Patti junto a Francisco

Houellebecq, Patti Smith, Bergoglio y los adolescentes disminuidos

Por Paz Azcárate*

Hace unos días viajé a Lobos a pasar el fin de semana. Salía de mi casa con un bolso chiquito y el tiempo justo para tomar la combi cuando me di cuenta que mi mp3 no tenía batería. Fui hasta el escritorio y agarré un libro. Lo que metía en la cartera era Ampliación del campo de batalla”, posiblemente la mejor novela que leí hasta el momento. Excepto la receta de la Coca-Cola y la fórmula de la vacuna contra el VIH, todas las postas del mundo las tira Houellebecq en ese libro.

Patti

Patti Smith junto a Francisco I.

Cuando se publica esta novela, el autor tenía 36 años. El protagonista de su libro, que narra en primera persona, tiene algunos años menos, aunque atraviesa una fuerte crisis de se-me-acabó-la-juventud, seguramente la misma crisis que atravesaba Houellebecq cuando lo escribía. No es casualidad que una de las mejores páginas de Ampliación… —o al menos mi favorita por lejos— sea la que dedica a hablar de la adolescencia y la adultez. Para este narrador, un ingeniero informático de 30 años, la adolescencia no es sólo la mejor etapa de la vida, sino que es la única etapa en la que se puede hablar de vida en el verdadero sentido del término. Así, habría una explosión inicial durante la pubertad, un estallido que se resuelve en modelos de comportamiento que conducen hacia la etapa adulta. Como resultado, el hombre no sería más que un adolescente disminuido.

Lo dice Orwell en 1984: «Los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos». Todo esto que me dijo Houellebecq en el capítulo 7 de Ampliación del campo de batalla es lo que pensé cuando vi las fotos de Patti Smith abrazando al Papa Francisco. Bueno, él lo dijo con palabras mucho más bonitas pero eso fue lo que tenía en mente: Patricia reverenciando al obispo de Roma es solo la joven que compuso temas geniales como Free Money a mediados de los ‘70. Es la misma joven que compartió el escenario del CBGB con los Ramones, Television, Talking Heads, Blondie e Iggy Pop. Es la misma joven, pero disminuida. Y nos va a pasar a todos. Y por eso la disculpamos. Y porque al menos no nos quiere vender perfumes como Iggy Pop.

*Estudiante de Ciencias de la Comunicación UBA.

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(de la edición Nº 28, febrero 2014)