ashcombe

Lo simple es lo correcto

Por Pensamiento Caracol

El verano comenzaba a regalar sus primeras noches frescas, señal del fin de una época, o simplemente del inicio de otra. Las luces de la calle se perdían entre las copas de los árboles, y regalaban sombras que tomaban formas extrañas. En la plaza un muchacho solo esperaba que la soledad lo continúe acompañando esa noche, no necesitaba más que su propia compañía.

No necesitaba más que la sensación interna de poder estar solo y saberse feliz. En el silencio de la charla se hacía de todos los ruidos de la noche, el viento, los perros, la bocina del tren. Veía a las parejas prometerse cielos y estrellas, para luego fundirse en el placer. El sólo pitaba un cigarrillo y veía como el humo se disolvía en el aire.

En su soledad, podía cerrar los ojos y viajar por los cielos de la inconsciencia, cada tanto tarareaba algún pensamiento y una risa iluminaba su rostro. La gente a su alrededor lo veía solo, pensando que la persona que esa noche debía acompañarlo no llegaba y posiblemente no llegaría. Pero lo que más inquietaba era verlo plácido y domingo, sin desesperar, sin estar revisando constantemente el ir y venir de los autos.

No comprendían como aún no había revisado infinidad de veces su celular en busca de una explicación. Pero realmente lo que no lograban comprender es como el podía estar solo y disfrutar de su compañía. Se había despejado de todo tipo de ambiciones, el único deseo que sostenía era el de perpetuar ese momento consigo mismo y con todo a la vez.

El viento de la noche lo acariciaba y se daba cuenta, con humildad, que habría descifrado un gran enigma de la vida. Ahora era capaz de ser dueño de su vida, ya no lo podrían atar ni él pretender eso con los demás. Seguía extinguiendo ese cigarrillo y se preguntaba por qué se supone que necesitamos a otros para ser, para estar completos, cuando ahora y en soledad nada parecía faltarle.

Había sido gratificado por el beneficio de la contemplación y la simpleza de saber que uno ya tiene todo lo que necesita tener. Que la soledad no es mala palabra, que las horas están para ser vividas y aprovecharlas en un mundo donde (aunque no parezca) todo es perfecto. Decidió dejar la plaza para pedalear por las calles de la ciudad con una mueca tan profunda como una sonrisa, mientras tarareaba una canción sin apuro ni vergüenza.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)