14650263_353314515007722_1950881022268810725_n

El lado oscuro de la Memoria

Payasos malditos del grupo Maskaratores sumó dos nuevas funciones en la Casa de la Cultura. La obra repasa la historia sobre la desaparición de Pato Lacoste y apela a la Memoria como ejercicio desde el presente.
Por Félix Mansilla

El transcurso de la Historia de nuestro país es un camino largo y sinuoso. Muchas veces resulta difícil analizar sus diversas formas y más cuando sobre esa Historia, la que no figura en los libros o solo en algunos pocos, no cuenta con demasiado material significante en términos de presente. Ahora sí.

El sábado 15 de octubre esos pedazos de Memoria renacieron una vez más, acá en la ciudad de Lobos. Una baldosa en el ex Colegio Nacional que recuerda que hace 40 años el profesor Luis Oscar Pato Lacoste fue secuestrado y desaparecido por la dictadura cívico-militar por razones políticas, ideológicas y desmesuradas, violentas e inútiles.

El cambio de nombre por Pato Lacoste a la (ex) calle Rauch, aprobada por unanimidad en el Concejo Deliberante. Bellos poemas al viento en la voces de Ana María Pedernera y Caro Medina. Música, luz. Eso es la Memoria.

Payasos malditos resignifica aquellos días desde una mirada que abarca el lado cotidiano, pero a su vez remonta el hilo de lo que en aquel octubre gris un joven de la ciudad de Lobos comenzó a estar en la lista de detenidos-desaparecidos.

La idea del director Omar Aita se basa en una investigación sobre los días previos, el durante y el después del arrebato de su libertad, de su vida.

Los payasos malditos representan la complicidad, el silencio, el qué dirán, los comentarios — “Lacoste llevó armas a Chile para ayudar a Allende. El Citroën 2CV que vieron era rojo, como el de él”—, el ‘no te metas’ — “si lo vinieron a buscar por algo será” —, la ignorancia —“era un tipo con ideas raras”—.

Las actuaciones de Juan Lucesole (Blanco), Guillermo Bortoluzzi (Negro) y Stella Apella (Actriz), dan cuenta no sólo del logro vertiginoso de cada cambio de personaje (payasos malditos, conocidos de Pato, su familia que lo busca, la mentira de la policía, la soberbia de los militares), sino que el agregado consiste en los idas y vueltas: pasajes de humor constante que se desencadenan en el drama de las horas perdidas.

Allí, la sensación de pérdida, el miedo, los desencuentros y la frustración de la búsqueda desamparada se imanta en un traslado a ese pasado hoy transformado en Memoria, en presente. Por eso, vale la pena verla para aprender un poco más.

El Grupo Maskaratores agregó dos nuevas funciones para los sábados 29 de octubre y 5 de noviembre en la Casa de la Cultura (Salgado 585), a las 21 hs. Es una buena oportunidad para ser espectadores de un hecho cultural, simbólico, con Memoria y presente.