Esther Goris por Hugo Ropero 2

Soy un bocón en recuperación

Carta enviada a la redacción del Semanario “Voces del Oeste”. Para dejar su opinión: Pasaje Virrey Vértiz 908. Luis “Goyo” Arriateguilaga, Pte. del Círculo Vasco de Haedo. Todólogo.Parece que está quedando atrás la época en la que el tipo se sienta en la cabecera de la mesa para impartir órdenes mientras la mujer cocina o lava. La maduración de la sociedad, la visibilización de las campañas igualitarias o reivindicatorias y la revelación de que algo siempre tenido por natural no lo es, son buenas señales. Sin embargo, imperan aún y se resisten a morir prácticas y costumbres que van desde el “Te rompo el orto” hasta la golpiza como diferentes caras de una misma moneda pasando por la subestimación y la estupidez más rancia del pensamiento lineal del hombre que cree que su auto o su camioneta de reparto es una extensión o una sucursal de su bragueta. ¿Qué carajo nos pasa? ¿En qué mierda pensamos cuándo pasa una mujer? He tomado la decisión, contra todo un lastre histórico vivido y heredado, de no hacerlo más. Soy un bocón en recuperación. Ojo, no nos pasemos de librepensadores: una miradita no está prohibida y es materia discutible el “qué linda que sos”.

Esther Goris. Por Hugo Ropero

Si bien no hay grosería ni estupidez en ese comentario, no estamos ni obligados a decirlo ni ellas dispuestas a escucharlo pero, justamente por lo sostenido en el primer párrafo, el cambio de época nos tiene que dar la chance de tomar una posición realista e inteligente sin caer en la naturalización o en el extremismo.

Se debe construir un nuevo pacto entre los géneros y será labor de la sociedad civil y de todos los poderes del Estado semejante tarea. Las mujeres son seres humanos como el hombre, aunque diferentes fisonómica y psicológicamente. Ellas, a diferencia del hombre, poseen una concepción del mundo y una estructura de pensamiento circular, a todas luces más compleja que la precaria armazón intelectual de ese ser humano que siempre se está acomodando/constatando la región testicular y que termina por interpretar su vida a través de los Mundiales de fútbol o donde un Boca-River bajo la lluvia dota de sentido hasta un año entero y donde el ascenso de Banfield puede terminar definiendo una decisión trascendental.

Esa complejidad en la mujer da cierto vértigo: como el hecho de soñar que somos buzos y nadamos en aguas oscuras, donde el fondo del mar es siempre inescrutable e incierto hasta la irrealidad. Poseen tantas cualidades y miserias como los portadores de pito. Tampoco se puede ocultar que hay, si me permiten la expresión, forras del tamaño de una ciudad de un millón de habitantes y funcionales al pensamiento naturalizador que llega al extremo de justificar la cachetada de un golpeador o las calzas de las playeras de una estación de servicio de GNC.

Las mujeres, en tanto seres humanos y más en primavera, son muy lindas. No sólo a las plantas las afecta la primavera: las mujeres se redescubren, renacen, se disponen y nos disponen a un mejor ánimo. Pero también se pone en marcha una silenciosa competencia, tan sórdida como la batería de crueles comentarios que suelen desatar unas sobre otras (generalmente ausentes) en los baños públicos. Hablando de baños de mujeres, ¿por qué semejante desorden y suciedad? Yo las prefiero morochas aunque las rubias, a primer golpe de vista, son más llamativas. Sobre ellas tengo la muy frágil teoría de que son frías.

En cambio, la morocha, aparte de llevar la piel más linda del mundo, tiene esa mirada como afilada y profunda, una seguridad y una presencia inigualable e intensa. Ni adelante ni atrás: unos y otras a la par, de la mano. La tonta fantasía de la enana con la cabeza plana o el chiste de las cuatro hornallas hablan más de una forma de pensamiento perimida derivada de la zona púbica masculina que de la mujer en cuestión.

Muchas gracias por la publicación de esta confesión, Sr. Director.

(de la edición Nº 41, abril 2015)