POLACO 1

El Polaco nuestro de cada día

Tres discos a veinte años de su muerte, por Mauro Basiuk*El 27 de agosto pasado se cumplieron dos décadas de la partida de Roberto El Polaco Goyeneche, uno de los cantantes de tango más queridos y recordados. Nacido en Saavedra, fue cadete, colectivero y taxista mientras iba probando eso de cantar, hasta convertirse en un cantor destacado y maestro del rubato. Ese mismo 1994, ya con un hilo de voz, grabando «Los mareados» junto a Mercedes Sosa, la Negra, celebraba ese modo de jugar con las palabras al que sacó jugo en su último tramo de carrera. De mediados de la década de los ochenta data el rescate realizado por el rock nacional, por medio de músicos como Fito Páez o la participación en «Sur», película de Pino Solanas (1988) o como personaje cayendo en la pensión de Jorge Porcel, cubierto por la camiseta de Platense, en el marco del programa de telelvisión Las gatitas y los ratones (1987).

Ya no era el canario de sus años mozos, sino para siempre el Polaco de voz tormentosa y salidas imprevisibles que hacía sus últimas grabaciones para el sello Melopea, de Litto Nebbia, junto a artistas como Adriana Varela, el guitarrista Juanjo Domínguez o Esteban Morgado y el violinista Antonio Agri.

Tres discos tres

Pero volvamos al asunto rector. Entre 1972 y 1974, luego de haber debutado en la orquesta de Armando Kaplun, de pasar por la de Horacio Salgán y de llegar a “la selección” que para el tango constituía acompañar a Anibal Troilo, Goyeneche grabó tres discos con arreglos de Atilio Stampone y su orquesta típica. Estas son las últimas grabaciones donde su voz conserva el mayor caudal, con el brillo provisto por los toques delicados, a modo de pincelazos típicos de Stampone. Quizás la excepción en el tiempo sea el registro de la grabación que hizo junto a Astor Piazzolla en el Teatro Regina en plena Guerra de Malvinas, en un encuentro cumbre que el tango se debía (el ensayo quedó registrado). Los tres discos que referimos: Sentimiento tanguero (1972), Goyeneche 73 (1973) y Personalidad y tango (1974), fueron reeditados en 2004 en una colección dirigida por Víctor Pintos que rescató el material editado por la RCA Victor.

La colección, un deleite para aquellos que no se conforman con recopilaciones simplonas, si bien mantiene el orden original de las canciones, modifica el nombre del disco y el arte de tapa. Por ejemplo, impide ver la estampa del Polaco de saco y corbata, apoyado en un mostrador con diferentes estatuillas con la mano canchera en el bolsillo. Esa postal varonil pareciera contrastar con el “tono de mujer” Fa sostenido, que presume Gricel, el tema inicial del primer disco.

Con sus intro características que crean climas, Stampone contó en 2011 en diálogo con el periodista Gerardo Fernández en Radio Cooperativa, que el Polaco, de gira por distintas localidades del país, escuchó los arreglos en el mismo momento que grababa en el estudio de la RCA. Stampone, imaginó su labor en base a la escucha de músicos estadounidenses, como Tony Bennett y logra que, después de esas primeras notas, la voz ingrese justa al momento del “No debí pensar jamás en lograr tu corazón…”, en Do mayor.

A Estampita, como lo llamaba con cariño, Goyeneche lo conoció en Caño 14, mítico reducto de Capital Federal donde tocaban figuras del 2 X 4 como Aníbal Troilo, Roberto Grela, el Sexteto Mayor, entre la década de los ‘60 y mediados de los ‘80. Primero en la calle Uruguay, con capacidad para cien personas, y luego en Talcahuano, por allí cuentan que una noche, el vicepresidente de Arturo Illia, Carlos Perette, tuvo que ver un show desde la vereda o que Enrique Francini murió tocando el violín en 1978.

En las 38 grabaciones editadas hay un repertorio variado que, como un abanico, reúne autores clásicos con creaciones más “modernas”. Por ejemplo, de Discépolo aparecen Yira Yira, Soy un arlequín (con el toque circense dado por la orquesta) y Canción desesperada, donde el verso “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?“, da paso a unas cuerdas que erizan la piel. De Homero Manzi, Fruta amarga; del tándem inoxidable, Gardel-Le Pera, hay lugar para Cuando tú no estás y del repertorio del zorzal criollo, para el tango canción Íntimas, de Alfonso Lacueva y Ricardo Brignolo.

En tanto, de la forma surgida para darle impulso al tango frente a fenómenos como la nueva ola o el rock, hay composiciones vanguardistas de los Hermanos Expósito (ojo que también está Maquillaje y… Naranjo en flor) como Chau… no va más o del mismísimo Chico Novarro, Cordón, en honor al cordón de la vereda o Cuando estemos viejos, de Dany y Julio Martin. Párrafo aparte para José María Katunga Contursi. En esa antológica charla junto a Antonio Carrizo para La Vida y el canto en Radio Rivadavia (Página/12 las publicó en 2006, por medio de Melopea), cuenta que mientras grababa Tú, para Sentimiento tanguero, con la alegría de incluir por primera vez tres tangos del mismo autor en un disco, “uno que nunca falta”, le avisa que Katunga murió.

El Polaco no puede contener las lágrimas empañando los lentes con los que leía la letra del tango, quedando borroneada. Garras, de Contursi y Troilo, en Goyeneche 73 es un momento altísimo. Estos tres discos del Polaco que aquí reseñamos no se consiguen por internet. Bien vale entonces reencontrarse con la disquería más cercana, por el placer del formato físico y de considerar las cosas, en este caso grabaciones, tal como fueron realizadas. Comme il faut, según el tango de El tigre Arolas.**

*Lic. en Periodismo y Comunicación de la FPyCS de la UNLP, columnista radial, coleccionista.

**Nota escrita para el portal periodístico www.otroscirculos.com

(de la edición Nº 37 Aniversario III, noviembre 2014)