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El invierno de las pantallas

Reseña de una de las series más atrapantes de los últimos años: The Black Mirror: el uso y abuso de la tecnología en un futuro que se compró todos los números de la rifa que es nuestra realidad.

Por Mauricio Villafañe

The Black Mirror (2011) es una miniserie británica compuesta por 13 capítulos independientes entre sí, de una hora de duración cada uno. Las tres temporadas que al momento la componen nos dejan atrapados por la temática, la profundidad del debate que disparan y la calidad del trabajo realizado.

Un amigo sostiene, con toda seguridad, que los ingleses sí saben hacer series y a mí no me quedó otra que hacer que “sí” con la cabeza y ponerme a hacer esta columna. La vida en nuestras sociedades se ha tecnologizado al calor del cambio de milenio, operado hace media generación atrás. La posguerra fría, con la imposición del modelo capitalista financiero a escala global, ha desatado una nueva era histórica caracterizada por el acceso y control de la tecnología y la información.

La mediación de nuestra existencia con la realidad circundante pasa de forma preponderante a través de la virtualidad (pantallas y redes). Es ella la que teje buena parte de nuestras relaciones sociales así como también expectativas, demandas, sueños y miserias. Los capítulos de TBM parten de hechos posibles y reales/realistas, alentados por el denominador común que la serie presenta: el impacto del uso de nuevas tecnologías.

El devenir de cada uno de los 13 capítulos guarda buena parte del encanto que TBM ejerce sobre sus seguidores. Escenarios imaginarios (pero no tanto), situaciones y desenlaces absurdos (más no imposibles) conforman los cimientos de esta obra.

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La presión y exposición de y en las redes sociales, la meritocracia y la tecnocracia como disruptivas de la vida social, la anulación y manipulación de la vida privada, chips que guardan/crean/recrean vidas enteras, la persecución mediática, la comunicación/ crítica política, realidades virtuales que desafían al inconsciente y a la vida misma: he pretendido trazar, sin ánimos de spoilear, un muy modesto resumen de algunos tópicos tratados en TBM a fin de dejar sentada la potencialidad y amplitud de temas en donde lo real y lo virtual y donde lo presente y lo futuro se entremezclan, superponen y confunden.

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Los autos que volaban en Volver al futuro llegaron en forma de pantallas: la imaginación de los años 80 mutó, una generación después, en la incertidumbre de un futuro (aún más) tecnologizado y deshumanizante. Jerónimo Liñán (en comunidad.revistaanfibia.com) sostiene que la tercera temporada consolida a la serie como un género en sí mismo. De ahora en más, toda producción que aborde la tensión entre sociedad, tecnología y futuro puede tranquilamente considerarse parte de este nuevo género.

El espejo negro al que hace referencia su nombre ¿refleja o esconde? ¿Es que acaso TBM no nos puede llevar a pensar que al tiempo que refleja nuestras expectativas también esconde los temores de un futuro en un mundo tan conectado como desigual para el cual no falta mucho?

(de la edición Nº 52, enero febrero marzo, 2017)