1

El patrón sin tregua

Cuando dentro de unos meses se pase revista a los sucesos grandes y pequeños del 2014, la emisión de la serie basada en el líder del Cartel de Medellín ocupará su lugar, junto al debate que trajo aparejado la penetración o no del Narcotráfico en nuestro país. Por Mauro Basiuk*
“Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, expresa el locutor al inicio de cada uno de los 113 capítulos de la serie Escobar, el patrón del mal. El primer episodio se emitió en Colombia en mayo de 2012, convirtiéndose en el estreno más visto en la historia de la televisión de ese país. Allí, de entrada, dividió las aguas entre los que la juzgaron como una apología de la violencia y los que vieron un sentido reparador para la memoria de las víctimas del narcotráfico.

Vale la pena, considerar que el tiempo transcurrido entre los sucesos relatados y el presente es inferior a los treinta años, si sirve como medida para calcular un grado posible de asimilación. Aquí la serie se estrenó el 2 de enero por Canal 9 y logró lo impensado: posicionar en lo más alto de las planillas diarias del rating a la gélida pantalla de la emisora otrora dominada por Alejandro Romay.

No sólo eso: impuso expresiones como “berraco” o “plata o plomo” y realimentó personajes (tapa de Noticias con una de las amantes de Escobar) y/o debates histéricos en programas de TV, como Intratables (cuya epítome fue la euforia de Luis D’Elia hablando del “zabeca de Banfield”).

La serie en cuestión

De impecable factura técnica, la Cadena Caracol fue la encargada de este producto que mezcló la tradición del melodrama con lo más crudo del policial junto a imágenes documentales, lo cual resultó uno de sus aciertos. “Mi patria no cae, tropieza o resbala”, dice uno de los versos de La última bala, cantado por el salsero Yuri Buenaventura que sirve de banda de sonido mientras el actor Andrés Parra se presenta en la piel del líder del Cartel de Medellín.

Su caracterización fue otro punto fuerte, logrando un crescendo magistral con el correr de la historia. No le fue en zaga, Cecilia Navia, en el rol de Patricia, la esposa con la que tuvo sus dos hijos. «Escobar, el patrón del mal» estuvo inspirada en el libro «La parábola de Pablo». Auge y caída de un gran capo del narcotráfico, obra del periodista Alonso Salazar J., editado en 2001. Transcurre durante las presidencias de Virgilio Barcos (1986-1990) y Cesar Gaviria (1990-1994), con la mentada “extradición” a Estados Unidos sobrevolando ambos mandatos, como posible y riesgosa panacea (única al parecer).

En tanto, la idea original corrió por cuenta de Camilo Cano y Juana Uribe, familiares directos de víctimas de Escobar: Cano, hijo del director del diario El Espectador, asesinado en 1986, y Uribe, hija de la periodista Maruja Pachón, secuestrada en 1990 (recomendable «Historia de un secuestro», de Gabriel García Márquez donde se narra la oleada de secuestros por parte de Los Extraditables) y sobrina de Luís Carlos Galán, precandidato del Partido Liberal, cuya imagen en la serie, al igual que la de Cano, sale incólume.

Si se la mira como lo que es, una serie de televisión, permitirá discutir (y no es poco) no sólo el rol de Escobar, sino también sobre la clase dirigente, el mando de las fuerzas de seguridad, el rol de la prensa, por el velo de las contradicciones propias del poder.

Su mayor mérito, tal vez sea, por obra y gracia de Parra, mostrar a su “Pablo Emilio Escobar Gaviria”, como un cruel y múltiple asesino que no deja de ser un “perverso seductor” (la declaración pertenece a Juana Uribe en diálogo con el sitio Perfil.com), desde su infancia en Antioquia hasta su Estado paralelo, con Hacienda Nápoles como capital cívica para terminar encerrado, obeso, barbudo y paranoico esperando a los “tombos”.

Es en ese capítulo final, en su última arenga, solo ante “El cítrico” Escobar enumera los favores conseguidos a razón de sangre y fuego. “Quisimos salir de pobres y pudimos, adueñarnos del 80% del negocio de la cocaína en el mundo, asesinar a un candidato presidencial, arrodillar a este berraco país, tener nuestra propia cárcel y pudimos”.

El delirio y la desmesura no bastaron cuando el Bloque de Búsqueda lo encontró, el 2 de diciembre de 1993. Minutos antes, había sido su siempre presente madre la que le había preguntado si creía “que todo esto había valido la pena”.

Lo que sí vale la pena, como única certeza a la que arribaremos ahora es que durante 2014, pasó otra serie latinoamericana por la pantalla televisiva. No sería extraño que vuelva a emitirse con los primeros calores de diciembre, lo cual puede constituir una excelente oportunidad para acercarse a la historia reciente de Colombia, país desangrado, que, como dijo alguna vez Mario Benedetti al analizar las primeras obras de García Márquez, sabe vivir, a la fuerza, entre treguas**.

*Lic. en Periodismo y Comunicación de la FPyCS de la UNLP, columnista radial, coleccionista.
**Nota escrita para el portal periodístico www.otroscirculos.com

(de la edición Nº 36, octubre 2014)