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Entrevista a Maybe Uhu!: Mientras gira el mundo

Después de una década de shows y giras por Capital, Lobos y la Costa atlántica, la banda lanzó el sucesor de “Esquivando el derroche”. “Estoy bien” es la nueva apuesta que los muestra más intensos en lo sonoro y con la marca firme de su tan particular rock-canción. Texto: Félix Mansilla/ Fotos: Nico B Mansilla

Abril, otra vez. Un nuevo disco de Maybe Uhu! en las calles y el sentido creado a partir de más de diez años de andanzas, shows por todos lados y el regreso al estudio de grabación dos años después.

Un regreso con diez canciones de puro rock. Esta vez, con más contundencia en las bases musicales para dar lugar a las letras que ya están destinadas a convertirse en hits en cada nueva presentación.

La razón o las claves: cuentan historias, narran idilios de personajes nocturnos, trasladan a calles y lugares de la Costa, pero sobre todo, dan color y gracia. La cuestión es meterse en ese universo con forma de canción. El desarticulado plan cumple con su objetivo.

Si “Esquivando el derroche” (2013) es un disco de canciones cortas y al pie, “Estoy bien” representa ese concepto pero de un modo más grueso: riffs potentes, estribillos ajustados y el vuelo en tracks que pone en evidencia la actualidad rockera de Maybe, en el estudio y en directo.

Migue (batería/coros), explica que “no es algo premeditado habernos propuesto sonar así. Suena mejor porque tiene más onda”. Muchos de los temas cuentan anécdotas de sus giras o momentos con amigos inoxidables.

Lucho (voz), vuelve a todos esos pasados hechos canción, aclarando que “todo lo que hacemos en la música está relacionado con lo que vivimos día a día”. Entonces, “Estoy bien” va por ese lado: reflejo de algo que pasó en un contexto determinado —con amigos, con amores, en el casino, mirando tele o en las noches de San Bernardo— junto a las bases musicales de Fabricio (guitarra), Neno Zaniratto (bajo) y Leandro Reina (viola) que trasladan a muchos lugares, no sólo hacia los aludidos.

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Maybe Uhu!: Migue, Fabricio, Neno, Leandro y Lucho.

Estoy bien fue grabado, mezclado y masterizado en los estudios Del Mate por Javier Polidoro, quien también lo hizo en Esquivando el derroche. De ahí la evolución sonora que logran en canciones como “Me lleva como tren” o “Su magnetismo” que cierra el disco inmersa en los ecos de la batería de Migue a lo “Tomorrow never knows” o “Ticket to ride” de The Beatles. El éxito de Maybe, entonces, es la búsqueda encontrada en ese asunto de tener una banda y grabar discos, vaya sueño.

Por eso, no se presiente incertidumbre sino una dirección o muchas como en sincro: “No sé si voy a la cima o al abismo. Lo único que me importa es el viaje en sí mismo”, reza el estribo de “Borracho otra vez”.

Paseo de introspección

Sin pretensión pero en el mismo camino, la actualidad del sonido y las temáticas trabajadas por Maybe en Estoy bien, van de la mano con otras bandas del under que circundan espacios en la escena porteña como Bestia Bebé o en modo federal como los platenses de El Mató un policía motorizado.

A partir de esa lectura sobre el presente, el despliegue sonoro no se ancla y se expande con la forma adecuada de hacer la movida: girar, componer, grabar y salir. A eso, se puede sumar que el lanzamiento del disco fue virtual pocos días antes de la presentación en vivo en el Club Independiente y aún sigue para escuchar en streaming o descargarlo de forma gratuita (en mozcu.com), una usanza de estos tiempos en plena era de la caída de la industria del disco.

“Lo que no es posible se va en ahora”. Todo un palo. En todos los sentidos, la nueva placa apela a escuchar una y otra vez todas las canciones, de la primera a la última. Sí, algo que sucede con pocas bandas del rock local: la continuación de canciones que trasladan a un concepto universal dentro de una atmósfera única y propia. Eso es Maybe Uhu! modelo 2016 (imposible es escaparse de su magnetismo).

¿Cómo sintieron la previa al show de presentación del cuarto disco de Maybe en el CAI?

Lucho: La vivimos con muchísimas ganas, pero no nos tuvo preocupados. Lo que teníamos que hacer lo hicimos. El objetivo fue llegar con todo.

