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Volver al futuro

Mariano Contrera repasa algunas reflexiones de las producciones que están en Calesita, su tercer libro de cuentos. Las historias, los personajes y el ideario que se remonta hacia el pasado desde una perspectiva en presente. Por Félix Mansilla

«Todo pasa tan vertiginosamente, que a veces el pasado se nos confunde con el futuro». Así reflexiona un personaje del cuento “La reencarnación del buda” al hablar de las vicisitudes de la vida y, de alguna manera, sobrelleva el concepto reunido en los cuentos de Calesita, el tercer libro de Mariano Contrera.

Esta vez —lanzado por El Oráculo Ediciones— el recorrido de cada obra está desarrollado con eso que él define como escrito “con más libertad”, al asegurar algunas de las diferencias con el proceso de producción llevado a cabo en sus anteriores libros,La idea fija” (2010) y “Media hora de felicidad” (2013).

El traspaso de las páginas reunidas en Calesita muestra un puñado de historias de corte cómico sin dejar de atravesar las máximas de personajes que cuentan en primera persona peripecias mezcladas entre la duda y el arrepentimiento, el humor con la tristeza o la delicadeza con lo horroroso.

Ese entramado da pie a toda la imaginación que Contrera propone de un tirón: descripciones certeras de escenas memorables u ocurrencias desdeñosas, hacen que su nueva producción demuestre las sendas que ‘en poco tiempo, quizá, se reúnan en una novela”, la primera del autor lobense. En Calesita todo parece remontarse al pasado. En el breve relato Guillermo Vilas, Contrera hace alusión a los recuerdos mediante el olfato.

Después de comprobar que todo se vincula a las —precisamente— aspiraciones personales, cuenta: “Posiblemente yo siempre deseé ser escritor, aún sin saberlo, o tal vez simplemente amaba tanto la lectura que el objeto libro se convirtió en atractivo para todos los sentidos, una especie de fetiche”.

A través de una veintena de cuentos, la idea de Calesita ronda el anhelo sobre aquellas cosas que llenan de pasado la forma de vivir el presente. Mariano, dice: “Yo lo tomo como una metáfora de lo que es la vida. El lado cíclico, eso de girar en torno a algo como la felicidad”. En el texto que le da título, dos amigos se proponen restaurar una vieja calesita que en el pasado la manejaba un buen tipo, don Luis. El esfuerzo, el recuerdo y la mirada hacia atrás se vuelven reales.

En esos regresos, don Luis, “tenía en sus manos ese maravilloso pasaporte a la felicidad (la sortija), que supo compartir con un sentido tan bondadoso como su mirada”. Los pasajes de Calesita no son meras construcciones anacrónicas, sino el reformulado actual sobre marcas de eso que pasó y quedó marcado a fuego. Uno de los amigos vuelve en sí mismo, a su pasado, al ver girar sus días de sol persiguiendo una sortija o jugando a ser un soldado en un Jeep de verde camuflaje.

Retrospectiva: “Lloré al recordar esa felicidad mágica de la infancia, que solo necesita una máquina giratoria para ser completa y eterna, ya que por siempre estará en nuestra memoria creciendo con el correr del tiempo”. La lectura de los cuentos de Mariano Contrera en Calesita, se transforma así en un recorrido desde un imaginario —con toques de realidad— que transcurre en una variedad de paisajes urbanos o en el medio de un campo en cualquier sitio de la Argentina.

Aparecen esquinas conocidas, personajes despistados, Pipo Mancera, Ringo Starr, un guiño del pato Donald o las frases incongruentes del destacado doctor Alcides Zamudio. Calesita es un ida y vuelta constante.

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Entrevista

¿Cómo es la experiencia de lanzar un nuevo libro, el tercero? ¿Cuál es la recepción de tus lectores?

En la presentación (en la biblioteca Albino Capponi) anduvo todo muy bien, por suerte. Muy ameno, gente conocida, música en vivo con Juan Videla. La recepción estuvo bien. La gente se acercó, me contó que se enganchó con los escritos. Toda una satisfacción: transmitís algo y se genera un feed-back. La satisfacción, en mi caso, es recibir la opinión de gente que no esperaba o no sabía que eran lectores o que compran el libro sin ser demasiado lectores de libros. Una mujer, por ejemplo, me contó que después de leer los cuentos le interesaría conocer otros autores e ir a la biblioteca a buscarlos. Son satisfacciones pequeñas, pero eso está bueno.

