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Somos argentinos

Por Tomi Gianandrea*

Para cada campeonato Mundial de fútbol, el país se revoluciona, se lo espera con demasiadas ansias y entusiasmo, pero Brasil 2014 fue especial para mí y para los de mi generación sub25 que nunca habíamos llegado al último día de una Copa del Mundo. Porque me contaron que cuándo al Diego le cortaron las piernas en USA 94 mi pregunta fue típica de un chico de 3 años: “¿Por qué no puede jugar más si es el mejor de todos?”. En Francia 98 el fútbol me empezaba a brotar por todos lados; primer grado, un Batistuta fenomenal, chau Inglaterra. ¿Ortega cabeceando a un arquero? Qué golazo nos hicieron los holandeses. Adiós a los primeros cuartos de final.

Para Corea-Japón 2002 ya me sabía todos los jugadores, equipos y países del Mundo. Bielsa me llenó los ojos de fútbol e ilusión, pero de pronto me encontré llorando de madrugada por una temprana despedida en primera ronda luego de haber ganado las Eliminatorias de punta a punta. Alemania 2006 lo viví en plena adolescencia de disfrute y sinsabores. Un equipo fenomenal desde los nombres propios y con Pekermán que había hecho historia en juveniles.

¿Por qué sacó a Riquelme? Un empate injusto sobre la hora frente a los locales y otra vez adiós en cuartos por los malditos penales. Nos comimos el chamuyo de Sudáfrica 2010, LTA para todos y paseo infernal de los alemanes para volvernos una vez más en cuartos de final. Pero Brasil fue distinto. Llegamos con la ilusión de un Messi imparable que nos regaló 9 puntos en primera ronda con 4 goles.

Pero aquella idea de los “4 fantásticos” poco a poco se fue desvaneciendo. Agüero fue el primer estrellado que cayó y con él fue mutando el sistema táctico y la ideología. El 10 argentino dio su última función en octavos frente a Suiza cuándo en el minuto 117 del alargue le dijo hacelo a Di María, que tiempo después sería el segundo estrellado.

Sin dos de los 4 fantásticos, con Higuaín a contramano y un Messi dependiente, arrancó el Mundial de Sabella en cuartos de final; le dio protagonismo a Lavezzi, Demichelis y Biglia para que ayudaran a Mascherano, que se convirtió en símbolo nacional. La defensa respondió, el equipo cambió a tiempo y se formó en el transcurso mismo del campeonato.

El seleccionado argentino supo agruparse y cerrar espacios. A Messi se lo perdió, sin compañía, muy lejos de todos y sin nadie quien le pudiera dar el primer pase limpio. Partido perfecto frente a Bélgica. Por fin apareció el Pipita. Nos metimos en semi después de 24 años. Gracias infinitas.

¿Y si vamos por la final? Vamos, dijo Masche y se puso el equipo al hombro para ahogarle el gol a Robben y decirle después a Romero “hoy te convertís en héroe”, antes que el 1 argentino desviara dos penales para acceder a la quinta final argentina en un Mundial. Mi primera final. Los detalles lo definieron. Argentino hizo un partido perfecto defensivamente. Pero tuvo 4 oportunidades para matar a los alemanes y le perdonó la vida.

Ellos, otra vez nos dieron el corazón. Campeón sale uno solo, por eso lo difícil, espectacular y maravilloso de quedarse con todos los laureles. De hecho y a excepción de aquel Brasil fantástico del 58 y 62, en fútbol ningún otro país pudo repetir consecutivamente el título Mundial, y además los dedos de las manos sobran para enumerar a los campeones en los 20 eventos mundialistas.

Por eso y pese a la angustia de no poder levantar por tercera vez la Copa me animo a sonreír y aplaudir a la Argentina por el segundo puesto. Porque se ganaron valores. Respeto, competencia, solidaridad, unión, pertenencia, dedicación y esfuerzo. Me enorgullece saber que son argentinos y que intentaron alcanzar una cima a la que no se llega venciendo a los demás, sino a uno mismo.

Luego de estar más de 30 días sometidos en la burbuja mundialista y empujar con fuerzas hacia un sueño que ya terminó, con el objetivo logrado para muchos y a 5 minutos de volver alcanzar la gloria para todos. Se bajó la ansiedad, el cuerpo siente el cansancio de 7 mudanzas pero el orgullo y la satisfacción de estar otra vez donde hacía mucho no se estaba, nos llena de fuerza y combustible para todo lo que vendrá post-Mundial.

Porque más allá de Messi, Mascherano y Sabella, la vida continúa pero ahora con la bandera Argentina mostrada al Mundo.

*Periodista Deportivo egresado de Deportea. Director de la revista #DaleLAC.

(de la edición Nº 33/34, julio agosto 2014)