14-LAS

Los Amigo ríen como locos

Un nuevo disco llegó a las bateas para continuar el viaje eterno hacia la perfección armónica de Luis Alberto Spinetta. Acá, repasamos el espacio sonoro y las letras que ya son parte de un entramado musical del cosmos.

Por Félix Mansilla

Con el paso de los años quizá se diga que el disco póstumo de Spinetta, fue el más jazzero de todos. Es así, aunque el músico siempre coqueteó con ese tipo de libertad devenida del jazz en clave de rock.

Se puede, entonces, referenciar un disco de aires tenues como “A 18’ del sol” o de modo más eléctrico, indagar en las placas de Jade, allá en los ochenta. Los Amigo es una de las grabaciones más frescas en tantos años de discos del Flaco Luis.

Fue grabado el 4 y 5 de marzo de 2011 en los estudios La Diosa Salvaje. Días después, un ´sabado, Spinetta les puso la voz. El disco es breve, pero cuenta con varios pasajes en los que las entonaciones suaves de Spinetta se mezclan con bases rítmicas firmes.

Abundan cortes, aceleraciones, silencios y los arreglos de Rodolfo García en la batería y Daniel Ferrón, en bajo. Los Amigo es la última aventura Spinetteana publicada, en donde el eterno resplandor de luz musical de su mentor se torna un verdadero viaje a las metáforas, como así también un recorrido perceptivo hacia cierto aire destilado por tres tipos en un estudio de grabación, haciendo lo que más les gusta: tocar.

Así quedó plasmado, con primeras tomas impecables. Los arreglos posteriores suman el temple ‘interpretador’ de dos cracks como Claudio Cardone y Mono Fontana, en teclados. Además, la atmósfera que en muchas canciones se agregan: violines, violas y chelos.

La obra se aleja de la perfección en el sentido digital del asunto, por eso, escucharlo se vuelve un ejercicio práctico óptimo: poco adorno y más sentimiento. Su nombre, sugerido por su asistente y amigo, la Vieja Barrios —“ponganlé Los Amigo”—, representa su aura conceptual.

El corte radial es, sin dudas, «Iris» dedicada a su hermana Ana Spinetta, la que antes no dormía y contaba las luces de la gran ciudad. Ferrón, contó que una vez en los ensayos en la casa de Rodolfo García, el Flaco frenó y dijo: “Somos la banda más mala de todo el barrio, pero tenemos nuestro hit, Iris”.

La poesía intacta, entonces, sumerge cada experiencia sonora en única e irrepetible. En esa marea, se despliega en «Bagualerita»: “Y un diamante de agua/ brotó en el desierto/ atado a tus manos/ Embebiendo tu cuerpo/ halló tu mirada/ mirada de pájaro”.

Adelantado, siempre, a su tiempo, Luis canta en «Canción del lugar»: “Asciende al resplandor/ que ya no te asusta el dolor/ y ayúdame a saber de mí/ no aprendo cómo soy/ soy hueco como un pie descalzo/ y por donde mires verás/ las azucenas del aire”.

Sobre el final del tema, llega un halo de predicción temporal, al cantar para siempre: “ayúdame a volar de aquí/ que un ala se partió/ y debe repararse el daño/ y habrá promesas de fe/ y has de olvidar el quebranto”.

(de la edición Nº 48, ene/feb/mar 2016)