Sofía 1

Editorial Nº 46: Por qué Oktubre

A veces es placentero alejarse de aquello impuesto y legitimado como la supuesta realidad. Apartados de ese mejunje, nos surgió la idea de retratar una verdadera obra de arte hecha en canciones, como es el disco que lanzaron los Redondos en 1986: Oktubre.

No es un experimento más de Solari, Skay y Poli que este mes cumple 29 años. En la discografía de la banda, la placa se convierte, además, en un testimonio de época. La significación poco aparente, repasa caminos que leídos desde la actualidad, nos suenan fuertes: atrapado en libertad.

Ayer y hoy abundan en sendas explicaciones de un tiempo o la forma de poder ver por la ventana aquello que se expresó en formato sonoro ampliado. Así, el fenómeno —por ello inexplicable— de los Redondos, sigue siendo, en parte, un lado B al que le falta reconocimiento, en tanto, no aparece en perspectiva entre aquellas obras de bandas como Soda Stereo o Virus o Abuelos de la Nada.

El universo de Oktubre puede, entonces, ser observado como una manifestación de lo que por aquellos años e inclusive mucho después en la medianía de los 90, representó todo el ideario discursivo de la banda. Su entorno vinculado más bien hacia el lado de los márgenes sociales, continúa siendo hoy algo difícil de explicar; entre la pila de temas a los que refiere, se suma la mutación hacia todo lo que lo envuelve.

Huelga así hablar de la convocatoria, los desmanes, lo que no se entiende sin haberlo presenciado. Es ahí cuando el arte confluye como una fotografía de momentos o como un muestrario de aquella atmósfera que se aleja de las siempre legitimadas tapas de los diarios. El camino, lo abrimos justamente así, con Oktubre.

Ilustración de portada por Sofía Laffaye

(de la edición Nº 46, octubre 2015)