Generación Dorada

Gloria en las alturas

La famosa “Generación Dorada”, el LAC y Álvaro Anaya, todos detrás del béndito básquet, capaz de hacernos subir a la estratósfera con un doble o bajarnos al subsuelo con un triple en contra. Por Tomi Gianandrea*Deporte de rachas si los hay. En una fracción de segundos se puede pasar de la gloria absoluta al fracaso pleno, y viceversa. Sin término medio. Escasos 10 segundos pueden parecer la vida entera y una pelota a sólo 2 segundos de posesión puede significar una bola de fuego indomable o simplemente catapultarte a la cima, sino preguntenlé a Manu Ginobilli en los JJ.OO de Atenas 2004 vs. Serbia y Montenegro.

Juego de estrategia y matemática pura, el básquet brilla por sus jugadas de pizarrón, por sus defensas y sus ataques. Es un deporte de sincronización pura, de juego colectivo pero también individual, se habla de jugadas perimetrales e internas.

La Argentina tuvo su época más gloriosa en el básquet consiguiendo el primer campeonato del Mundo disputado en nuestro país, en 1950. Pero luego, los colores albiceleste perduraron en el mundillo basquetbolístico con muy buenos jugadores, aunque faltaba la consolidación de un equipo hasta que llegaron ellos: los de la Generación Dorada con Manu, Pepe Sánchez, Oberto, Scola, Montecchia, Sconochini, Nocioni, Wolkowyski, Prigioni, Leo Gutiérrez y Delfino a la cabeza que consiguió el subcampeonato mundial en el 2002 en Indianápolis (EE.UU) y la medalla dorada en los JJ.OO de Atenas 2004.

Manu Ginobili

Hoy, poco queda ya de esos jóvenes entusiastas capaces de ganarle al mismísimo “Dream Team” en su casa. Por su parte, Lobos siempre respiró básquet de la mano del Lobos Athletic Club –LAC- (hubo tiempo en el cual se llegó a crear una Liga local con varios clubs lobenses pero rápido se disolvió) y de notables jugadores cómo Tomatis y Capponi, y aquellas primeras participaciones en la Liga Esteban Echeverría.

Cuando se empezaba a gestar y consolidarse esa magnífica “Generación Dorada”, a principios del siglo XXI, en el gimnasio del LAC asomaba uno de los jugadores más notables de esta región: Álvaro Anaya (27), quien a los 13 años pasó a formar parte de Boca Juniors. “Es realmente otro mundo, por infraestructura, porque todos quieren jugar ahí y el que no juega quiere ganarle y además, teníamos un preparador físico cubano que fue lo que más me marcó”, señaló el base lobense de 1,75 mts que tras 4 años en el conjunto Xeneize, paso a el club Banco Provincia por dos temporadas hasta 2006.

Sus notables condiciones y su profesionalismo al momento de entrenar, le permitieron participar en inferiores de 4 torneos provinciales de selecciones (1 con Chivilcoy y 3 con Esteban Echeverría) y 3 campeonatos argentinos (1 con el seleccionado de Bs. As. y dos con el selectivo de Capital Federal).

En 2007, tras siete años de exigencia, decidió pegar la vuelta para jugar primero en Cañuelas FC y luego en Juventud Unida de Cañuelas.

En 2010 surgió la posibilidad de volver a su primer amor, el LAC y no lo dudó. “Siempre tuve la idea de volver a Lobos, la colocación del piso de parquet y la vuelta de ciertos compañeros a la actividad me motivó a volver y ser parte de este cambio me hizo llenar ciertos vacíos que sentía. Hoy en día se están produciendo cambios estructurales que hacen que la motivación crezca”, soltó el líder rojinegro, por talento y personalidad, que logró el ascenso a la Liga Superior Esteban Echeverría, para conseguir luego tres campeonatos más (2011,2013 y 2014).

Asentado en su ciudad natal, mientras estudia el profesorado de Eucación Física y conduce las inferiores de básquet del LAC, “Casco” no para de volar y soñar con un futuro deportivo mejor.

“Lobos necesita tener algún representante a nivel provincial o nacional en algún deporte, ya que le daría a la ciudad una motivación y un espejo a los más chicos. Si es a través del básquet, sería grandioso para mí”.

La “Generación Dorada” empieza a decir adiós poco a poco, tal vez este Mundial que pasó de España 2014 haya sido la última función. Pero vendrán otros, qué cómo Casco saben que el techo es altísimo y que no se debe nunca dejar de proyectar, soñar y empujar hacia adelante para concretar los objetivos.

*Periodista Deportivo egresado de Deportea. Director de la revista #DaleLAC.

(de la edición Nº 35, septiembre 2014)