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Los sueños se hacen realidad

Gonzalo Erramouspe la peleo contra la obesidad y hoy disfruta de su vida corriendo por toda la provincia.

Por Tomi Gianandrea*

El mayor obstáculo no sólo en la vida, sino en el ámbito deportivo, social y cotidiano, está en nuestra cabeza. Para dar el primer paso hacia dónde queramos ir, primero hay que destrabar el cráneo, romper con los prejuicios del “qué dirán”, los miedos, tomar confianza, convencerse y lanzarse a la aventura. Fácil y lindo el juego de palabras, difícil la práctica.

Quien rompió con todos los prejuicios y miedos (luego de varias dudas e intentos) le dio un giro de 180º a su estilo de vida y hoy disfruta del camino que eligió, recorriéndolo con mayor confianza, responsabilidad y adrenalina. Es Gonzalo Erramouspe que en Enero de 2014 con 155 kilos sobre sus huesos se sometió a un by pass gástrico para mejorar su salud y estilo de vida.

Tras su rotundo éxito en la cirugía, con el afán de controlar su peso y sentir que las caminatas ya se hacían rutinarias y buscando nuevos desafíos, se topó con el atletismo que por esas causalidades de la vida lo estaba esperando a la vuelta de la esquina.

“Pensando en objetivos cortos, y al no saber cómo iba a responder mi cuerpo, comencé a trotar. Fueron agotadores los primeros pasos hasta llegar al primer kilómetro con el aire justo y las piernas que pedían un poco más. Ése día fue donde comenzó todo, donde me ganaron las ganas, donde el compromiso y la constancia empezaron a ser protagonistas”, resumió Erra sobre su feliz comienzo.

Pero para llegar a este presente de ensueño que lo tiene a Gonzalo disfrutando a cada paso que da, cada kilómetro que recorre y carrera que participa, hubo años de duda, de incertidumbre, de preguntas sin respuestas, de querer abandonarlo todo. La obesidad, cosa seria.

“Siempre supe que la obesidad le iba a poner un freno a mi vida cotidiana, pero mientras tanto, abusaba de ella, sin saber que verdaderamente es una enfermedad”, comentó. Sobre su adolescencia con 85 kilos y la preocupación del “qué dirán”, cuenta que “al principio tomé la enfermedad por ese lado, por cómo verme ante los demás en salidas, en la forma de vestir, en la forma de moverme”.

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Los contrastes en su vida fueron estigmas que lo marcaron a fuego y le formularon cientos de preguntas. ¿Cómo haciendo tratamiento, controlado por nutricionista y constante actividad física, la balanza subía y bajaba sin ningún estupor? Fue su primera reflexión al caso.

El sueño de estudiar en Capital tras finalizar el secundario, su nueva vida facultativa, amigos, comida chatarra y noche, lo hicieron desviar de su propósito y en menos de un año la balanza le marcó un sobrepeso de 125 kilos. No hizo falta más para pegar la vuelta a su Lobos natal para disfrutar de los espacios verdes y su gente. Pero el regreso no fue un ayuda a su enfermedad sino por el contrario, algo andaba mal y pese a los esfuerzos el cuerpo ya no respondía a su propósito y los 155 kilos que alcanzó le marcaron un antes y un después en su vida.

Investigó, tomó coraje, se apoyó en su familia y amigos, y decidió someterse a la operación del by pass gástrico. “Con todo alineado a mi favor, mis ganas, mi voluntad y el empuje de gente maravillosa, el recorrido llegaba a su objetivo. La fecha del cambio, el volver a nacer. El by pass gástrico es una herramienta, que como tal, se puede usar bien o mal. Está en uno recopilar todo lo aprendido en el camino y utilizarlo de la manera correcta. No es mágico”, señaló Erra con orgullo y satisfacción.

Tras la operación, el 6 de Enero de 2014, su vida comenzó a cambiar definitivamente poco a poco. “Logré comprender que la obesidad es una enfermedad y todos deberíamos tomarla como tal. Aprendí, con la ayuda de los psicólogos, a manejar la ansiedad, a crear hábitos saludables y llevarlos adelante hasta que se hagan costumbre”, puntualizó. Y así fue como tras años de lucha incansable, de sueños frustrados, de constancia y esfuerzo, Gonzalo Erramouspe encontró su bienestar y comenzó con el atletismo.

“En el camino me topé con gente que no solo se alegró de verme, si no que me estímuló, acompañó y aconsejó. Ya acumulé bastantes más kilómetros, más amistades, gané salud, bienestar. Hoy me considero un atleta”.

Desde aquel sobrepeso incalculable a éste presente en el atletismo, Erra tiene 70 kilos menos sobre sus huesos, demostrando que con empuje, confianza y determinación, los sueños se pueden alcanzar por más locos que parezcan.

*Lobense, periodista deportivo. Director del sitio www.elautografo.com.ar

(de la edición Nº 41, abril 2015)