viene de chacarero, trabajador de una chakra (maizal en quechua). Se revela así su origen campero y trabajador, primordialmente popular.

Un poco de chacarera, amigos y amigas. el viaje busca pareja cuando arranca el rasgueo de la guitarra y el pedido de palmas, se cuadra y se pone a chacarerear en honor a la música popular argentina y en reconocimiento a nuestras propias costumbres y tradiciones que, de última, son las propias.

Si no sabemos de dónde venimos nos va a costar saber valorar lo demás y, sobre todo, vislumbrar para qué lado vamos.

*Estudiante del profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 29, marzo 2014)