El Candidato interior

El candidato: La era de lo inventable

La experiencia de entrar a la sala con la película “El candidato” empezada, escuchar a dos de sus actores en la previa y escribir con una sola pregunta: ¿Quién es el candidato?

Por Félix Mansilla

Anoche me choqué con la película El candidato en el Cine Italiano de Lobos. El retraso inesperado de la conferencia con los actores en la previa hizo que entre con la película empezada. La primera vez de una experiencia parecida a la de asistir a un partido a los 40 minutos de comenzado o caer a un show cuando la banda está a diez segundos de decir: “Chau, gracias”. Esa sensación me volcó a intentar no juzgar lo que se podría presentar como chocante para trasladarme hacia las metáforas o lo que engloba el mensaje de la obra en su conjunto. No quedó otra y no me iba a volver a casa sabiendo de la cinta girando en los carretes.

Una vez ubicado en la butaca, la primera escena al levantar la mirada mostraba a una desafiante Verónica Llinás convertida en madrina-mafia del candidato, Martín Marchand (Diego de Paula), a quien quieren convencer de usar las redes sociales para “llegar más a la gente” y armar su perfil político, pero, claro, respondiendo a las decisiones del partido. Todo el aprete con un chori masticado con la boca abierta, bien yegua y groncha.

El candidato duda, titubea, pregunta y su asistente fiel (Alan Sabbagh) trata de avisparlo: una fraguada resistencia de servicios (con la gran actuación de Ana Katz) y varios desconocidos que rondan al elegido para robar su… contraseña.

Comienza la pesadilla para el candidato. Se siente amado pero usado, no sabe quién va a traicionarlo o por qué llegó hasta ahí. Su improvisado equipo quiere impresionar a la madrina pero todo sale mal y en la pantalla apenas se ve un spot mal inflado con fotos del candidato en diferentes momentos de su vida post empresarial. El asistente oscuro (Pepe Arias), esconde un plan y el candidato empieza a caminar preocupado hacia todos lados, donde también va un joven indeciso, diseñador gráfico (Matías Singer), que refleja el tormento general con sus ojos exaltados todo el tiempo. Su recién llegada novia no entiende nada en ese verdadero spaghetti de House of cards.

el candidato portada

Después de esas escenas que recorren la gran mansión del candidato, las palabras previas de De Paula y Arias en la conferencia comenzaron a tomar forma y concepto (conferencia + 42% del film= ficción/realidad). Primero hablaron sobre el desafío de producir películas en tiempos tan difíciles. La segunda pregunta fue si el candidato de la película es un político de la actualidad. La respuesta fue sí… y no (ya lo sabemos todos). De Paula se explayó mejor. “Hay una persona en la que todos pensamos, pero Daniel (Hendler) quiso darle un toque más universal al personaje”.

El candidato, entonces, muestra todo lo accesorio de la vida de un tipo detestable, pero triste e incómodo, partido interiormente, alguien que no ha sido bien querido y quiere ocultarlo. Detrás de todo eso que absorbe el pensamiento —trazando algún paralelo— uno no deja de sentir que lo/as candidato/as de la vida misma son personas: hablan, dicen y no dicen, discuten, provocan y mienten y brindan y comen asados. Lo no dicho en todo el círculo contextual que rodea la idea del film —lo obtuso a decir de Barthes— la encuadra como estrenada en el año justo, a cuenta de las elecciones de medio término de octubre.

Los actores destacaron lo ‘alocado’ que fue su proceso de producción: Hendler la escribió en 2011, se terminó de rodar en mayo de 2015 con un panorama político distinto y se estrenó a comienzos de mayo de este año (más distinto y cruel). Los tips del candidato del film dan cuenta del frasco vacío de la política para pantallas: búsqueda de feedback con ‘usuarios’ en redes sociales (luego tipificados como “la gente”), la idea de encarar una campaña para una ley en contra de los Bulldogs —‘por una cuestión personal’, arroja Martín— o la aparente preocupación política acerca del cuidado del medio ambiente y puff!

Así, todo eso que emanaba la pantalla, más el surround  de la sala y la oscuridad, no me dejaron cavilar sobre el sinfín de personajes que crecen en imagen y después son candidato/as a los que le hacen decir lo que “la gente” quiere escuchar.

el candidato flyer

El fin de la metáfora de la metáfora

No salió de la pantalla del Italiano, sino en la sala de prensa. Mientras Arias introducía denunciando la “decisión política de no apoyar al cine nacional después del estreno” y la legislación que exige una cantidad mínima de público en la primera semana, detrás, a 70 cm de Arias, se cayó el afiche del estreno en la espalda de su compañero De Paula. Todos reímos, pero Arias largó la carcajada hasta recuperarse:

—Eso narra también, eh.

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