Crisis

Las canciones salvadoras

Un viaje por los mensajes de las canciones que marcaron aquel presente resumido en la crisis moral de fines de los 90. Todo un palo: La Renga, Almafuerte y Los Redondos.Por Mauricio Villafañe*

El peso y el dólar empatados en uno y las “relaciones carnales” con los restos del imperio británico y lo más granjeado del norteamericano. El Presidente confundiéndose, con traje al tono, con los Stones. La Ferrari y las dos horas y pico a Mar del Plata a pura, pizza y champán. Las “divas” de la TV (operadoras legitimantes del neoliberalismo como estrategia imperial), Yabrán y la maldita policía del zabeca de Banfield: todo junto y a la vez, con la impunidad como una mueca de burla y de desdén al pueblo argentino.

Las escenas se agolpan en la cabeza y en las manos y vienen de esa zona gris que mezcla historia reciente con recuerdos de vida. Estaban desapareciendo, en los 90 y al calor del avance de esa década perdida, el entramado productivo y la consiguiente cultura del trabajo. Estaban entregando YPF, cerrando fábricas y vaciando la educación pública con el triste ejemplo de las escuelas industriales en baja. Se sabía el precio de todo y el valor de nada salvo el del individualismo, hijo predilecto del desgarramiento de los lazos de solidaridad a expensas de unos frutos que nunca derramó el mercado.

Las canciones (y discos) como los libros y sus historias quedan mientras el tiempo pasa. Son testimonio y obra de sus coordenadas temporo-espaciales; están indisolublemente ligadas, en tanto expresiones, a su contexto y nos hablan desde ese lugar igual o más que el mejor libro de historia. La Renga y Almafuerte son dos bandas de rock y, más que eso, dos sentimientos y expresiones de las miserias y las fortunas que el tiempo y el destino sembraron y regaron en esta parte del mundo. Sus canciones de fines de los 90 no se escapan por atajos donde la forma oculta la esencia ni se exponen mansamente a los escaparates de góndolas con discos y “torbellino(s) que hoy suena(n) en la radio”.

Hay un mensaje claro, bajo/sobre/en un sonido que no regala nada; hay una postura inconmovible y una crítica encendida a una sociedad y a una “vieja cultura frita” enceguecida por el triunfalismo (de unos pocos) individualista del men******.

Los temas que elegí (“Ser yo”, de la banda de Mataderos, y “Sé vos”, de Almafuerte) apuntan, desde el título, a un retorno a lo único no contaminado en ese mundo “basural” y en el que “muy duro es aguantar”: el yo. El individualismo crítico, como una postura peligrosamente purista y trascendental, se enfrenta al individualismo de sonrisa ladeada y ganadora que todo garca y traidor a la Patria exhibía por esos años. Hay en ese yo un refugio, que incluso cuesta (“…enredado en estas redes/ queriendo ser yo…” y el inolvidable “Cumple sus sueños quien resiste”).

Es desde ahí donde “al mundo salvarás”: una reacción al hastío del saqueo y ante la sumisión en una tristeza donde parecía imposible vencer o salirse. En estos temas se resignifica el yo; pasa de ser referencia de salvación a refugio en tanto respuesta a la crisis que los 90 nos van a dejar.

En un marco de mediocridad y estandarización, la originalidad y el desafío al consenso noventista que estos temas proponen. El lucro personal como centro de todo terminó poniendo a lo humano y a lo social como accesorio. De esta forma, adonde nacían necesidades se les respondía con la espalda de la exclusión laboral, educativa, cultural. Se levantaban paredones, rejas y alambrados que separaron barrios o zonas “marcadas” de “la gente como uno”, ese gorilismo urbano tan repulsivo.

Nos desconfiamos entre nosotros y aprovecharon los de afuera porque fueron ayudados por los propios que, en su politiqueo antipopular y antinacional, robaron nuestras riquezas materiales y simbólicas. Puede quedar descolocado ese individualismo trascendental cuando se erigen los primeros piquetes que visibilizan lo ocultado: el hambre, la rabia, la organización ante la desocupación, la recuperación de la dignidad profanada. Puede ser discutible como posición pero marca, a las claras, el espíritu de una época signada por la destrucción y el ensimismamiento de los shoppings y los electrodomésticos importados (“Porque de afuera son mejor, ¿vistes?”).

Me aventuro nuevamente a su lectura y a su escucha, revivo momentos formativos de mis convicciones, me vuelvo a emocionar. Ahora, de las referencias personales a las sugerencias, a la interpelación: son canciones que nos remiten al drama de fines de los 90, la antesala del trágico 2001. Ellas, de alguna forma, nos pusieron a salvo o, al menos, nos alertaron. ¡”Que no se quede mi pueblo dormido”!

*Lobense. Profesor de Historia UNLP.

(de la edición Nº 41, abril 2015)