Sin vergüenzas 1

Sin vergüenzas (sin filtro)

Por Félix Mansilla

La experiencia inesperada: una hora cuarenta para mearse de risa. Seis tipos que en el año 2000 se quedaron sin laburo, van armando seis historias de verdaderos outsiders desamparados, arrastrados por la desesperación.

Con un traslado actoral eficiente para representar esa forma tan argentina de hacer frente a todo, los seis amigos comienzan a bocetar retazos de un plan para salir a flote en medio de la crisis. La atmósfera de drama se entrelaza con humor sin filtro.

Cada uno de los actores dirigidos por Dante Mazzeo, se maneja desde diferentes planos artísticos en clave de humor satírico con aires de comedia. Así, Lucho (Oscar Briganti) se pone el equipo al hombro para tratar de convencer al resto de que no todo está del todo mal. Con un acento de provincia típico y bien trabajado (un acierto actoral afiladísimo), comienza a cranear posibles salidas: reciclar papeles de diarios, inventar parches para dejar de fumar, entre más opciones poco realizables sin un peso para invertir.

Todo tiene su peso, entonces, sus vidas se tiñen de un drama que conduce a la luz. Son hombres que se sienten fracasados; son ex esposos engañados, abandonados, pisando los márgenes. Mencho (Diego Gainza), un gordo bonachón sin trabajo aquejado por los reproches de Graciela, su esposa; Figazza (Pichi Casaux) un chofer de taxi resignado y renegado; Manguera (Juan Terán) hijo subsumido de un pastor evangélico; Alejo (Federico Petraglia), joven administrativo despedido antes de salir del closet y Lole (Juan Pablo Baretto), atravesado por un paro cardíaco que es quien termina por dar el OK a la idea: “prestar” sus cuerpos con un show de streaptease en un garage del Conurbano bonaerense.

Las cosas resultan complicadas. Entre los seis no juntan la pasta necesaria para alquilar un local donde poder desarrollar el mentado espectáculo: no tienen sillas, no consiguen un telón. Le faltan luces. Hacen difusión, tienen un paso fugaz por el calabozo, reciben piñas, todo es un ida y vuelta. Aparecen en los canales de televisión, en la radio del barrio; se embarulla el ambiente en la previa.

La puesta, al fin, es toda una conexión destacada en la escena lobense que dejó a más de 3 mil espectadores llenos carcajadas. Pasaron sendos guiños repletos de interacciones aceitadas, con diálogos realistas, descarnados. Con un abanico de escenas trascendentes —en más de una hora y media de espectáculo— el logro humorístico del elenco de Sin vergüenzas se percibe en la forma simple de resolver cuestiones que, sin el toque ocurrente, transportarían a un drama existencial espeso.

En escena, cada amigo ve la luz a lo lejos y trata de salir del túnel de los recuerdos de un pasado laboral en negro. A eso, se les suma la desesperación de saber que no hay para comprar, ni para vivir. En ese trajín de complejidades económicas, el ímpetu aguerrido de Lucho y el aguante de sus amigos, finalizan en un cierre óptimo, con una coreografía abarcada (y acompañada) desde la alegría de eso que alguna vez llega(rá). Tras nueve funciones con un Teatro Parroquial colmado cada vez, el deseo hoy se renueva en lo/as que aún no la vieron. Se esperan novedades.

Créditos

Dirección: Dante Mazzeo. Colaboraciones especiales (voces): Roxana Gnazzo, Verónica Rubano, Silen Cambareri, Haydeé Marquez, Carlos Fernández. Grabaciones y diseño de sonido: Diego Grecco. Coreografía: Verónica Hernández. Sonido y luces: Facundo Salvo y Bernardo Casagrande. Vestuario: Elsa Terán. Ambientación: El Teatrito. Asistentes de Dirección: Silen Cambareri, Roxana Gnazzo. Fotografía: Elina Suárez. Diseño gráfico: Sebastián Gallo.