Paul

Paul más carne

Con tres imponentes shows de regreso a la Argentina, el músico se lució con una lista de canciones de su repertorio sin vencimiento, la señal de que Paul está vivo. Por Félix Mansilla
La noche del 17 de mayo en el Único de La Plata va a ser recordada como la fecha en la que la niña Leila tocó «Get back» con Paul. Pero esa noche —esas dos horas cuarenta de show— fueron más allá de lo anecdótico, o sea, apenas la foto de la velada. La profundidad, indica que esa noche el músico hizo abrir el ojo de cada década con una sutil forma de atravesar 50 años en el ruedo: con canciones.

Entre todo eso la figura de McCartney, entero como siempre y con la picardía que dan los años, se brinda en cada instante en directo. Ese repaso en canciones van del grito primal beatle que arranca con el acorde abierto de A hard´s day night a The end que finaliza Abbey Road, donde de modo figurativo los Beatles se retiraron de una época, caminando al más allá.

Después de presenciar eso, puede entenderse un poco más toda esa atmósfera de música, estética y estilo. Sucede con muchos artistas. Y sucede con Paul. Todos atraviesan generaciones, pero sobre todo vida vivida. Es decir, su desarrollo artístico apunta a ‘un más allá’ de los discos o la música a la que dieron aire alguna vez allá a lo lejos. Es que estos personajes inoxidables vivieron por todos nosotros.

 

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Little child: Leila antes de tocar el bajo en Get back.

Paul tiene todos los tips de un tipo que siempre la hizo bien. Pasó de joven extrovertido abierto al mundo (abierto al mundo de la música, la experimentación con drogas, de la paternidad a la conciencia de la naturaleza, entre otras) a un lugar en lo más alto de la cultura contemporánea.

En ese mambo sonoro, cualquier distraído podrá pensar que después de haber sido un beatle no le deben quedar más metas o búsquedas que alcanzar, pero no. El tipo —ese con 74 en el cuerpo— no deja de ser muchas representaciones a la vez y entre todas esas cosas lo que lo destaca no son esa veintena de hits que se da el lujo de tocar cuando quiere en cualquier continente, no: lo que más lo atraviesa es haber vivido muchas vidas en una sola, pero también las de los otros: nosotros.

En una misma entereza, varias. Puente de generaciones, donde el abuelo y su nieto pueden verse atrapados por esa forma de conceptualizar el mundo. Pocos son los artistas que pueden eso representar. Por su forma de ser y aparentar, Paul camina por la senda de esas muchas vidas: la propia, la de los otros y la de los que están por venir.

Esa vida de/para los otros, en PMC se figura como experiencia, pero no la de ese peine que te da la vida cuando te quedas pelado, sino aquella que al ser tan observada y representada deja de ser una en sí misma para ser todas al mismo tiempo.

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Después de 6 años, Paul volvió a la Argentina con su One on one tour.

Existe un lado Paul de la vida, donde el mensaje viene del lado del amor, con todas las caras que puede tener el amor. En ese universo, además, se sitúan innegables espacios dentro de la música pop del siglo XXI, tiene su lugar y sus formas. Himnos intachables y búsqueda; se oye búsqueda y giros.

En la biografía de Barry Miles, se puede entender un poco su extravagancia y su impronta. Desde su formación en la escuela de arte de la época —de donde también salieron algunos ingleses fuera de serie como Clapton, Bowie, Ron Wood, Pete Townshend o Keith Richards— hasta su apreciación por todo el universo del cine, los teatros y la música moderna.

Cuando los otros beatles se acostaban a dormir con sus parejas, Paul se batía cercano a los vuelos nocturnos, un relacionista nato que fue el 50% de esa máquina de innovar que fueron The Beatles.

En el libro de memorias de Geoff Emerick (ingeniero de grabación de Revólver en adelante, puff!) también aparece retratado Paul como un tipo con las ideas claras, incluso mucho más musical que Lennon quien tenía un vuelo similar pero más conceptual y mental que terrenal. Paul bajaba todo ese ideario pleno y naciente, por eso, todo fue real.

Lo que más destaca Emerick en El sonido de los Beatles, es esa parte que envuelve su personalidad: negociador, creativo y audaz. Es así que cuando sale al escenario se pueden ver muchas cosas, sus canas, la voz de gallo o su caminata moviéndose como un don Juan, pero sólo una quizá es la que más lo deja en el lugar que ya se ganó hace más de cuarenta discos por lo menos: ser el puente de una imaginación que tiene música e historia viva hasta el resto de mañana.

(de la edición Nº 49, abril/mayo/junio 2016)