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Millones de años luz es la velocidad del corazón

Por Nicolás Bernal

Las espinas de un santo vino a devorar las entrañas, buscando algo de paz, abrió las puertas del infierno. Perdiendo el viento en sus perversiones quiso aprender a hacer el mal y encontrando almas en el otoño dejó las preguntas sin respuestas.

Cruzan las luces perdidas que se pierden en amaneceres. La voz te susurra al oído y otra vez estás perdido y confundido. Con el vacío en la panza, sangrando de tantos mareos, viene el santo dispuesto a cederte su lugar. Millones de años luz es la velocidad del corazón.

Esta vez el sacrificio tiene ganas de hacerse acto y quedarán los lamentos que nunca escuchó, que perdió la alegría por creer en el futuro, las mentiras regaladas de los viejos optimistas, transformaron la pobreza en ficticia delincuencia.

Está él con cara de bueno, mirando arriba. Mendigando las migas que su miedo transformó, indefenso se mutó en la simple marioneta del todopoderoso y aprendió a comprar el olvido de la noche, los lamentos a plena luz del día.

Es algo que jamás va a terminar, si la duda universal siempre va a existir. Charles Darwin vos pasaste por acá, Victor Sueiro por dónde andarás, es el santo en la mirada de la gente que no sabe a dónde ir.

(de la edición Nº 37 Aniversario III, noviembre 2014)

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