Leer es olvidar

Editorial Nº 23: Leer es olvidar

Leer es olvidar

Abogando en pensamientos de primavera, cantamos acordes: “Nace una flor, todos los días sale el sol, debes en cuando escuchas aquella voz (…)”. Bella canción, que además nos comunica algunos pasajes de la vida, en forma de metáfora pero con puntos reales, como sentir.

El mensaje sigue. “Mamá la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón. Te pueden corromper, te puedes olvidar pero ella siempre está”. 

Elijamos la libertad, de ser lo que nos proponemos, lo que soñamos por mínimo que fuera. Esa parte del asunto, la leemos en las palabras del deportista Ezequiel Morales, quien lejos de la Argentina arma su propio cielo, todos los días.

Una esperanza de que se puede, una manera distinta de afrontar aquello que solos o de a muchos nos proponemos. Inconsciente colectivo, dice: “Pero a la vez existe un transformador que te consume lo mejor que tenés. Te tira a atrás, te pide más y más y llega un punto en que no querés”.

Por eso, volvamos a lo simple, a lo certero, que es el camino mismo de cada uno de nuestros días. A pesar de todo, digamos basta a eso que envenena: la mentira, el aparentar, el querer ser por, el compromiso falso, la mirada rapaz, las intenciones que aparecen del mal.

Leer es olvidar. Mientras posamos ojos/mente sobre el papel o la pantalla, todo el mundo exterior —de algún modo posible— deja de ser tan real, inmersos en líneas rectas. Todo forma parte de un placer artificial, pero no irreal.

Cuando leemos viajamos, nos transportamos mediante historias, noticias, chismes o lo que nos empuje a concentrar algunos segundos del aire en la lectura. Creemos que es la única manera de muchas para comenzar a resignificar los mensajes, esos que se crean con objetivos claros, aunque de modo metafísico, que es lo que al final nos atrapa: la práctica de interiorizarse con nuestro adentro.

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)