Ensayo sobre el Hombre

Ensayo sobre el Hombre

Por María Magdalena Adanczyk*

Coincido con muchos filósofos en que el Hombre es un animal y, desde mi punto de vista, el más peligroso. El Hombre es un ser tecnológico, una cualidad que lo hace destacarse ante las demás especies. A lo largo de la historia del Hombre se fueron notando los cambios y los avances que consiguió, siglo tras siglo, año tras año y día tras día.

El desarrollo de la mente humana, creo yo, que es lo que más se destaca. Las demás especies de animales lograron cosas increíbles, pero ninguno dominó. Ese es el poder peligroso que posee nuestra especie. El Hombre crea y destruye. Cada avance en la tecnología, cada paso en la moda, cada descubrimiento científico, implica: destrucción de áreas naturales, pruebas con animales y desapariciones de especies.

Nos encontramos ahora diez millones de años atrás. El Hombre se comportaba como un animal cualquiera, un simio. Comenzó de a poco a vivir en sociedad, en grupos llamados manadas. Todo lo que utilizaba eran piedras y palos. Con eso cazaba, recolectaba frutos, pescaba y era suficiente para vivir. El desarrollo del cerebro continuó.

El simio se transformó en Homo, el animal capaz de fabricar herramientas, refugios y técnicas para cazar. El Hombre era como es la fauna en nuestros tiempos, era un carnívoro más. Con el tiempo su aspecto físico fue cambiando. A medida que avanzaba con sus técnicas, el Hombre se erguía cada vez más, su cerebro crecía, sus bellos desaparecían y comenzaba a usar las pieles de los animales que comía para abrigarse.

Con cada período de frío el Hombre se trasladaba para cazar y recolectar frutos en otras zonas. Pero un día descubrió lo que debe haber sido el invento que dio origen a todo lo demás: el fuego.

Al hablar del Hombre como un animal peligroso, quiero destacar la importancia del fuego, una energía que tiene mucho valor en la actualidad y que, si volvemos al pasado, fue un descubrimiento trascendental. El Hombre no creó el fuego, pero encontró la forma de obtenerlo frotando ramas. Con ese descubrimiento, la especie Homo pasó del nomadismo al sedentarismo. No debía huir del frío ya que podía abrigarse con sus pieles y obtener calor de esta fuente.

Cabe destacar que el fuego no solo le sirvió para calentarse, fue utilizado para asustar a las “bestias”, quemar bosques para abrir caminos y para endurecer las puntas de sus lanzas. El Hombre prehistórico ya nos da un indicio de su poder, de su peligrosidad. En ese periodo no existía la conciencia ecológica, pero ya se quemaban a otras especies para mantener viva a la que hoy pertenecemos, sin importar nada más que el bienestar del Hombre.

Sus tiendas ya no eran de ramas, habían sido reemplazadas algunas por barro y otras por cueros. Así fue como la especie comenzó a dominar a las demás y a pasar a la cima de la pirámide. Mientras subía los escalones hacia lo alto, comenzó a desarrollar la compasión humana: cuidaba a los enfermos, enterraba a sus muertos y comenzaba con las prácticas religiosas.

Éstas fueron tomando un papel más importante, ya que comenzaban a creer en diferentes dioses, realizaban rituales y le daban importancia a eso nuevo que no conocían físicamente.

Al Hombre no le bastaba con el dominio de la tierra y logró dominar mares. Para esto, comenzó con pequeñas canoas hechas con troncos ahuecados en las que entraba solo una persona, pero no se quedó allí. Siglos después, creó botes más grandes en los que entraban por lo menos cinco de ellos. Las especies marinas comenzaron a ser presas de estos cazadores terrestres que tenían una nueva influencia sobre el mar.

Sus armas de cacería ya no eran lanzas talladas simplemente. Logró crear arcos y flechas que resultaban fatales para lo que se interpusiera en su camino, sus lanzas tenían piedras afiladas y envenenadas en las puntas, sus cuchillos estaban hechos con los huesos de los animales y sus técnicas para cazar se mejoraron. También comenzó a formar una faceta artística: vasijas, esculturas, grabados, vestimenta, amuletos, dibujos en cavernas.

El cultivo de la tierra mejoró junto con todo lo anterior, el Hombre ocupó un lugar en la tierra que era “suyo”. Para esta altura de los siglos, el Hombre tenía dominio del fuego, del mar, de la piedra, el hueso, el barro, el cuero, las plantas. El que siguió en la lista del dominio fue el bronce que surgía de la mezcla de estaño con cobre, y, luego de éste, el hierro.

Ahora sus herramientas y armas fueron más filosas y sus escudos y cascos de protección para cazar, más resistentes. Luego, buscó la forma de comunicarse y de entenderse mediante el lenguaje escrito, así que desarrolló la escritura con signos y dibujos.

Si pensamos en estos avances podríamos terminar con la contaminación, la extinción de especies, la deforestación y la explotación mineral, producto de las actividades que realiza el Hombre.

Hoy en día, con los conocimientos, capacidades y técnicas que posee el Hombre, debería estar pensando en buscar la solución a los problemas ocasionados por éste, porque, al fin y al cabo, todos los inventos resultaron un problema para el futuro.

Las demás especies van a ser las fuertes, quizás,porque se van a saber adaptar a los cambios climáticos y van a sobrevivir. El Homo va a pasar, finalmente, de peligroso a débil.

*Alumna de 6º año de la EES Nº 2 de Salvador María.

(de la edición Nº 24, octubre 2013)