¿Cómo fuiste preparando todo el material?

La inspiración cae desde cualquier lado. Una situación vivida, una foto, una película o una frase que uno escucha de la que hace toda una historia o anécdotas que alguien cuenta acerca de dónde vivía y uno se va haciendo toda la película. En mi caso, necesito volcarlo a la hoja en blanco. Pueden pasar muchas cosas por la cual no lo hago, pero las ideas quedan dando vuelta en la cabeza, lo voy armando y hasta que no me siento a volcarlo me siento ansioso. Cuesta hacerse de los momentos, pero llegan solos.

¿Así te pasó con los cuentos de Calesita?

Claro, los venía cocinando en las épocas de producción de “Media hora de felicidad”, por eso ya los tenía un tanto trabajados.

¿Calesita remite, de algún modo, a eso de las vueltas de la vida?

Creo que resume un poco la idea de llevarnos al pasado, a las épocas de juventud, las añoranzas nostálgicas de las calesitas, los juegos. Yo lo tomo también como una metáfora de lo que es la vida: el lado cíclico, eso de girar en torno a algo como la felicidad. En una calesita cada uno elige lo que quiere ser. Soldado en un Jeep, un conductor de un tanque de guerra o un bombero. La vida allí se ve distinta según desde donde uno la mire. Por un lado está Mickey o Donald y todos quieren dar una vuelta más, todos quieren la sortija.

Una de las cosas que más circundan tus cuentos son ciertos lugares de Lobos.

Siempre hay sitios de la ciudad. Uno intenta, a veces, no hacerlos tan localista, pero salen así. Son inevitables.

¿Qué autores estás leyendo actualmente?

Últimamente estuve leyendo mucho a Osvaldo Soriano y lo que se dice ‘mucha literatura comercial’. Voy a la biblioteca y agarro cualquier cosa, sinceramente, quizá me faltan más clásicos. Estoy en una etapa así y en este momento no recuerdo todas las cosas que estoy leyendo. En este momento, a nivel escritura, no lo estoy haciendo demasiado y estuve a full con la presentación de Calesita, así que aprovecho mucho para leer. La idea es que si no produzco, sí debo seguir manteniendo el ejercicio de lectura, los modos de búsqueda de ideas o acercarse a algunas temáticas o construcciones literarias. El otro día leí una nota de Stephen King que decía que leía cuatro horas por día y otras cuatro escribía y que es necesario mantener la lectura y fomentar lo propio (risas).

¿En qué cosas crees que has evolucionado en cuanto a la escritura?

Creo que cuento con más libertad, en principio. Ya no pienso demasiado en cómo puede llegar a recibir la gente eso que escribo y me propongo. Entonces, creo que salen cosas más directas, más personales. Creo que Calesita tiene cosas más personales con respecto a los anteriores. Cuestiones autorreferenciales sin llegar a ser autobiográfico: recuerdos o lugares que uno toma como propios o sentimientos y uno los vuelca ahí. Por supuesto que es todo ficcional y no tienen nada que ver con uno. En Calesita las temáticas son variadas: hay cómicos, no tanto sentimentales. La idea no es aburrir con algo demasiado denso e ir mechando un poco el atractivo a las lecturas.

¿Cómo son tus momentos de producción?

Hay veces en que terminás un cuento y lo tenés que volver a hacer y empezar de vuelta. Agarro el mismo texto, lo reformulo, reescribo. Otras veces salen de un tirón y quedan así sin demasiados cambios o me llevan mucho trabajo acomodarlos. En las escenas, por ejemplo, la idea es que sean visuales, creo que somos parte de una época influenciada por el cine pero volcado en palabras, algo pensado en modo visual. El tema es poder elaborarlo en palabras.

Por último: ¿Cuál la sensación de leer tus propias producciones?

Es jodido. Igual no soy de leerme mucho. A Calesita lo leí diez veces para corregirlo, así que va a pasar un tiempo para volver a leerlo como “desde afuera”. Es inevitable. Se dice que uno lo finaliza cuando deja de retocarlo, sino uno está todo el tiempo poco satisfecho con lo que produce.

Calesita se consigue en Biblioteca Popular Albino Capponi (Rivadavia 36); Librería Estilo (Perón 178).

(de la edición Nº 44, julio/agosto 2015)