Foto edic 13

Editorial fin de año: Nueva era viejas mañas

Foto edic 13

“Estamos en el tiempo en que el ser humano vive por razón de ser”, cantaba Pappo en la medianera de los 70’s. Ahora, parece que la posmodernidad ataca desde otro punto más binario, dividido entre algo que es y otro que no es. Es como el River/Boca de la era 2.0. La cosa nostra ahora se imparte desde un método tan dispar como ambiguo y poco relativo, que no deja espacios para la mínima reflexión.

Parece que es así: te gusta o no te gusta, pero de éste último nadie se entera. Entonces, se hace difícil concretar un análisis de aquello que día a día surcamos en las nuevas/complejas redes sociales, que en gran parte de los sucesos cotidianos funcionan como termómetros de lo que parece que ocurre fuera de casa.

Hace falta que alguien desgrane alguna opinión en contra o a favor dé para que se disparen insultos o rebalsen de buena onda, sin argumentos, claro, pero sí con esa empatía que genera leer los mensajes como una realidad.

“La gente en las redes dice que…”. No son las mejores formas, son las que están y son las que usamos en esta nuestra era. Pero de ahí a creer que todo eso es real, es como pensar que todo la verdad transcurre en una pantalla de televisión o en las letras de molde de los diarios. La subjetividad abunda con muchos argumentos que la hacen verdaderas, centradas, reproducibles en cadena.

Falta ahondar en los conceptos, falta predisponerse como negadores desconfiados para poder mantener un hilo pensante que escape a eso que se nos presenta de modo inabarcable.

Todo no te puede gustar, pero sí podés desgranar buenas ondas, es cierto. Hace poco, le preguntamos a una joven que era para ella la opción Me Gusta de Facebook. Dijo que muchas cosas, que es una manera de decir presente o de estar de acuerdo con eso que publican los “amigos del Face”.

Ante la repregunta de si todo le gusta, dijo que no, pero que veía a la opción como un código que también dice, muchas veces, “sabé que estoy con vos”. Por eso, contó una anécdota simple, pero que sirve de ejemplo para demostrar que por ser una nueva herramienta no sabemos usarla del todo bien. Hacía pocas horas que había fallecido el abuelo de un compañero del colegio. Su amigo, publicó la mala noticia “y yo le puse Me Gusta, pero después pensé: no me puede gustar que se muera una persona (…) mi mamá lo vio y me dijo lo mismo. Lo que no pude explicarle es que poner eso no fue para decir que me gusta, sino una manera de decirle a mi amigo ‘ahora lo sé, por eso, te banco en esta’”.

Aprender los usos de las nuevas tecnologías también nos hace crecer, pero también nos atrasa, nos quita responsabilidades o malgastamos sus formas. Son nuevas posibilidades de vivir la realidad aquella que se nos presenta a cada momento. Te avisan del cumpleaños de todos tus contactos, te avisan de los eventos a los que le pusiste “asistiré”, te avisan todo que hasta se volvió demodé ir a un almanaque para ubicarte en el tiempo.

Somos contemporáneos a ese modo de comunicarnos que dice, entre líneas, “es como tenerte acá”, pero sobran las distancias que ahora son/parecen menores. Preguntate cuándo fue la última vez que escribiste una carta en papel, con lapicera, la llevaste al correo o la enviaste con una persona de confianza ¿Hace mucho?

El tiempo nunca se detiene

Por otra parte, no hablar de que 2013 se fue no es poco. Por eso, van los saludos correspondientes, para pensar que lo que pasan no son los días sino la vida, los caminos de eso que se construye para el recuerdo. Que 2014 nos encuentre plenos de luz, llenos de ganas. Es el deseo de muchos y el nuestro.

Abracemos como osos, amemos como niños, sonriamos como personas si es que vale la pena vivir con la onda que tiene el bien/mal ponderado Me gusta. Miremos a los ojos, entonces, nada importará tanto como esos reflejos en las ventanas de nuestra esencia.

(editorial del Nº 26, diciembre 2013)