Escuela 1

Divinos tesoros

Por Félix Mansilla

La idea de hablar de educación se trata de un tema complejo en el que todos debemos asumir responsabilidades. Las preguntas sin respuestas abundan/flotan/permanecen como amplios desafíos. No basta con llenar las escuelas de computadoras sin un plan de funcionamiento. Tampoco es necesario que esto no sea así.

Las PC forman parte del presente, del futuro, son la herramienta de comunicación actual; que los alumnos cuenten con ello es importante, pero no alcanza. El plan debe ser acompañado por una política de prácticas, tanto para los que están aprendiendo como para aquellos que son los encargados de hacer aprender. Dar el punto en el uso, en los contenidos, que sean los que preparen lo que vendrá.

La primera preocupación, hace a la inclusión digital y tiene que ver con reducir la brecha entre sectores sociales y entre generaciones en el acceso y en el uso que se hace de las nuevas tecnologías. Como indica el especialista en Educación Juan Carlos Tedesco, “un tema no menor es que las nuevas tecnologías se desplazan a escala global, y los Estados nacionales parecen tener limitaciones técnicas y estructurales para regular los flujos existentes y también para contraponer dinámicas o intenciones en esa velocidad y escala” (2005).

Otra de las cuestiones, es el desfasaje en cuanto a las relaciones generacionales entre padres e hijos, la cual implica una distancia en la que cada uno de los factores se proyecta en sentidos relacionalmente definidos desde el discurso mediático, como puente entre el mercado y sus potenciales consumidores, con las diferencias que acarrea.

La definición del diccionario, indica que discriminar es la acción y el efecto de “separar, distinguir, diferenciar unas cosas de otras”. Además, discriminar es dar trato de inferioridad en una colectividad a ciertos miembros de ella. Raciales —negro/blanco/oriental—, religiosos —judío/menonita—, políticos —radicheta/peroncho—, etc.

Dicha selección de rasgos es una operación funcional al reconocimiento inmediato de un individuo bajo etiquetas como “negro”, “villero”, “judío”, “boliviano”, “discapacitado”, con claros de homogeneización derivadas de los prejuicios o estereotipos sociales apuntados desde quienes lo predican. Son tiempos de cambiar.

Es fácil descargar aquello que los mayores no logramos en los comportamientos de la juventud, de los más chicos, que no son más que el reflejo fresco de aquello que se mantiene con el status de normal. El mensaje se vuelve siempre el mismo, sin reparar en los errores o en las cosas a mejorar para que los más chicos no sean los culpables.

Un claro ejemplo de todos los años, es esa frase —reiterada hasta el infinito en los medios— que dice en vacaciones de invierno: ¿Qué hacemos con los chicos en estos quince días? Dicha concepción, proveniente del mundo de los adultos, no hace más que confirmar las reglas: del mercado, de esa visión de que para que los más pequeños no molesten en casa los llevamos a: consumir, a gastar el tiempo, a salir porque en el hogar molestan.

Además, llevando el tema hacia la Educación, se puede considerar que eso que se piensa conduce a remarcar sobre las instituciones escolares como lugares de depósito de niños, que van a aprender, pero también son el lugar para que no estén solos en casa, porque sus padres trabajan.

Otra de las variantes sobre lo negativo en el comportamiento de los niños, es esa que dice que “la juventud está perdida, nada se puede hacer”. Así, el ejercicio debe conducir a repensar la construcción subjetiva sobre el rol de la familia, las escuelas, el crecimiento y el lado compartido: educación en casa, en la escuela y en la vida. Cabe agregar que los cambios que se han dado a lo largo de la historia en el modelo de la familia, se corresponde a alteraciones en la organización en el seno familiar.

Esto conduce a analizar que existen nuevas formas en los vínculos, carentes de la significación que contuvo en el pasado. Los distintos tipos familiares cambiaron: familias ensambladas, ampliadas o monoparentales. De allí, que en dicho contexto la institución escolar no contenga las mismas maneras simbólicas, porque no cuenta con un factor determinante en cuanto a las subjetividades. Podemos plantear que la actualidad conduce a pensar que existen muchos espacios vacíos en donde la escuela mantiene poca comunicación ante los cambios.

La escuela actual cuenta con un acrecentamiento en las demandas por sobre ella, con respuestas que deben ser atendidas de forma inmediata, atentas al desarrollo de las nuevas formas de infancia. Por eso, el asunto requiere el reconocimiento de la igualdad en dignidad de todos y de cada uno de los integrantes de la sociedad, puente necesario para promover la convivencia en la diversidad cultural en la que todos somos parte.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)