La casa está en orden

Editorial Nº 48: Días distintos

Caso I
Dos amigos hablando en la parada de la vereda del Banco Provincia. Primero del calor y sobre un auto que pasó a los bocinazos. El más flaco dijo en tono bajo: “Cagazo”. Su viejo, trabajador del ferrocarril, temía ser despedido.

“Por la información que llegó desde Buenos Aires, parece que desde arriba bajaron la orden de reducir personal, así que está cagado”. El otro, también preocupado, esbozó algo que pareció una puteada de cierre. Después contó lo que sabía sobre varios despidos acá, en Lobos. “Increíble”, cerró. El flaco se rio. “Yo le dije a mi viejo: ‘Jodete. Ahora jodete. Vos tenés, mal que bien, otro laburito, pero ¿la otra gente? ¿la que no?’”. Silencio en ambos. “Encima cuando ganaron éstos, se cagaba de risa, como que gozaba cuando veía la pantalla con los resultados. Increíble”.

Caso II
Sobremesa de una cena cualquiera. “Yo creo que hay que esperar. No sé, por ahí nadie se imaginaba que se venían con todo como parece, pero creo que hay que esperar”. Silencio cómplice. Después, risas. Con tono ‘tipo naá’, uno se levantó y dijo: “¿Pero qué te han hecho, guachín? Parecés un forista de Clarín”. Antes, ahora, después: risas. Muchas risas.

(de la edición Nº 48, ene/feb/mar 2016).