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Maybe, esplendor de un tour satelital

Con una hora y media de show la banda de rock local estrenó Esquivando el derroche, un larga duración compacto, con historias de amigos, chicas deseadas y estribillos inolvidables. 

Fabricio, Lucho, Leandro, Miguel & Nelson, Maybe Uhu! 2013

Fabricio, Lucho, Leandro, Miguel & Nelson, Maybe Uhu! 2013.

Por Félix Mansilla

Pasada la medianoche, el público de la banda de los hermanos Luciano y Fabricio Re esperaba la presentación del tercer trabajo discográfico de una banda con años en este ruedo inesperado que es el rock lobense.

La actualidad de un 2013 que promete se cruzó con toda la puesta en escena, con esa manera independiente de surcar el under cultural de acá, sin reparos en las diferencias. En este contexto, los Maybe flotan cómodos, unidos y esparcidos con melodías que narran el andar que se distingue entre “la gran Bariloche” y lo que sigue después: el mundo materializado/capitalizado.

A cada fin de canción, el agradecimiento “a los que lo hacen posible” no decayó en más de una hora y media de show entre las paredes de un Independiente poco acostumbrado a estos sonidos raros de la juventud.

Maybe Uhu! subió al escenario montado para un show en el que sonaron temas del nuevo material, más los clásicos como El loro que silba la marcha peronista, el afiladísimo El 9 que buscan, La hermana de Nelson, el r&r Rock de Bombones y el inoxidable Budín de panc.

Una “banda” de amigos/seguidores “maybeanos” que se hicieron oír fue el marco perfecto para una noche inundada de estribillos, pogo de a ratos, trenes de fiesta entre las gentes, aplausos, pedidos, aguante. Ese acercamiento, viaja en las rutas todas; Cañuelas, José C. Paz, Tandil, con La Momia, con Karadagián, junto a la inmunidad nocturna de redoxones curadores, Speeds, cajeros automáticos, gripe porcina y aeropuertos. Maybe provoca eso que narra —y remarca— mediante canciones que explican la esencia, que se esparcen para quedar en el recuerdo.

Sobre el final, interpretaron —acompañados solo por los arpegios de Reina— una versión de lo que alguna vez susurró Elvis: I Can´t help falling in love with you.

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Escupiendo la virtud

Después del debut con Maybe Uhu! en 2007 y Viva la amistad (2010), el sucesor de El verano de mi ojota izquierda (2012) suena parejo porque se trata de un trabajo que demuestra el despliegue con el pasar de las estaciones, en las formas de dar.

Las composiciones cuentan con margen amplio en lo auditivo, tienen mucho rock (Como un pez, Redoxón, La Mancha), baladas eternas —la reversionada Dm (pista 8 de Maybe Uhu!)—, arpegios claros y andares con aires por momentos pop (La Momia y Karadagián) que se suman a ese tono mezcla de bizarro demarcado en sus letras: con guiños, lugares conocidos e historias de la ciudad de Juan Moreira que describen recorridos en un retornar entre Lobos, Capital y las playas de cualquier lugar de la Costa Atlántica.

Esquivando el derroche contiene diez tracks en los que se expresa la evolución en cuanto a la ejecución. En la grabación —a cargo de Javier Polidoro de estudios Del Mate— aparecen cánones de voces, claros y perfectos. El andar de sus canciones, hacen un recorrido que a lo largo de casi cincuenta minutos dejan ver eso que se escucha en el sonido de un cuarteto de rock punzante.

La pluma cruda de Lucho converge en pasajes que van de la mano con los arreglos de voces de Miguel Alberghini (batería), los riffs y rasgueos precisos de Leandro Reina (que se luce en Esquivando el derroche), la base rock canción de Nelson Zaniratto en el bajo (Laguna del Diamante, que cierra el disco, tiene groove), más los solos breves pero concretos de Fabricio, como en Hay algo más.

El verano de mi ojota izquierda (2012).

El verano de mi ojota izquierda (2012).

Corte y decisión

Las letras demarcan deseos, sueños de proyección, fútbol (“los dos en la cancha, saltando, alentando al Millo” en “Mi chica soñada”), noches sin fin, con gin en el Chanta, calle Florida y la cotidianeidad en las baldosas de la galería Spinosa esperando un remis en la madrugada de un domingo cualquiera. También lo profundo, el día a día, cuando busca el amor en la playa, en la disco, en la misa, en la facu, en el circo…

En medio de una marea de temas abarcados desde lo conceptual en lo sonoro, Maybe se mueve en el camino de canciones simples, pegadizas, con narraciones de video clip, con frases derivadas del amor, de los códigos callejeros, de una labor que se muestra continua en un andar de años, saltos y progresos.

El comienzo, se denota justo, preciso con Hay algo más, el deseo ensoñado de la balada que le da título al disco, desplaza vuelos de un teclado suave ejecutado por Zaniratto sumado (y dedicado) a “un trago que se hacía hace algunos años en La Porteña”, describiendo ese andar nocturno de “diversión violenta”. Sin pausa, se presentan canciones fluidas como La Momia y Karadagián, Dm (Remaked), y El Negro en Mar de Ajó (camisa y sirena, champaña y arena despierta la noche…).

La mitad de Esquivando… se desplaza más potente con La Mancha, historia que revive veranos en San Bernando, y suena la oscura Como un pez (proeza surcada en la Bristol, en Constitución, sobre la arena: “eso es vivir”).

Ultimando pasan Redoxón, pasaje que describe el cotidiano urbano con un solo de Nicolás Villola (ex La Rejunte Blues Band) en el médium con una ejecución concreta, rockera y estribillo flash: “pero yo no estoy nervioso porque de chiquito tomo Redoxón”. Laguna del Diamante es el cierre perfecto, esperado. El final de una obra realizada y puesta “al servicio de la felicidad”, desanda senderos en el tiempo aunque aún los Maybe no caigan, porque “pasó bocha de tiempo” para llegar a este presente.