El sueño de los injustos berni

Retratos de la vida puerca

Una excursión por la muestra Juanito y Ramona de Antonio Berni en el Malba. Recorridos sobre paisajes urbanos, relatos interiores de dos personajes con las formas del pasado urbano en la Argentina de los años 30 hasta fines de los ‘70.

Por Félix Mansilla

La representación de un mundo imaginario desde el ojo de Antonio Berni (1905-1981) transforma en impactantes los retratos de lo que suponemos sobre cómo era la vida en la Buenos Aires de los años 30.

La muestra Juanito y Ramona se envuelve en los días de dos niños sin suerte y propone una retrospectiva sobre aquello que poco antes describió Roberto Artl en Los siete locos (1929) y que, analizados desde una revisión contextual, se dejan ver también en los anhelos desprendidos en Juanito Laguna.

Erdosain, se pregunta en el capítulo “Arriba del árbol”: “¿Qué importa que yo sea un asesino o un degradado? ¿Importa eso? No. Es secundario. Hay algo más hermoso que la vileza de todos los hombres juntos, y es la alegría (…) la alegría es lo esencial”. En los cuadros y grabados de Juanito Laguna, se manifiesta en modo sinuoso cuando el niño aparece con una media sonrisa, atravesado por la ciudad con la esperanza de remontar barriletes imposibles.

Juanito dormido (1974)

Esos deseos se desarrollan bajo nubes grises que parecen alejarse de la escena principal, junto a la pobreza aparejada por la búsqueda diaria dentro de un universo lumpen que cruza la estética enfundada por el artista argentino que también ahondó en la crítica social residiendo en Europa.

Las paredes del Malba reproducen una introducción a la muestra que finalizó el 1 de marzo: “Juanito y Ramona intenta situar a Berni en su contexto internacional, destacando la diversidad y multiplicidad de su reproducción artística, fruto de una constante búsqueda por expandir las preocupaciones centrales de los movimientos artísticos de posguerra”.

Cada una de las 150 obras —entre las que se destacan pinturas bidimensionales, grabados, ensamblajes— fueron creadas a lo largo de dos décadas, entre 1958 y 1978, en donde Berni deja en claro sus posturas ideológicas cercanas a la izquierda sobre el entorno social bajo su propio sello, ese que a mediados de la década del 30 denominó como Nuevo Realismo.

Mari Carmen Ramírez y Marcelo Pacheco, curadores de Juanito y Ramona, distinguen que la creación de Juanito “se basa en los cientos de niños que Berni encontró en las villas miseria que existían en la ciudad de Buenos Aires desde la década del 30 y que se expandieron significativamente durante los 50 y 60”. En tanto, el propio Berni define al pequeño suburbano como “un chico pobre pero no un pobre chico. No es un vencido por las circunstancias sino un ser lleno de vida y esperanza (como en Erdosain, ‘la alegría es lo esencial’), que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir”.

Una situación que remite a otro entorno lúdico se reproducen a través de las obras sobre una niña que con el tiempo atravesó los cambios del mundo como Ramona Montiel, personaje que también remite a los marginales de la gran ciudad en tiempos de empedrados a quien el camino hacia una salida con mejores promesas hizo que comenzara a rondar el mundo de la prostitución.

Su destino, paralelo lejano sobre la Belle Époque, contiene algunas de las representaciones de las mujeres —su liberación y entorno laboral— alejado de aquel imaginario sobre la mujer como sujeto hogareño, común a todo lo que hoy visitamos en las gráficas de la época como parte simbólica del progreso pergeñado bajo los ideales del desarrollismo de los años ’60. Según pasan los años, Ramona muta y se ve contenida bajo aspiraciones de lujos, rodeada por caballeros adinerados, el dedo acusador y las desidias bajo el intento de la búsqueda de “una vida mejor”, sin prejuicios.
Berni

Dentro del recorrido, se pueden apreciar, además, instalaciones que se expanden en toda la sala con una variedad de “monstruos”, que son los paisajes de ensueños de Juanito y las pesadillas de Ramona. Pasean sobre un escenario atraído por “festividades callejeras y carnavalescas latinoamericanas”, creaciones formateadas con elementos reciclados: maderas, latas, alambres, vegetales muertos, chapas abolladas y fierros oxidados.

La atmósfera del universo de Juanito, Ramona y los monstruos, rodea lo que Roland Barthes señala como lo ‘obvio’: las partes que permiten ver/imaginar aquella pobreza marginal y la lejanía hacia lo inalcanzable por aquello que parece conformarlos a medias y, a su vez, aquello que en el programa se anuncia sobre todo lo que circunda y se respira por fuera de cada cuadro (lo ‘obtuso’).

Las “influencias freudianas, de la religión católica y de cultos paganos como los de la diablada boliviana” que contiene a la obra de Berni dentro de una lógica de compromiso social y experimentación artística, punto esencial que flota en los aires de cada una de sus creaciones.

(de la edición Nº 40, marzo 2015)