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Garra y pasión

Historia, presente y futuro de la ovalada en tierra lobense. Un camino con altibajos, que parece haber encontrado el rumbo y ahora pisa firme a puro entusiasmo.

Por Tomás Gianandrea

Es una forma de vida. Porque se juega como se vive y porque toda persona puede jugarlo. Sin importar la condición física; flaco, gordo, petiso, alto, lento o rápido, cada uno tiene su posición establecida y es de vital importancia el rol que le toca cumplir en un equipo.

Garra, coraje y sacrificio, tres palabras que se asocian rápidamente con el rugby pero a las que se les pueden sumar: juego, formación y amistad. No por casualidad representa a la unión y el trabajo en equipo en el mundo del deporte. No es por moda, sino por parámetros que así lo indican.

El rugby es un patrón indiscutido, una actividad en la cual tras una batalla (después de un partido jugado con el alma) sin importar el resultado o los problemas que se hayan ocasionado dentro del rectángulo de juego, al final, en el “famoso” tercer tiempo, crea lazos magníficos de amistad y compañerismo.

En el Mundo, logró liberar a una Nación mientras que en la Argentina multiplicó el sentimiento por el himno y la camiseta, transformó las lágrimas en pasión. En tanto, en Lobos poco a poco comienza a resurgir con mucha fuerza y coraje, para superar lo hecho, para construir un camino sólido y verdadero.

La historia cuenta, que en 1985 mientras Los Pumas conseguían el mejor resultado histórico frente a los All Blacks (empate 21-21, en Buenos Aires) en tanto, en Lobos, en el bar El Andamio, uno de sus dueños que había jugado al rugby en Regatas, comenzaba a hablar del deporte de la ovalada e impulsaba para que se desarrolle la nueva actividad en la ciudad.

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Así fue que Carlos Zanhabría realizó la convocatoria y al poco tiempo ya se habían juntado 35 jugadores de diferentes colegios y clases sociales para disputar el primer partido de la historia en SMATA (Cañuelas).

El empuje y la motivación eran tan grande que al año siguiente se consiguió el predio del Aero Club y se empezó a competir en el Campeonato de la Cuenca de Salado que estaba conformado por Chascomús, Brandsen, San Vicente, Belgrano, Cañuelas y Lobos (el mejor resultado fue un subcampeonato).

Pero la euforia pareció durar poco, ya que en el ‘91 Cañuelas decidió unirse a la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) para participar del Grupo 4 e invitó a varios jugadores de la zona (muchos de Lobos) por lo que poco a poco el torneo de la Cuenca del Salado empezó a perder protagonismo y la gente de Lobos comenzó a quedarse sin fuerzas hasta que la actividad se disolvió.

En los años siguientes, hubo varios intentos fallidos de reconstruir el rugby y volver a ser, hasta que en octubre de 2008, resurgió en EFIL con una escuelita para chicos hasta 12 años, con la temática de impregnarles el deporte y la pasión por el rugby. Pero ante la insistencia de adolescentes y adultos de practicar también, se decidió formar el equipo Superior y se empezaron a armar partidos amistosos.

En el 2012, llegó el subcampeonato en el torneo empresarial logrando el ascenso a la categoría mayor bajo el nombre de “Dasha EFIL Lobos”, haciendo de local en el predio del Colegio Nacional.

Pero en medio de la euforia y la alegría, en el 2013 sucedió un hecho poco usual: el cambio de club. El rugby dejó EFIL, al no poder conseguir predio propio para desarrollar la actividad y se trasladó a Rivadavia, quién prometió hacer cancha, quincho y vestuarios (ya se comenzó a hacer y estarán listos a fines del 2014). Pero en principio el año próximo volverá a hacer de local en el Nacional, mientras juega el empresarial identificándose como “Vital Can Rivadavia Rugby”.

Todo parece marchar sobre un camino firme y sólido. Se están dando pasos seguros y consisos, con la premisa de que habrá rugby para rato. Un deporte que se juega como se vive, en el que no se negocia la la garra y el compromiso. Y en el que más allá de todo se juega con el corazón en la mano.

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)