Editorial Nº 29: A veces la memoria

Es necesaria para saber que estamos vivos. La falta de memoria y sus motivos, hace que el siempre continuar se vea opacado, específicamente, por carencia de un pasado que la aleja de su construcción presente. Por eso, en el recorrido —más tratándose de un mes simbólico en la Argentina como marzo— la decisión de hacer memoria no es casual.

No queremos más renegar del pasado, sino fomentarlo para que recordar no sea como mirar un álbum familiar al que observamos nostálgicos, diciendo “cómo pasó el tiempo, che”. Ese pasado común como pequeña comunidad que somos nos debe conducir al repaso constante. No se discute el pasado o cuando lo hacemos, el parámetro actual —demasiada agua bajo el puente— no nos permite ir al punto esencial que es —básicamente— revisar para que el hoy vaya más allá de la agenda de aniversarios.

Es quizá un error suponer que nos falta memoria a los lobenses, pero cuando no se ven los recuerdos es el momento puntual en el que empiezan a desaparecer. Debatir es mejor que callar, pero que no se entienda debatir como pelear o confrontar con el otro que no piensa como nosotros. Cuando el diálogo con el pasado se mantiene desde una línea de respeto hacia la memoria, nos enseña, nos permite ir a fondo sobre lo que se construyó (bien o mal) o lo que simplemente se construyó así.

La misión de este viaje, entonces, se desliza así, con el recuerdo como puntal, con la memoria asumida y el sentir que podemos crecer mirando atrás para no repetirnos más.

(Editorial de la edición Nº 29, marzo 2014)