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Galanes primavera

Por Nicolás Bernal

Los olvidos de galanes primavera en el suspiro de mendigos de calles de tierra, nada busca el lamento de las piernas arrastradas del desgano, en los intentos azarosos sobre conquistas de blancanieves envenenadas.

Los zapatos estancados en el local de intentos fallidos, las pérdidas de eternas cicatrices solo sangran el vino de la alegría. Nada mira la lechuza al costado de la tranquera, no es tarde para el que llega con la dialéctica de la almohada. Si todo pasa y nada queda, la solución entonces siempre es la revuelta, la que aprende de los ensayos y sigue con los errores de dar un premio por recibir el castigo. Qué pasa con los días de jolgorio, si la ruta esta vacía y las luciérnagas encendidas.

Yo no creo que sea depresión, lamerse las bolas como un perro puede ser un punto fijo, de miradas asombradas y panchos atorados, los incomprendidos viajan primeros en el barco de los que gritan: “Cerra el orto” o “Chupame un huevo”, esas frases comodines para el truco de los fundamentos.

El grito de los seres pequeños abren el muro de los lamentos, todo regreso al hogar, implica un subibaja de emociones, donde algunos deciden quitarse la vida por amores, otros se olvidan de tocar el timbre y varios prueban su llave en casas desconocidas.

La lluvia jamás fue garantía de llanto pero siempre fue el mejor complemento para la excusa.

Los olvidos de esos galanes primavera dejaron a los mendigos en calles de tierra, los galanes primavera se llevan la piel y los mendigos descubren sus sentimientos. Los galanes se llevan la piel en cualquier estación, los mendigos mastican la tierra haciendo barro, los galanes y la piel de primavera, los mendigos caminando en calles de tierra andan buscando su primavera.

Y la seguirán buscando…

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