Malvinas 1

Vueltos y caídos

Por Félix Mansilla

A lo largo de casi dos horas “Malvinas, la posguerra” enumera los relatos de ex combatientes y sus familiares que despliegan tanta verdad atragantada que aquello que transmiten me dieron una sensación ambigua que me hizo acordar a ese soldado cagado de frío contestando sobre qué se sentía luchar por su país y dijo: “Se siente como una especie de orgullo y de miedo”.

El miedo que provoca pensar en los muchos días en el barro que les tocó o el orgullo de transpirar la bandera, no se puede explicar. El agua de la miseria aún hoy aplaca con malas noticias. El número de suicidios posguerra asciende los 370 casos por sobre 649 bajas.

Uno de los casos fue el del ex combatiente Hugo Bardi, quien en la memoria de su hijo Marcos nos acerca de manera puntual esa injusticia de preguntarse qué cosas serían las que lo amortajaron. Lágrimas, voces temblorosas.

El material nos acerca a los relatos que desde el presente se construyen para sobrevivir al olvido o a las formas de hacer de ese pasado en la sombra algo más: hacerlo para siempre. La importancia, entonces, sobrevuela el valor documental de los relatos. Las historias que nadie nos contó antes, como la de Horacio Alba, quien en 1982 puso un aviso en el diario para brindar ayuda gratuita a los recién llegados de la contienda.

A veces, este tipo de acciones son más nobles que cantar el himno cada 2 de abril. Quizá se necesitan muchas más manos sin tanta retórica y más acción, mucho más allá de las placas de bronce.

El documental aborda la memoria y recoge testimonios en donde los protagonistas cuentan su verdad. Es imposible no llorar un poco al escuchar y es a su vez indignante saber de anécdotas como las de que alguna vez alguien dijo que “por haber estado en Malvinas no pueden recibir (dixit) semejante pensión”.

Es mejor no quedarse con eso. El trabajo le da voz a militares que narran las negociaciones con los ingleses una vez cocinada la rendición que enumeran como más digna — “los británicos estuvieron a pocos días de rendirse” — que como se contó la historia.

La impresión más destacada de los testimonios queda con retazos de un rencor que jamás se irá, con oraciones como “se hizo lo que se pudo” o la bronca de Mario Menéndez (H) cuando afirma que al regreso “las Fuerzas nos escondieron”.

Las formas de parecerse que tienen las memorias nos acercan, pero no es lo mismo que sentirlo atrapado sin las puertas de salida. Lo que queda, entonces es ir hacia esa reivindicación. Necesitamos saber más de esos que muchas veces han callado. Con el respeto que exige hablar de quienes son la Historia, porque con lo que vivieron no alcanza.

Vivir después de la guerra parece mucho más difícil que aguantarse setenta y cuatro días de batalla, porque la siguen remando y esas palabras ya no serán calladas por más que el tiempo las atraviese. El documental se consigue en varios comercios de Lobos a $30.

Quien desee saber de los caídos, de los que volvieron y de los que hoy esperan no pueden esperar más y solicitarlo o buscarlo en la Biblioteca Popular Héroes de Malvinas en la avenida Alem.

(de la edición Nº 30, abril 2014)