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Enfoque principal: el tercer mundo

Por Mauricio Villafañe*

Uno de los más grandes artistas de todos los tiempos, hace muchos años, clamaba por una utopía que no era un mero ejercicio intelectual ni una pasajera inspiración de su conciencia. Era un programa político en un mundo partido en dos (o, como veremos, en tres) y una aspiración a una vida más digna y justa. De uno de esos mundos en tensión hablaremos: del tercero, del nuestro.

Principios básicos sobre el significado del Tercer Mundo

Vale arrancar diciendo que no es una entelequia sino que, en su perspectiva histórica y en su vigencia, es el mundo en el cual podríamos incluirnos. Hay que tener en cuenta que tras la Segunda Guerra Mundial el mundo quedó partido en dos: uno capitalista, ligado a Europa Occidental y a los EE.UU y otro comunista, atado a la suerte de la URSS.

En el medio y por afuera, el proceso de descolonización iniciado en Asia y África junto a la lucha contra el neocolonialismo en América Latina (donde las formas de dominación no eran inminentemente políticas o militares pero sí culturales y, sobre todo, económicas) iba tomando forma. Es este Tercer mundo el que va emergiendo al calor del tenso devenir histórico de la Guerra Fría entre los dos “principales” mundos.

Estos términos tenían (y tienen) una clara connotación evolutiva, de escala y, obviamente, ideológica: de un Primer mundo desarrollado se pasa a un Segundo contra- mundo (el comunista) para llegar a un Tercer Mundo indefinido, más bien una suerte de resaca o, en el mejor de los casos para las potencias en pugna, campo de batalla donde se van a dirigir los esfuerzos imperiales de capitalistas y comunistas para fortalecerse en desmedro de los otros en el marco de un mundo que era varios a la vez.

En este ejercicio buscaremos salir de esta concepción impuesta para dar cuenta o, al menos intentarlo, de una propia más ligada a una voluntad de reivindicar lo propio.

El tercermundismo latinoamericano y afroasiático recupera el nacionalismo como fuerza histórica y como fuente de identidad pero entiende a la vez la necesidad de integrarse para resistir los embates y, a partir de la “no alineación” con intereses y disputas ajenas, generar y proponer un mundo diferente.

Antecedentes, origen y desarrollo

Este es el momento justo para decir que Tercer Mundo fue un término acuñado en Francia durante los años ‘50 para hacer referencia a un conjunto de países que se caracterizarían por el poco o nulo avance tecnológico, una economía dependiente y exportadora de materias primas, una alta tasa de analfabetismo y de crecimiento demográfico e inestabilidad política.

Sin embargo, la definición no es sólo una abstracción intelectual o académica sino que este concepto es reapropiado y resignificado por esos países que, desde el Primer Mundo, eran rotulados (y expoliados). Va erigiéndose como una tercera vía o posición en un mundo partido en dos por efecto de la lucha interimperalista entre los EE.UU y la URSS.

El que se anticipó con gran claridad fue el General Perón: ya había proclamado la Tercera Posición Justicialista en materia de política internacional ante un mundo que se reacomodaba tras la guerra. Implicaba una concepción filosófica y ética que no es sopita: al apelar a la armonización de los derechos individuales con los de la comunidad, valoraba y ponía en el centro a la justicia social a partir de la revalorización del protagonismo histórico de los pueblos en sus luchas por la liberación ante toda forma de imperialismo y dependencia.

No era un camino negociado o equilibrado sino diferente, alternativo, que aspiraba a cumplir los sueños de justicia, libertad, soberanía y dignidad.

Es la comprensión de una historia en común lo que va dando lugar a la integración. La lucha por la independencia efectiva y por la consecuente liberación nacional va generando movimientos en ese sentido. Parte de esas expresiones son una serie de líderes que son identificados y sintetizan esa voluntad emancipatoria nacional, popular y antiimperialista.

Los 30 años que van desde el fin de la Segunda Guerra hasta la crisis de mediados de los ‘70 y el ascenso neoconservador de los ‘80 va a configurar el momento histórico de desarrollo y consolidación de este movimiento. Los principios que lo guiaban, no sin tensiones y disputas internas, eran: la integridad territorial y la soberanía de los Estados, la no injerencia en asuntos internos, la no agresión mutua, el intercambio recíproco, la equidistancia y la no alineación con los mundos en pugna.

No es aislacionismo ni purismo sino un programa político que hacía de la reivindicación y la liberación nacional un horizonte y una posición propia ante un mundo hostil y bajo la “fría” pero no por eso menos cierta amenaza de un enfrentamiento nuclear. Y en este punto seremos tan claros como tajantes: eso no significaba una guerra tradicional, con vencedores y vencidos, sino la muy probable aniquilación de toda forma de vida; en el primero, el segundo, el tercero y hasta en un cuarto y un quinto mundo.

Algunas consideraciones sobre el mundo de hoy

Hoy día y ya hace unos cuantos años, a partir de la caída del Muro de Berlín y de la disolución de la URSS, el mundo (al parecer) se había vuelto unipolar, con la hegemonía estadounidense llevando la batuta. Se había consagrado el “fin de la historia”.

Esto, hay que decirlo, no era más que una burda operación ideológica: el mundo de hoy es multipolar, sumamente complejo por nuevos y antiguos fenómenos que surgen y resurgen. Asistimos al ascenso de una nueva potencia (China), a la problemática de la expansión de la Unión Europea hacia el este y una nueva estrategia yanqui de dominación global (transición Bush-Obama). Desde nuestra región asistimos a un proceso de integración inédito que nos potencia y nos dignifica tras un secular ciclo de dependencia y sometimiento. Trazando un paralelo con la actualidad, los que ayer conformaban el Tercer Mundo serían hoy los países “subdesarrollados” o, tal vez, algunos “en vías de desarrollo”.

Asimismo, en nuestro tiempo, se evidencia una distorsión del concepto, tanto en lo político (con la desaparición del Segundo Mundo a principios de los ‘90) como en lo económico (la multipolaridad y el desarrollo de emergentes nuevas potencias). Para finalizar, podemos también considerar que en el convulsionado mundo de hoy la declaración de la Unasur que establece a América latina y el caribe como región de paz apunta a retomar lo mejor de la tradición tercermundista como bandera de paz, soberanía, justicia, libertad y dignidad. Y eso, tampoco, es sopita.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP. Conductor del programa “Dos cabezazos en el área” (va los lunes a las 22 hs. en radiorack.com.ar).

(de la edición Nº 32, junio 2014)