Nicolás Vassaro

Editorial Nº 39: Verano recargado

En los primeros días del mes de enero y a mediados del mismo, las noticias surcaron la muerte, hubo cruces, intereses políticos pero también religiosos a nivel mundial con el atentado a la revista de humor gráfico Charlie Hebdo, en Francia.

Las lecturas —presentes, apresuradas— sobre dicho caso, van más allá de aquello que las pantallas del mundo nos muestran: debates sobre la libertad de expresión surcada con la ofensa religiosa. Todo es cuestionable, pero la violencia no se justifica bajo ningún apotegma derivado en creencias religiosas o de la índole que sea. Lo cierto que el uso de la violencia todo lo abarca. Sin embargo, la cuestión excede el uso de esa violencia.

Las noticias que llegan de Europa indican que el atentado en donde mataron a los doce dibujantes de la revista convive con el racismo liberal de la derecha del viejo continente que ahora tiene más motivos para movilizarse en contra de aquello que les causa miedo, repulsión y odio, sobre todo los inmigrantes. Analizar esa cuestión, rodeada de violencia y venganzas, nos acerca a la noticia de la muerte del fiscal Nisman, aquí, en Argentina.

Las dudas sobre el móvil del supuesto suicidio, del suicidio inducido o asesinato, acarreó análisis parecidos a cualquiera de los temas que en la actualidad surcan la cortina ideológica de Argentina: los que están a favor del gobierno y aquellos que no. A veces, no interesa qué causa es la que moviliza, sino estar o no de uno u otro lado. Nada se parece aunque todo se mezcla.

Preguntas sin responder y la violencia en el medio, el caso AMIA sin resolución aparente en el corto plazo. Son tiempos de definiciones —electorales/ideológicas/culturales/políticas— en la que cada uno debe(rá) elegir desde qué parte mira la vida pasar. En cada caso, es necesaria la búsqueda de información fiable: ver las dos caras de la moneda. Luego, analizar, para optar.

Enero que hacés bien

El 23 de enero en Argentina es el día del Músico en honor al nacimiento de Luis Alberto Spinetta. Más allá de la buena nueva y el oportunismo político, el debate por parte de otros músicos alejados del rock se hizo sentir, entre ellos, Juan Falú quien solicitó no caer en la injusticia de hacerlo sólo con un músico de rock.

El debate no prosperó —nadie se negaría a que sea la figura de Spinetta la elegida para celebrar el día del músico, menos ahora a poco de su fallecimiento— en parte, porque la posición de Falú y aquellos cercanos a su idea, son los mismos que siempre trataron al género como extranjerizante, cuando lo que está en juego es otra cosa: desandar el recuerdo a partir de un homenaje más que merecido a alguien con legítimos aportes a la cultura local.

El camino simbólico crece, porque quizá ahora aquellos que aún no se acercaron a la obra del Flaco lo hagan por vez primera, saliendo del camino que conduce más allá de Muchacha ojos de papel. Celebremos, entonces.

Historias del tiempo

En medio de todo lo ajetreado de la agenda de fin de año, tuvimos el agrado de entrevistar al incansable Osvaldo Bayer, en su casa. La idea de entrar en sus historias de lucha, convicción y justicia para que estén reflejadas en estas páginas, se dio después de verlo en el teatro con la obra Las putas de San Julián, allá por mayo de 2013 en el teatro Cervantes, donde repasa la huelga de cinco mujeres que se negaron a dar sus servicios a los asesinos de la Patagonia trágica. Alguna vez, Bayer pensó que ese sea el final de la película La Patagonia rebelde, pero la censura hipócrita de aquellos tiempos no lo permitió de modo alguno. Fue otro el final.

Como su lucha no cesó al respecto, cuarenta años después esa parte de la verdad llegó al fin al gran público, para mostrar que “los seres más deshonrados de la sociedad fueron los únicos que reaccionaron”.

Ante la pregunta de “cómo se pueden resumir tantos años de vida, de lucha”, el viejo, contundente, nos respondió: “Son muchos años vividos en un país muy jodido. Viví trece dictadores militares. Sufrí ocho años de exilio con mi familia, una cosa absolutamente injusta, porque yo no estaba en ningún movimiento político. Por mis libros me echaron, que fueron quemados por el teniente general Gorleri, que según lo que publicaron los diarios de la época, lo hizo ‘por Dios, patria y hogar’. Qué imbéciles ¿no? Hoy es General de la Nación, ése que me quemó los libros”.

Sin embargo, el viejo siguió. Por eso, también celebramos. Comenzamos así un nuevo año en las calles. Entonces, quizá, el mejor plan del mundo consista en leer y viajar (lleva apenas treinta minutos de vida). Vamos.

Foto de portada por Nicolás Vassaro.

(de la edición Nº 39, enero/febrero 2015)