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Mientras tanto… en el Salón de la Justicia

Por Francisco Quintana*

Siempre está la explicación del por qué de los poderes del superhéroe. La división es clara: los que son de origen extraterrestre y los que sufrieron algún accidente fatal que no los mató, sino que, por el contrario, les otorgó súper poderes. Y Batman, en el medio, sólo siendo un millonario traumado.

Para los de origen extraterrestre la explicación es simple: son extraterrestres. Vienen de otra galaxia y andá a refutar que la radiación de nuestro sol hace que puedan volar, o que en su planeta vuelan y es común entre sus habitantes hacerlo. Son los accidentados los que siempre me dejaron con un sentimiento de vacuidad. Si te revienta una bomba nuclear al lado, adiviná qué puede pasar. Sí, eso que estás pensando: te morís. Y te morís desintegrado. Un horror.

Pero no, Bruce Banner no se murió, es Hulk. Pero sólo es Hulk cuando se enoja. Por favor, hasta para el nivel de abstracción lógica de un pibe de nueve años eso es una boludez. Y es aquí donde se traza la segunda línea divisoria: los que tienen buenos súper poderes y los impresentables.

Superman tiene súper oído, súper fuerza, súper velocidad, visión de rayos x, visión de calor, vuela y tantos etcéteras como capacidades físicas que puedan volverse “súper”. Flash sólo tiene súper velocidad. Y Aquaman ni dignidad. Pero, sin duda, el caso más inentendible (o muy entendible: son cualquiera) es el de los Gemelos Fantásticos.

Este dúo tenía la posibilidad de transformarse en cualquier cosa mediante el contacto físico entre ellos. Enfatizo el hecho de poder transformarse en cualquier cosa, incluidos seres mitológicos, ya que aquí reside su propia debilidad.

Si bien Superman era súper todo, podía ser ocasionalmente derrotado por Lex Luthor, quien sólo era muy malo, bastante rico y medianamente inteligente. Y calvo. Pero Superman debía perder en algún momento, hasta de niño podía comprender eso. La idea de alguien poderoso e invencible no es atractiva, aunque este del lado del bien. La única debilidad del superhombre era la kryptonita, un mineral proveniente de su planeta que debilitaba sus poderes.

La debilidad de los Gemelos Fantásticos era su incapacidad al momento de tomar decisiones. Jayna, la muchacha, se transformaba siempre en un animal y Zack se transformaba en cosas relacionadas al agua. Cuando te encontrás luchando en el desierto contra seres voladores que disparan, querés transformarte en algo que te permita derrotarlos. Bueno, no.

La decisión más obvia de Jayna era “en forma de pulpo”. Y Zack en una ola. No un tsunami, el huracán Katrina o la tormenta congelante de El Día Después de Mañana. No no, una simple ola. Lo he visto transformarse en un balde de agua. No sólo una idea imbécil, sino que agua y balde son dos cosas distintas. Inentendible.

La única enseñanza parece ser que por más imbécil que seas, te va a ir bien en la vida. Y si te va mal, Superman te salva. O tu viejo, que es más o menos lo mismo.

*Lobense, estudiante de Fotografía.

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(de la edición Nº 29, marzo 2014)