¿Se propusieron hacer un disco más rockero que “Esquivando el derroche”?

Migue: Sí, pero quizás no lo meditamos o es que lo hayamos pensado así. Salió así porque se grabó mejor, pusimos un poquito más de plata, queríamos que suene mejor el disco. Y sí, se escucha mejor. No es algo premeditado habernos propuesto sonar así. Suena mejor porque tiene más onda.

¿Muchas de las letras son cosas que han pasado, realmente?

Lucho: Sí, tal cual. Las letras están relacionadas con cosas que nos han pasado. Siempre trato de escribir sobre un pasado un tanto lejano para darle un toque de fantasía. Si bien todo tiene un componente real, alejadas un poco en tiempo, me permite darle algún tipo de vuelta que por ahí no es tan real, pero que las hace más narrativas.

¿Cómo es la historia de John Pool, que abre el disco?

Lucho: En realidad existen todos los personajes. John Pool aparece en San Bernardo, en un bar al que fuimos durante la primera gira en la Costa. Fue en Dublin, un bar de rock, antro. Me acuerdo que estaba lloviendo esa noche.

Fabricio: Sí, lo raro es que el bar se inundó arriba y no abajo y, encima, se había cortado la luz.

Lucho: Había una chica que estaba jugando al pool, como totalmente descontextualizada con el lugar. Y apareció este personaje. Tenemos algo que es que siempre nos reímos de las mismas cosas. En camino de querer conquistarla, no sé cómo logró jugar un pool con ella. Todo un personaje: un pibe con un par de lentes negros en la frente, un desastre jugando. Fue una situación un tanto heavy porque el lugar estaba muy picante y parecía que en cualquier momento se pudría. Era una circunstancia para huir, claramente.

¿Cómo fue el proceso de elaboración de “Estoy bien”?

Migue: en realidad tratamos, una vez que estuvieron todos los temas armados, de hacer un promedio que sea lo que unificara y represente lo que queríamos. Nos pareció que “Estoy bien” era la canción para titularlo.

Lucho: “Estoy bien”, vale aclarar, es una frase de cabecera de un amigo nuestro, el Negro Moreno. Todo lo que hacemos en la música está relacionado con lo que vivimos día a día.

Tiene vivencias: quizá, la que representa una parte de la juventud de uds. es Será mejor.

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“Lo que hacemos en la música está relacionado con lo que vivimos día a día”.

Lucho: Básicamente, habla de nuestro derrotero en la época en que éramos estudiantes. Es un poco como el resumen de aquellos años. Fue, como dice la canción, realmente ‘crocante’ porque no estábamos secos, estábamos crocrantes porque no teníamos un mango partido a la mitad. Por eso, la canción deja entrever que a pesar de no tener nada, fue sin dudas la mejor etapa de nuestras vidas. No sé si alguna vez podrá ser mejor que esos días.

¿Podemos saber de la historia que se cuenta en “Bochini al 32”?

Lucho: Es una historia que surgió de cuando íbamos al Casino flotante, inmersos en esa vorágine de que no teníamos un mango, nos enteramos de que en el casino daban de tomar cerveza y fernet gratis. Empezamos a ir, sin un mango. Empezamos a ver ese mundo “del juego” que, por ejemplo, no se ve en el de Mar de Ajó de esa forma. El casino flotante tiene un aire a Las Vegas, con una imagen medio internacional. Había un loquito que se paseaba por las mesas y decía todos los números que iban a salir: acá sale 24, acá el 31. Y en una mesa estaba Bochini, el Bocha, campeón del mundo ’86, ídolo del Rojo. Entonces, tiran la bola y este loco lo agarra a Bochini y le dice: “Bochini, al 32, al 32”. No va más, dice el crupier, pero ése no salió. Fue, después, reírnos sin parar.

Con más de diez años de shows ya tienen canciones que no quieren tocar más…

Lucho: Son temas que hace mucho venimos tocando desde hace más de diez años. Algunos de esos son los de la primera época. No renegamos de eso, pero por ahí queremos darle paso a otras más nuevas. De todos modos, están siempre. A veces sacamos una o dos por show.

Migue: reciclamos algunas veces también. Es una tarea difícil; unos quieren hacer unas canciones, otros otras.

(de la edición Nº 49, abril/mayo/junio 2016)