Por DMG

Primer mes en Guadalajara

Por Lucía Uncal Scotti (desde México)

De pronto toda mi identidad se definió por ser argentina. Me lo definieron los otros, pero también lo hice yo. Rotundo cambio para una persona que se define por muchas cosas. 

Que de pronto tu forma de hablar sea “cool”, lo irónico de saber que sólo tenías que hablar como siempre (rápido y con muchas puteadas) para serlo.

Que en Argentina somos todos güeros, altos y narigones (y que se sorprendan de nuestras naricitas). Indignarme un poco al darme cuenta que somos un desprendimiento del cliché italiano, y que la gente cree que hacemos montoncito con la mano para hablar. (Sentirme un poco tonta al saber que yo imito así a los italianos).

Hablar mucho de Argentina todo el tiempo, hacer el esfuerzo mental de traducir y poner en conceptos cada una de las palabras que usamos, hasta las más naturales y hasta las menos importantes. Preguntarme todo el tiempo si lo que digo se dirá de la misma manera en México. Que se me peguen palabras y muletillas y pegarles argentinismos a los mexicanos (chabón, vos).

Estar por la casa y escuchar un “no me rompás la pelotas” dicho alargado y medio raro, pero con el tono justo (y no hablemos de un la c*nch* de la lora). Que más acento mexicano en tres semanas que un argentino que vive hace trece años. Que te imiten mil veces y hagan cualquiera. Pero que nadie, nadie, te conteste “Maradona” cuando decís que sos argentina. Que se me cambie el allá y el acá, y perderme un poco para hablar.

Y a todo esto, en el interior del trío argentino ser la platense… y descubrir varias argentinas tratando de ponernos de acuerdo qué es la Argentina (y no ponernos de acuerdo, obvio). Que no güera, pero sí Lucy o Lu o amiga o “chabona” o Lucía para los más serios. Que “a sus órdenes” que “qué buscaba” que “pase amiga”, que me relaten el menú mientras camino por la calle.

Pensar que uno de los peores trabajos del mundo debe ser el de gritar en la puerta de los negocios invitando a la gente a pasar (de cualquier rubro). Que haya mucho ruido, pero mucho ruido, y mucha gente. Confirmar nuevamente que La Plata es una ciudad-pueblo.

Olores nuevos, olor a comida, olores horribles indescriptibles. Y, cuando menos lo esperás, que te envuelva el olor a azares y que te invada una felicidad inexplicable. Que cruces una calle y estés en un barrio fresa (porque chetos son los chizitos) y cruces otra y estás en un barrio humilde. Descubrir los patrones de Guadalajara. Estar a un camión (micro) de una barranca, de un lago, de un cerro o un bosque.

Tener nueva casa, que quede en el centro, en la cuadra más fea de su calle. Que por fuera de pena y por dentro, envidia. Que esté rodeada de ópticas, gráficas, librerías de usados y boliches gays. Que vibre cuando pasa un camión y que tu puerta (y ventana) sea parada de control. Encontrar en ella una familia, casi inmediatamente, pero que sabés que el primer día no les entendiste ni en pedo su mexicano norteño. Compartir los domingos, las comidas y las caguamas. Cosechar chistes internos a patadas, y darme cuenta que hace un mes que me vengo riendo muchísimo. Y ganarme el título de “la mala influencia”…

De golpe y porrazo encontrar el hogar en un flan casero con dulce de leche (y no de cajeta, eh). Y extrañar los lácteos y un poco la carne, aunque a veces es más lo que gana la argentinidad al palo que otra cosa. Que el inverno acá es mentira y el sol pega re fuerte, y que te trajiste cualquier cosa en la valija. Que la gente es buenísima, y que vas encontrando gente que vale la pena y te ayuda muchísimo (de acá, de allá y de todas partes).

Que al fin y al cabo te das cuenta que te tenés que poner las pilas de una buena vez y salir a recorrer bien la ciudad. Sí, aunque sea así de grande. Y que tenés que sacar fotos, así los demás te entienden un poco, aunque te cuelgues porque en lo que último que pensás es en sacar fotos. Y que habías pensado esta reflexión el miércoles a las 8 menos cuarto yendo al tren ligero para ir a cursar, pero que no la anotaste y ahora quedó así. Y que un mes se pasa rapidísimo.

Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 29, marzo 2014)