La mentira, manotazos patrioteros.

Los mensajes de la guerra

Un repaso por los envíos informativos de los medios en plena batalla en las Islas Malvinas, nos deja en claro en cómo el manejo de la información imparte e intenta dominar desde siempre eso que las teorías señalan como la insidiosa opinión pública.

La campaña oficial en los medios.

La campaña oficial en los medios.

El recorte de aquellas informaciones en medio de la contienda dejan ver hoy grandes desfasajes en el tiempo si tenemos en cuenta la evolución en los modos de desarrollo del lenguaje audiovisual, aunque sigan teniendo los mismos objetivos: manipular o poseer la atención de gran porcentaje de la población. Cierto es, entonces, que los años han hecho que en la actualidad creamos percibir de un modo menos inocente esos flujos de información/publicidad/política.

Esta perspectiva actual nos posiciona como espectadores atentos o desconfiados. Desde cada rincón en la apuesta e intereses en juego, las informaciones carecen de un carácter inocente, pese a que sea presentado con las más puras palabras del lenguaje, sólo responden a intereses económicos, culturales, de clase, de pertenencia. Allí, eso que narran —interpretado desde una perspectiva de clase y cultura— se deshace a cada segundo. Encausado en la misma constelación, los episodios cuentan con el aporte de usuarios de las redes sociales, que se circunscriben en el andarivel de lo poco comprobable (en cuanto a criterios de credibilidad) y, a su vez, como fuente irrefutable de los protagonistas, sean funcionarios políticos, deportistas, artistas, o solo víctimas de ese pantallazo de una realidad —más aún— recortada en 140 caracteres. Por ende, en muchos casos, esa realidad que acontece se vuelve más cercana, familiar, cierta.

En la nota Lo que ya fue y lo que hay, Gabriel Cerrutti se pregunta “¿De qué nos hablan los medios?”, y destaca que “la noticia es el acontecimiento y no el proceso, las buenas noticias no son noticias, los medios construyen una realidad de acuerdo a los sucesos disruptivos. (…) Tan fuerte es esa máquina de construcción de vidas paralelas, que muchas veces la realidad termina pareciéndosele. O, en otros casos, la vida sigue como todos los días, aunque parecemos convencidos de otra cosa” (Revista Maíz, dic. 2012).

En ese meollo entre los que luchan por imponer verdades, visiones y análisis, el factor que más requiere de los medios de comunicación, son los miembros que pertenecen a la cara visible de la política. En su libro de ensayos Guerra y Paz en el siglo XXI (2006), Eric Hobsbawm apunta que “los titulares, o mejor dicho, las irresistibles imágenes de la televisión, son el objetivo inmediato de todas las campañas políticas, porque resultan mucho más efectivas que la movilización de decenas de miles de personas. Y porque, desde luego, es mucho más fácil emitirlas que activar a la gente”.

Siempre ganar

En las imágenes del discurso de Leopoldo Galtieri, con una Plaza de Mayo colmada, se puede observar la euforia, el patrioterismo de salvataje, el chauvinismo más solemne. Las tapas de los matutinos más importantes del país comenzada la década de 1980, fueron quienes comunicaban los objetivos resguardados en la soberanía al precio que fuese de parte de una deteriorada cúpula militar al mando de un teniente general con bravuconadas etílicas.

En La tipografía de plomo —Los grandes medios gráficos en la Argentina y su política editorial durante 1976-1983— de Martín Malharro y Diana López Gijsberts, desdoblan el rol informativo durante dicho proceso. “Los grandes medios fueron los principales cómplices. Paradojalmente, mientras la Argentina estaba conceptuada como uno de los países más informados de Latinoamérica, por la cantidad de medios masivos de comunicación que poseía y la cantidad de lectores que ellos congregaban, era uno de los países más atomizados en cuanto a información verdadera se refiere”.

La campaña mediática a resguardo de las ineficiencias de los que comandaron el ejército se deslizó en breves spots con alegorías a la unión entre argentinos, un ‘a seguir’ que todo continúa desde su cauce lógico/normal, con el mensaje de “Argentinos, a vencer!”. Durante el conflicto en las islas, se emitieron a diario.

Uno de los spots arenga en off: “Vamos argentinos, vamos a vencer. El futuro sigue su camino. Argentinos a vencer”, junto a imágenes de la guerra, el despegue de un avión de la Armada Argentina, un giro en el aire de un Mirage, barcos de guerra, una mujer que dona sus aros de plata ante las cámaras, una imagen de un trigal agitado por el viento, un tractor arando la tierra, para finalizar con un primer plano a un pulgar en señal de “todo ok”. Con el mismo tono, otro emitía: “Ganemos la batalla en todos los frentes. Cuando el enemigo acecha, hay que esperar pacientes el momento de actuar para no errar el disparo. Saber esperar, es saber luchar”. En la imagen se puede ver a un león —representando al enemigo— apuntado por una mira telescópica que lo sigue hasta el final.

Dicha muestra, contexto de un episodio fatídico para el acontecer de la República, sólo se denota desde la actualidad como una manipulación víctima de las inyecciones de descreimiento, en busca de ese gol que salvara el campeonato. Cada quién que lo vivió en vivo y en directo sabrá de qué lado de ese acontecer presenció cada imagen, cada verso. En todos los casos, podemos confirmar que hoy, la redacción mediática estriba la materia que se explaya desde muchas ventanas, pero a la luz de otros ojos, los nuestros.

(de la edición Nº 18, abril 2013)

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