revolver medio siglo

Revolver, volver y revolver

En agosto la placa Revolver cumplió un aniversario más: el número 50. A través de la palabra de Geoff Emerick, su ingeniero de grabación, recorremos el nacimiento del disco que marcó el antes y el después de la música pop contemporánea. Por Félix Mansilla

Desde su portada, Revolver impacta. El valor agregado medio siglo después se puede resignifcar desde infinitos conceptos, aunque es el sonido quien pone las cosas en su lugar.

Sin la presión de actuar en vivo (lo decidirían meses más tarde) y un tiempo después de “somos más populares de Jesucristo” en boca de Lennon, la maquinaria creativa decidió dejar a un costado toda la energía de sus shows con el objetivo de ir más allá. Ir más allá de: la escena sonora de aquel presente; de todo lo representado hasta ese momento y, con un mundo a disposición, atravesar cualquier frontera y en la forma de grabar música.

Una banda de rock con la imaginación intacta a punto de estallar. Si Rubber Soul (1965) fue el comienzo de su pasaje hacia los sonidos un poco “raros”, un año después, Revolver es la maduración dentro de las nuevas experiencias, trascendentales en sentidos abstractos pero con la profundidad del ser y la nada, el descubrimiento interior, una nueva realidad.

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Se cumplieron 50 años de Revolver (1966)

Como le sucede a Don Draper, protagonista de Mad Men, cuando su joven segunda esposa, Megan, le recomienda que escuche el tema del final del disco.

Al igual que sobre el final de la serie, la apertura hacia el más allá con «Tomorrow never knows»: “Desconecta tu mente, relájate y déjate llevar por la corriente (no es morir, no es morir)/ Abandona todo pensamiento, entrégate al vacío (es brillar, es brillar)/ Que puedas ver el significado del interior (es hablar, es hablar)/ Que el amor lo es todo y el amor es cada uno (es saber, es saber)/ (…) Pero escucha al color de tus sueños (no es vivir, no es vivir)/ O juega al juego de la existencia hasta el fin (del principio)”.

En las páginas de “El sonido de Los Beatles”, Geoff Emerick cuenta algunos de los secretos de aquellas experiencias sonoras dentro de los estudios EMI, desde 1970, Abbey Road. El primer día de grabación, Lennon llegó con novedades y excitación, anunciando a George Martin que Tomorrow… sería “totalmente diferente a todo lo que hayamos hecho antes. Sólo tiene un acorde, y tiene que ser todo como una letanía. Y quiero que mi voz suene como el Dalai Lama cantando desde la cumbre de una montaña, a kilómetros de distancia”.

Emerick, con apenas 19 años y miedo ante el desafío, logró conseguir los pedidos de John. Al escuchar el resultado más tarde, Ringo le preguntó: “¿Qué demonios has hecho con mi batería? ¡Suena fantástica!”.

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Amistad. Jagger visitó las sesiones de Revolver

Así comenzó el mágico recorrido hacia Revolver. Primero, con las grabaciones para el single: “Paperback writer” de McCartney y “Rain”, de Lennon. Lo demás vino después. Emerick enumera que “desde ese momento, a los Beatles les entró la fiebre de las cintas al revés: casi todos los overdubs que hicimos para Revolver tenían que probarse al derecho y al revés”.

El disco arranca con un rockito bien beatle como «Taxman», de Harrison. Emerick, desliza que quizá el tapado le pidió a Brian Epstein que convenza a George Martin para que se incluyan más canciones suyas. Por esos tiempos, la dupla Lennon/McCartney ya tenía demasiadas ganancias en regalías.

El punteo de la canción fue ejecutado por Paul y Martin quedó tan a gusto con esa toma que le pidió a Emerick que la empalme en el fundido final de la canción. Sigue la bella «Eleanor Rigby» con bellos arreglos de un doble cuarteto de cuerdas “penetrantes”, a pedido de PMC.

Ahí, la placa comienza a demostrar el por qué de su impacto dentro de la música de mitad de siglo. “Fueron días estresantes”, cuenta Emerick y confiesa que lo más difícil fue convencer a los músicos “clásicos” su negativa a acercar los micrófonos al momento de grabar, hasta que Martin pudo hacerles entender todo.

Luego, una joya dentro de las creaciones de Lennon como la psicodélica «I’m only sleeping», sonido que luego sería retomado por otros cracks como The Kinks en «Sunny afternoon», entre otras. Para seguir, otra de Harrison de aires hindúes con «Love you to», donde hasta los músicos quedaron impactados sobre el sonido con el que quedaron las citaras.

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Look psicodélico, otro acierto de Revolver

Los minutos vuelan y el sueño se hace real. Hermosas piezas como «Here, there and everywhere» de Paul más otra creación compuesta en piano para que la rompa Ringo, en «Yellow submarine». Desde el track 7, «She said she said» de Lennon (la última grabada en una sesión maratónica), continúa un picado de canciones bien ubicadas como para ser conceptualizadas así, una detrás de otra, siempre: «Good day sunshine», «And your bird can sing» (Lennon), «For no one” (PMC)”, «Doctor Robert» (Lennon), la expectante «I want to tell you» de Harrison y otra de Paul, como «Got to get you into my life», hasta el final con «Tomorrow never knows».

Cincuenta años después, con tanta agua de ese río sonoro, Revolver se vuelve joven de nuevo: en experiencias, en formas y representaciones. Emerick, enumera que muchos de los cambios en la forma de registrar el disco, se dio con los cuatro Beatles unidos, atentos, con la energía de “ir más allá” de todo.

En las placas anteriores escuchaban cómo quedaban las canciones una vez editadas, pero en 1966, ya consolidados, las escuchaban infinitas veces para poner cada cosa en su no-lugar. ¿Qué es Revolver sino un no-lugar?